La habitación

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Hacía frío en la habitación. La luna lamía las contraventanas y las sombras permanecían inquietas sobre todas las cosas. El suelo, sereno, apenas se movía bajo sus pies desnudos y casi se podía intuir el paso de las manecillas del reloj sobre la mesa. La cama permanecía expectante con las sábanas perfectamente desordenadas, impacientes. De la calle llegaba el rumor de la ciudad. Podía notar sobre su cuerpo la gélida mirada de ella, en el otro extremo de la estancia. Se acarició uno de los hombros y dejó caer el tirante del sujetador. Alguien hizo lo mismo. Podía sentir la humedad y la tibieza con algo de vergüenza. El aire entraba a golpes en sus pulmones. Con un gesto disimulado abrió un poco las piernas y acarició sus muslos suaves, infinitos. Le correspondieron entre las penumbras cómplices. Él entraría de un momento a otro en casa, las sorprendería una frente a la otra semidesnudas y simétricas. Cerró sus párpados y la sensación de ser observada agitó su vientre. Hacía frío en la habitación. Poco a poco sus manos ascendieron por sus muslos, gimió, casi pudo notar su aliento inquieto sobre la mirada de ella. Cuatro pechos, dos ombligos, un perfume. Una frente a la otra. Lentamente la ropa interior cayó al suelo y pudieron mirarse por primera vez a los ojos. Apartó la mirada. Estaban completamente desnudas, sinceras. Respiraciones que se buscan en tinieblas. Notó la primera oleada casi por sorpresa, sus dedos apenas habían jugado con sus labios. La vio agitarse frente a ella, la boca entreabierta, la lengua buscando la otra lengua. El suelo lleno de ropa cautiva, huérfana de unos cuerpos que se encuentran. Sin tocarse. Un estallido, no pudo contener los gemidos, que escaparon de su boca como copos de nieve derretidos sobre el fuego. Tembló y sus miembros resbalaron de placer. La recorrió y luego se fue poco a poco. Silencio. Escuchó los pasos de él en el pasillo, los techos altos devolviendo el eco de sus pisadas. La encontró desnuda con la ventana semiabierta, la noche se colaba a borbotones en la casa. Permaneció inmóvil observándolas, una frente a la otra. Y se acercó hacia ella y le besó uno de los hombros desnudos. Entonces apareció él en el reflejo. El espejo se curvó, testigo de sus labios. Hacía frío en la habitación.

Comentarios

  1. Profile photo of Mabel

    Mabel

    25 octubre, 2014

    Muy bueno, un abrazo y mi voto desde Andalucía

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