La guadaña de La Muerte tiene nombre

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Empeoraban día a día los dolores de Héctor, un hombre correcto y cuidadoso en todos los sentidos, pero con la retorcida suerte de haber sido diagnosticado con cáncer de páncreas.

La noticia tomó por sorpresa a Héctor pero, como hombre fuerte que era, no se derrumbó, más bien su alma estaba tranquila. A sus 55 años, había llevado una vida serena y placentera: una infancia tranquila, una vida académica ejemplar, trabajando lo debido y nada más, cuidando de su salud con ejercicio y dieta. ¡Lástima que la vida a veces lance muertes horribles a gente buena! En fin.

La conciencia de Héctor estaba tranquila; no le debía nada a nadie, no tenía nada de lo cual disculparse, siempre expresó sus sentimientos al debido tiempo, amó lo debido y se marchó al tiempo justo. Sin embargo, lo único que lamentaría al morir era dejar de vivir su pasión, que eran los viajes alrededor del mundo.

París, Egipto, Australia, Ecuador, Héctor había visitado tantos lugares y vivido tantas aventuras lejos de su tierra natal, Canadá, de la cual amaba sus bosques y su gente. Pero en fin, la muerte le llegaría en cualquier momento y no visitaría Marruecos o Argentina, ¡era una lástima!

Cursaba el día 32 desde su pronóstico de un mes de vida, y los dolores ya eran más que insoportables, Héctor ya sentía su vida desvanecerse. Pero con la solemnidad que lo caracterizaba, él esperaba paciente la visita del ángel negro, sentado en su patio, bebiendo cerveza hasta que llegue.

Al día 35, lo mismo, esperaba paciente y sufriendo en silencio.

¡Entonces sucedió! Héctor sintió una huesuda mano posarse en su hombro. Suave, pero inminente. Un olor a lavanda mezclado con sangre llenó el ambiente cálido de su patio, acompañado de una niebla sutil y tenebrosa, pero con cierto encanto, como el que tiene una cama fea pero con un colchón confortable.

—Tu hora ha llegado, el ángel negro te visita. ¿Quién es el aún vivo con el que tengo el placer de hablar?— dijo una voz hueca y áspera, en un tono bastante formal y cansino, como si repitiera con desgano su parlamento memorista.

—Con Héctor, señora Muerte. ¿O quizás señor? Lo siento, no quisiera ser irrespetuoso con quien me llevará al olvido— respondió Héctor, sentado a un lado de la mesita de su patio.

—Tenemos un valiente aquí— dijo La Muerte, abandonando su tono de hastío—. Eres de los que me esperan.

—No te temo, he llevado una vida sin arrepentimientos— dijo Héctor, haciendo un gesto con los hombros, como resignado, pero sonriente—, no tengo nada de qué quejarme. Bueno, excepto de no poder viajar más.

—Ni dos vidas le alcanzan a quien desea conocer el vasto mundo. Y si tu único lamento es no poder viajar, pareces estar listo para partir— dijo La Muerte, agarrando un banco para sentarse al otro lado de la mesita redonda del patio de Héctor.

—Si no hay más remedio, sí. De todas formas este dolor no es buen compañero de viajes.

La Muerte chasqueó los dedos, y entre humos y un leve sonido de explosión, apareció un libro viejo, de esos cosidos y escritos a mano. La Muerte se puso sus lentes para leer, cosa rara, porque no tiene ojos, y dijo:

—El artículo 248 del libro de ‘Leyes y otras excepciones del Hades y Subsidiarias’ establece que un hombre sin arrepentimientos severos tiene la opción de retar al Ángel negro, o sea yo, a un duelo de ajedrez, con el fin de mantenerse en este mundo hasta que una eventualidad lo elimine de la faz del planeta— dijo La Muerte bajando con su mano sus lentes de lectura, como si no lo pudiera ver a través de ellos—. ¿Aceptas, Héctor Botero, el duelo de ajedrez apostando tu vida?

—¿Ajedrez? ¿En serio esas viejas historias son ciertas? Me parece muy pasado de moda, si me lo preguntas. ¿Acaso no puede ser una partida de póquer? ¡En eso soy muy bueno! ¡Si debo apostar mi vida, que sea como lo hacen los hombres: con naipes y whiskey en la mesa!— dijo Héctor, emocionado, poseído por el sentimiento de tener su última diversión en este mundo; después de todo, luego de viajar, el póquer era su más grande pasión.

