Era mucho más que un diminuto par de bragas negras que servían para enmarcar el trasero más perfecto del mundo. En resumidas palabras, ella era toda una mujer. Ya no era la chiquilla que gozaba subiéndose un poco la falda para despertar las primeras pasiones de sus compañeros de clase, o revivir el deseo en algún viejo profesor. Sin embargo, su rostro todavía conservaba un pálido halo de inocencia, lo cual hacía que los hombres sintieran un creciente deseo al verla por allí, contoneándose en minifaldas que dejaban al descubierto sus largas piernas. Ella lo sabía, y siempre disfrutaba de su papel de inocente, hasta conseguir llevarse a la cama al hombre de su elección. Una vez que ella lograba su objetivo, ese disfraz de ángel quedaba reducido a girones, dejando al descubierto la dorada piel de un lujurioso demonio, que, sin piedad, recorría lentamente con su lengua de fuego los rincones más suaves del cuerpo de sus amantes, hasta hacerlos tocar la misma puerta del cielo.
Ella jamás tenía prisa, y si se comportaban a su altura, siempre dejaba que sus amantes de ocasión la saborearan despacio. Simplemente cerraba los ojos y se dejaba acariciar y lamer todos los rincones de su cuerpo, incluso esos que al ser rozados por unos hábiles dedos, la hacían mover sus caderas al frenético ritmo del amor. Quizás otros se habrían espantado ante un cuerpo femenino tan sensible, pero a la vez, desbordante de energía vital. Sin embargo, sus amantes siempre regresaban a ella, como niños deseosos de poder saborear de nuevo el dulce más delicioso de todos.
Enviciados con su cuerpo, le pedían simplemente unos minutos más de placer, para poder beber un poco del hechizante néctar que emanaba de esos hermosos pechos, tan suaves y generosos como un hermoso par de nubes creadas a base del más húmedo deseo.




Mabel
Muy buen Cuento, un abrazo y mi voto desde Andalucía
Jacaranda.Dorantes
Muchas gracias por leer mi relato!
Txentxo
Excelente relato, sutil, y excitante. Muy bien escrito, salvo algún despiste…Mi voto lo tienes y seré tu seguidor, que me gustaría que tu también lo fueras mio.
Jacaranda.Dorantes
¡Gracias por pasar! Ya corregí ese errorcillo