Seis días bastaron para que él pudiera darse cuenta de que esa dama, con todos sus defectos y virtudes, era una parte vital de su existencia.
Sí, él sabía perfectamente que esa mujer era la única capaz de hacerlo sentir un poco vivo. Sin embargo, el grueso velo de la costumbre hizo que él poco a poco se fuera olvidando de todas esas noches mágicas que él pasó sintiendo que el suave calor de la piel de esa preciosa mujer calentaba poco a poco sus sentidos, hasta hacerlo sentir que había llegado a tocar el punto más hermoso del paraíso utilizando únicamente la punta de sus afilados dedos.
Pero la ausencia hizo que dentro de él se fueran despertando toda clase de sensaciones que él pensaba arrumbadas en un oscuro rincón de su corazón. Y así, sin que él se diera cuenta, como un adolescente, él de pronto se encontró soñado día y noche con su amada. No había rincón de su atormentada mente que no estuviera completamente habitado por embriagadores pensamientos acerca de esa diosa que lo enloquecía con ese movimiento de caderas tan delicioso, digno de la mejor bailarina exótica. La única cosa que él deseaba en ese momento era estrechar fuerte el cuerpo de su querida esposa, para poder sentir de nuevo el suave bamboleo de un par de redondos pechos que se mueven al glorioso ritmo del amor, y así poder besar cada milímetro de esa piel tostada que a él, le recordaba al mismo cielo.




Mabel
Me ha gustado, un abrazo y mi voto desde Andalucía