Ninguno de los dos se atrevía a pensar siquiera en faltar a la cita pactada. Es más, los dos esperaban dicho día con la misma embriagadora alegría con la que los niños pequeños esperan la llegada de la navidad. En ese día tan especial, ellos podían olvidarse por un pequeño instante de todas esas sofocantes preocupaciones de la vida cotidiana, y así, sin más, sumergirse en el profundo abismo del más sublime placer.
En la intimidad de la habitación de un hotel de paso, ya no importaban cosas tan superfluas como la clase social o lo que otros pudieran pensar. Por una noche, ellos eran completamente libres para enfrentarse sin pudor en una bella batalla en el lecho. En dicho encuentro, ninguno de los dos salía derrotado, ya que ambos finalizaban llevándose tatuado sobre la piel el húmedo recuerdo de una noche mágica donde las pieles de dos personas se mezclaron en perfecta armonía con la saliva, las caricias, y sobre todo, la ardiente pasión de dos cuerpos jóvenes que ansiaban vibrar al ritmo de sus deseos. Tal vez, un buen día, alguno de los dos se aburriría de continuar dentro del discreto juego que implica el tener que vivir un amor dentro de las sombras del silencio. Pero por hoy, ellos estaban felices así, dejando que las pálidas sombras de la noche cobijaran todos esos sentimientos tan gloriosos que, a veces, la sociedad tacha de impuros.
Quizás todas esas “buenas conciencias”, con sus culpas y sus prejuicios, jamás podrían alcanzar a entender la grandeza del amor que lentamente se fue gestando entre dos seres humanos tan diferentes, ¿y qué? Lo importante era que ellos dos habían descubierto el sutil placer que se genera cuando dos espíritus se funden en un abrazo mágico que va más allá de una simple sensación física,




Mabel
Un Cuento excelente. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
El-Moli
Como mensaje me pareció genial, se nota que fue escrito por una mujer, tiene la sutileza y el buen decir.
Me ha gustado mucho.
Un abrazo y suerte. Tienes mi voto.
Jacaranda.Dorantes
¡Gracias, en verdad, a amobos!