Sin embargo él sabía, por las leyendas, que La Muerte jamás había perdido una apuesta con un ser humano, por lo que se daba ya por muerto.

—Espera un minuto— dijo La Muerte mientras revisaba algo en el libro que estaba en la mesa—. Las leyes no impiden cambiar el juego para la apuesta del futuro fallecido, La Muerte debe estar versada en todo tipo de juegos y mañas, según el reglamento.

—¡Perfecto!— exclamó Héctor—. El ajedrez es demasiado complicado para mi gusto, prefiero el póquer, porque en él no sólo cuenta la habilidad, sino también una sana suerte.

Héctor, pidiendo permiso, se levantó a desempolvar un viejo cofre que estaba dentro de su casa. El cofre era un legado de su padre, un viejo tesoro familiar: los naipes del primer miembro de la familia que había emigrado a Canadá, junto con una botella de whiskey de los años 1800.
Héctor pensó que si iba a morir en una partida de póquer debía ser con reliquias, como para darle glamour a su partida.

Héctor volvió a la mesa, y sirvió una pequeña copa de whiskey para La Muerte y otra para él.

—¡Vaya, los naipes de tu antepasado! ¡Y el whiskey de tu tatarabuelo!— dijo La Muerte—. Recuerdo haberlos vencido a ambos en tres manos. Buenas personas, sus almas eran suaves y reconfortantes.

—¡A jugar!— dijo Héctor, muy emocionado de enterarse de que era casi tradición familiar el morir jugando con La Muerte.

Héctor no se había dado cuenta, porque nunca había usado los naipes que le heredaron, pero mientras barajaba, una frase se escribía sola en los naipes: “La tercera es la vencida en la familia Botero.” También, por un instante, parecía que todos los miembros varones de la familia de Héctor estuvieran viendo la partida de naipes, desde dentro de la botella de whiskey.

Héctor empezó a repartir las cartas. Pactaron, como se enteró conversando con La Muerte, tal como era tradición en la familia: 5 naipes, sin cambios, a 3 reparticiones (3 manos), el que gane dos de tres se declaraba ganador. Era la modalidad Botero, La Muerte la conocía bien.

Primera mano:

Héctor.- par de ases, de corazones.

La Muerte.- par de 3, de espadas.

Ganó Héctor.

Se barajó y se repartió de nuevo.

Segunda mano: 

Héctor.- Escalera de color de 7 a J, de corazones.

La Muerte.- Escalera de color de 7 a J, de tréboles.

La Muerte sudaba ectoplasma, jamás había perdido ante un mortal, no debía, el castigo era temible si se le otorgaba la vida a un mortal ya habiéndole llegado su hora. Hay que superar que el libro de ‘Leyes y otras excepciones del Hades y Subsidiarias’ contenía muchos parapetos formales que, en la práctica, no se podían cumplir, o que era misión de La Muerte no dejar que se cumplan. Y el de la apuesta por la vida de alguien era uno de esos casos.

Se barajó y se repartió de nuevo.

Héctor estaba disfrutando mucho de la partida, reía mientras barajaba. Bebió un trago y sintió una fuerza antigua fluyendo por su garganta. Él sentía sólo un burbujeo en su boca, sin saber que eran, en realidad, gritos de aliento de todos sus antepasados diciendo: “¡La tercera es la vencida para la familia Botero!

Y es que sólo a su antepasado, el primer Botero en Canadá, y a su tatarabuelo se les concedió la apuesta por su vida. Ambos, luego de su duelo, dejaron algo de su alma, el uno en los naipes y el otro en el whiskey.

La multitud dentro de la vieja botella esperaba la mano final.

Tercera mano:

Héctor.- Escalera real de corazones.

La Muerte.- nada.

Héctor ganaba…la botella de whiskey explotó por la algarabía de sus habitantes espirituales. Héctor se alegró, hasta que el dolor le quitó la sonrisa.

—Veo que has ganado, sí, una vida extendida de dolor y sufrimiento— dijo La Muerte, en tono de negociación forzada. No podía permitirse dejarlo vivo, pero tampoco podía matarlo, puesto que había ganado la apuesta.

—Sí, gané— respondió un desanimado Héctor.

