INTRODUCCIÓN
“Incluso las orugas podrán volar”.
Ese fué el título que recordó Noraa cuando caminaba sobre la gran estepa del recinto de sus padres. Él era un niño muy escéptico y con muchas ansias por volar. Le fascinaba la tecnología y su mayor sueño era visitar todos los puntos de la galaxia conocida. Su pasión por las naves la demostraba en todo momento. Nunca había pensado lo lejos que su civilización había llegado, hasta ese día. día en el que conoció por primera vez a los Rasgul: una especie de Cromatianos, pero sin cejas. Los Rasgul se vanagloriaban de haber sido los primeros en desarrollar la tecnología ecléctica, la misma que los puso a la cabeza de la galaxia, por lo menos durante un millar de años. La ecléctica era una tecnología muy simple: comunicarse desde un punto del universo con cualquier otro punto, de forma instantánea. Claro, la idea era simple, más no así su desarrollo, ya que los rasgules duraron siglos de pruebas, antes de encontrar con la pieza clave para su obtención.
El mito arcaico de que los rasgules “mordían”, era sólo eso, un mito. Noraa lo supo desde el primer instante en que conoció a Oilime (u Oili de cariño) , un rasgul de rasgos dantescos, de cabeza prominente y de semblante muy jovial. Le tocó como compañero de clase debido a que los padres de Oili se encontraban en el planeta de Noraa, el planeta Arreit, por cuestiones primero diplomáticas y después de gusto personal (los padres de Oili, merecen una historia aparte). Los padres de Oili eran personas importantes en su planeta de procedencia, el planeta Etram, pues poseían cargos políticos de alto rango, siendo algo así como sus embajadores. Oili los amaba mucho y sentía mucho respeto por ellos, incluso, cada vez que podía, hacía alusión a ellos mostrando el gran respeto y admiración que les tenía. Sin embargo, Oili tenía una mentalidad un tanto independiente y se veía a sí mismo como una especie de niño explorador que no necesita de nadie para entender el mundo que le rodea. Noraa por su parte era un niño muy suspicaz; alegre pero conservador e inteligente pero muy precavido. No tenía confianza en cualquier persona y no creía en todo lo que le decían a la primera. Tenía que verificar primero, si la información era correcta, para después aceptarla como válida. Era un especie de mini científico, se decía.
Noraa y Oili se encontraron por primera vez en el recreo, cuando los dos se disponía a encontrar un asiento para comer. Los dos llevaban puesto sus chalecos anti soyar que sus madres les habían comprado, ya saben, por aquello de los robos de identidad, cosa común en aquellos días. Oili fué el primero en llegar a la mesa y Noraa llegó unos segundos después sin percatarse de que Oili venía justo del otro lado, para acomodarse en el extremo opuesto del lugar que él ya había visualizado. Lo anterior no le desagradó a Oili, al contrario, él amablemente le pidió que le hiciera compañía puesto que él quería charlar con quien fuese, para que lo orientara con la localización de los lugares indispensables de dicha escuela, como son los soñab (retretes), los salua (salones), el área de acisif (ejercicios), etc. Noraa no aceptó de inmediato porque no esperaba encontrarse con Oili en ese preciso momento. Lo había visto sí, al comienzo de clases, cuando comenzaban quartz (la clase de aprendizaje del idioma oficial de los rasgules), en la que Oili se mostró, como era de esperarse, como todo un maestro -algo que a Noraa no le agradó demasiado-, pero encontrarlo en la cafetería le había resultado un hecho muy sorpresivo. Y es que, a Noraa no le desagradaba Oili, sino que, él pensaba, era muy probable que ese tal Oili fuera una persona muy “pesada”; que iba a empezar a hablarle en quartz, fanfarroneando todo el tiempo y corrigiendo a Noraa por su mala pronunciación y su mala gramática. Pero poco a poco se dió cuenta de que Oili no era como él creía. Cuado Oili accedió a a que lo acompañara Noraa notó en él una expresión muy amistosa de tal forma que no se pudo negar a la petición que le hacía. Después, Noraa se sorprendió más cuando el mismo Oili ke dijo “¿cómo te llamas, Sortar?” Sortar era la especie a la que pertenecía Noraa. “Noraa” contestó de inmediato. “Mi nombre es Oili”- aseguró Oili ” y soy del planeta Etram” continuó. “Sí, lo sé “, aclaró Noraa “te escuché en la presentación que nos dió nuestra artseam (profesora) y además, lo hiciste notar durante toda esa clase, cuando no parabas de corregirla” siguió Noraa. “Pues me agrada que lo hayas notado, yo sólo quería hacerles ver que nuestra augnel (idioma) no es complicado” aclaró este último. Y así continuaron su charla tratando diversos temas del interés de ambos. Los dos estaban fascinados por lo que se contaban entre sí, ya que lo que era novedoso para uno, era algo trivial para el otro. Además, Noraa insistió en que de este chico brotaba una chispa de empatía que lo rodeaba por completo. De la cual era imposible escaparse; como la fuerza de atracción de un agujero negro, o al menos así él lo veía. Cuestión aparte, a Oili siempre le encantaron los alumnos misteriosos e inteligentes como Noraa y fue por ello que ambos congeniaron tan bien que desde ese día, consintieron ser amigos y no volvieron a separarse ni un sólo instante.




Mabel
Me ha encantado, un abrazo y mi voto desde Andalucía