—Te ofrezco un trato— dijo La Muerte, en un tono por demás sosprechoso—. Es la primera vez que un mortal me gana y es malo para mi reputación.

La Muerte ocultaba el hecho de que recibiría un castigo si los supervisores del Hades descubrían a un mortal de hora expirada vagando por allí, decirlo era malo para su posición negociadora.

—Adelante, escucho— dijo Héctor educado y nervioso.

Una cosa era imaginar la vida luego de la muerte y otra era negociar con ella, y no saber qué demonios te espera.

—Te ofrezco tu vida, ya que la ganaste. Pero, a cambio de que vivas donde yo te exija, te curaré del cáncer que te aqueja.

Oferta interesante. Héctor no podía negarse, el dolor era un martirio. Pero la exigencia de La Muerte tenía tono de exilio.

—¿Dónde viviré?— inquirió Héctor.

—En las montañas, en ‘La mansión de los expirados’, que en este caso eres tú solo— dijo La Muerte, ya sintiéndose casi libre de su potencial castigo—. Allí tendrás comodidades, placeres a tu antojo y, por supuesto, tu vida con salud, dada por mí.

—¡Acepto!— dijo Héctor, bastante resignado.

—¡Qué así sea!— dijo La Muerte mientras chasqueaba sus dedos y aparecía un remolino de niebla que los transportó a ambos a la susodicha mansión.

***

La promesa de La Muerte se cumplió al pie de la letra, y así pasaron los años. La mansión lo tenía todo, comida, entretenimiento, mujeres complacientes que iban ocasionalmente, libros, ¡todo lo que un hombre común pudiese desear!

La mansión lo tenía todo, excepto libertad.

Muchas personas hubieran pasado una eternidad feliz allí, pero Héctor no. Él extrañaba sus viajes y aventuras. Para él, el encierro era un tormento que, con el paso de los años, le dolía más que el cáncer que anteriormente lo aquejaba.

—Volví otra vez— dijo La Muerte, con el tono de costumbre típico de un esposo al llegar a casa luego del trabajo.

—¡Buenas noches!— dijo Héctor, educado como siempre.

Esa noche no fue como las típicas de los últimos 80 años. Héctor no preparó la sala para la función de teatro de la mansión, ni había bebidas para La Muerte al llegar. ¡No!
Esa noche Héctor esperó a La Muerte con naipes y con algo que decirle.

—¡Quiero apostar mi vida de nuevo!— dijo Héctor, desafiante, rudo y decidido, como quien pide algo de manera que no se puede rechazar.

—¡Acepto!— dijo La Muerte, honorable. Quería revancha contra el contrincante que logró vencerlo.
—Apostemos todo a una sola mano. Si gano, sigo con vida; si pierdo, moriré— dijo Héctor, poseído por un hastío incontrolable a causa de su encierro.

—¡Adelante!— dijo La Muerte, feliz de poder jugar con Héctor que había formado ya parte de su vida cotidiana.

Se barajó y se repartió.

La Muerte sacó su mano: póquer de ases.

Héctor presentó un par de 2.

La Muerte no celebró. Más bien se sentía indignada. Golpeó la mano de Héctor y vió que bajo las mangas tenía una escalera real, que era su verdadera mano. Héctor había hecho trampa en su propia contra, se dejó ganar.

—¡Yo no acepto una victoria vacía!– dijo La Muerte recalcando la palabra ‘vacía’ .

—¡Tú no me entiendes! —dijo Héctor, agachando la cabeza—. Esto no es vida para mí. Un hombre sin arrepentimientos, como yo, no goza de placeres vacíos, ¡esto es el infierno! Si no me dejas ganar, es porque no me quieres ver morir. ¿Te deleitas en mi exilio? ¿Me castigas por haber ganado mi vida?

—¡No seas estúpido, Héctor! —dijo La Muerte, en tono de tristeza—. Es sólo que hasta La Muerte necesita un amigo.

Héctor bajó toda su guardia. Sabía que le tocaba sacar su carta ganadora.

—Ahora yo te propongo algo —dijo Héctor, en un tono interesante—. ¿Sabes? Te envidio. A pesar de que viajas para segar vidas por doquier, al menos viajas eternamente. ¡Quiero reemplazarte!

—Amigo— era la primera vez que La Muerte pronunciaba esa palabra sintiéndola realmente—, sabes muy bien que no puedo hacer eso. Si descubren que te tengo vivo, el castigo será fulminante. Además, no sabes lo terrible que es sentir, día tras día, como mis manos estrangulan a mujeres, niños y ancianos. Todo porque llega la condenada hora de cada cual.

La Muerte sentía un profundo pesar, no por acabar con las vidas, porque eso no dependía de él, sino por el hecho de sentir con sus propias manos la extinción de cada vida. Eso le causaba asco más que nada. Era un cáncer también, pero en su alma.

—Entonces te propongo otra cosa —dijo Héctor, con algo de nervios.

—Dímelo, Héctor.

—Haré que no vuelvas a tocar a un futuro fallecido.

Héctor chasqueó los dedos y, pronunciando un hechizo, en quién sabe qué lengua muerta, hizo algo que sorprendió a La mismísima Muerte: ¡Héctor se convirtió en una refulgente y filosa guadaña!

—Ahora no deberás acabar las vidas con tus manos, podrás segarlas, como al trigo en el campo— dijo Héctor, esperando que su mejor amigo lo tome y lo utilice como lo que, en ese momento, ya era: una herramienta de trabajo.

—Héctor, ¿dónde aprendiste semejante nigromancia?— dijo La Muerte, sorprendido.

—Estuviste muy ocupado llevándote judíos en Alemania por esa época. Sé que los querías liberar del dolor, como lo hiciste conmigo. Pero sé que tus manos debían tocarlos, una y otra vez— dijo Héctor—. Sé también que no se te permite usar armas humanas en tu labor, así que devoré tu biblioteca y aprendí que se te permite usar un arma forjada de tu propia alma.

La Muerte tenía sus ojos desorbitados por la sorpresa, o bueno, los hubiera tenido así, si tuviese ojos. Héctor continuó:

—Al sellar una amistad conmigo y liberarme del dolor, dejaste parte de tu alma en mí. Por tanto, el arma que soy ahora es parte de ti, ¡está permitido!

—Sin duda estos 80 años no han pasado en vano, amigo— dijo La Muerte llorando realmente, como si tuviese ojos.

—Ahora llévame a tus viajes— pidió Héctor, con una sonrisa de complicidad—, detesto estar encerrado.

***

Un milagro, cuando alguien se salva de morir, es una negligencia en el mundo del Hades. Pero está permitido si La Muerte está de buen humor, cosa que nunca hubiera pasado con la solitaria y arrepentida Muerte que estrangulaba a quien le llegaba la hora.

Desde que la guadaña Héctor Botero acompaña a La Muerte, hay milagros por doquier. ¡Ah! Y desde entonces La Muerte jamás ha perdido una apuesta, ni siquiera en el póquer.


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Comentarios

  1. Imagen de perfil de DavidRubio

    DavidRubio

    13 noviembre, 2014

    Un relato fantástico en todos los sentidos. Es atrapante. Pese a que los encuentros con la Muerte son variados en la literatura creo que has sabido plantearlo con originalidad. Me gusta, sobre todo, que no hays buscado el camino fácil y te hayas currado los diálogos con sentido. Muy bien

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    Valdiv

    14 noviembre, 2014

    Un ameno y mortífero relato. Saludos compatriota.

  3. Imagen de perfil de Manoli.Vicente.Fernández

    Manoli.Vicente.Fernández

    14 noviembre, 2014

    Ahora ya sabemos porqué lleva la muerte una guadaña consigo…Tu cuento, a modo de fábula de la muerte, resulta muy ameno, Donovan y tiene la magia de las buenas leyendas. Un saludo.

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    Mabel

    14 noviembre, 2014

    Un texto muy interesante y sobretodo atrayente. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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    Akerbeltz

    17 noviembre, 2014

    Magnífico y ameno relato, me ha recordado un poco a la premisa de “El séptimo sello” de Bergman, yendo tu relato por derroteros diferentes y originales. Te doy un merecidísimo voto Donovan, un cordial saludo!

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    JAVIDIOS

    17 noviembre, 2014

    Interesante y jugoso diálogo con la muerte. Bien, bien.

    • Imagen de perfil de Donovan.Rocester

      Donovan.Rocester

      19 noviembre, 2014

      Gracias por tus palabras :)

      Me alegra que te haya gustado.

      Saludos desde Ecuador.

  7. Imagen de perfil de Heraldo

    Heraldo

    18 noviembre, 2014

    Guau! Cuanta inteligencia en este relato muy bien, muy, muy bien lo tiene todo :)

    Mi sincera enhorabuena y mi voto.

  8. loAd. M.

    18 noviembre, 2014

    Buen relato, especialmente la partida “a muerte” entre Héctor y la susodicha, llena de suspense y filosofía. Un abrazo¡

  9. Imagen de perfil de Alberto

    Alberto

    19 noviembre, 2014

    Me ha encantado. Además de ser entretenido te hace reflexionar sobre el verdadero concepto de la libertad. Saludos.

  10. Imagen de perfil de Patxi-Hinojosa

    Patxi-Hinojosa

    20 noviembre, 2014

    Siguiendo tu invitación, he leído este “inmortal” relato amigo Donovan. Y he de decirte que lo he disfrutado mucho puesto que tanto la trama como la redacción están muy bien construidas. Al final hasta se hace corto… Mi voto junto con un fuerte abrazo.

    • Imagen de perfil de Donovan.Rocester

      Donovan.Rocester

      26 noviembre, 2014

      Me alegra que te haya gustado, Patxi-Hinojosa :)

      Gracias por tus palabras.

      Saludos desde Ecuador.

  11. Imagen de perfil de Skuld

    Skuld

    22 noviembre, 2014

    Sí que se hace corto. Muy original. Un saludo y mi voto.

  12. Pedro-Buda

    23 noviembre, 2014

    Me gustó mucho el relato, te lleva tranquilo por las aguas y te deslizarte hasta esa mesa de póker, como uno más dentro de la botella. Mi voto desde Montevideo.

    • Imagen de perfil de Donovan.Rocester

      Donovan.Rocester

      26 noviembre, 2014

      Gracias por tus palabras Pedro-Buda :)

      Me alegra que te haya gustado.

      Saludos desde Ecuador.

  13. Imagen de perfil de Maqroll

    Maqroll

    11 diciembre, 2014

    Bueno, Donovan, he hecho lo que me pediste y he leído este relato. En primer lugar, te felicito por la escritura, que casi es impecable; también, por el ritmo de la narración. En cuanto al meollo del cuento, no le encuentro interés más allá del buen ejercicio de escritura. Has tomado un leve tono del realismo mágico, introduciendo con mucho tino el humor y la ironía (literariamente creo que es el mayor acierto). Se percibe tu dominio del idioma, por lo que voy a hacer algún apunte que no haría en otros casos.
    - “solo” no lleva tilde nunca, salvo en casos de ambivalencia.
    - “deber” es un verbo preposicional, por lo que se escribe “deber de”.
    - No es del todo correcto “de los años 1800”. Sí es correcto “del 1800”.
    - “Muy emocionado de enterarse…”. Lo correcto es: “Muy emocionado al enterarse…”
    - “VACÍA”: no hay ninguna regla ortográfica que apunte que escribir todas las letras de una palabra con mayúsculas otorgue cambio de sentido o significado.
    - Es correcto que escribas con mayúscula inicial “La Muerte”, pero no lo es: “…a La mismísima Muerte”.
    - En algunas ocasiones, el uso de los dos puntos (:) no es correcto, o por lo menos no es adecuado.
    Y en otro sentido, considero que el párrafo que comienza “La Muerte sudaba ectoplasma…”, resulta farragoso, es decir, inconexo y poco claro (aunque reconozco que luego se va aclarando).
    Por último, resulta incómodo (deja la sensación de que el escritor se ha esforzado poco) comenzar un párrafo con una frase tan hueca como: “Esa noche no era como las típicas de los últimos 80 años”; máxime cuando el mismo párrafo finaliza con una frase muy buena: “Esta noche Héctor esperó a La Muerte con naipes y con algo que decirle”. Por otra parte, no es recomendable incluir en un texto cifras (80), mejor la palabra que las nombra (ochenta).
    No quiero terminar sin repetir que se nota tu dominio del lenguaje y tu capacidad como narrador. Mi voto.
    Saludos.

    • Imagen de perfil de Donovan.Rocester

      Donovan.Rocester

      11 diciembre, 2014

      Muchas gracias, Maqroll :)

      Tus observaciones me ayudan muchísimo a mejorar…

      Un abrazo desde Ecuador.

    • Imagen de perfil de JAVIDIOS

      JAVIDIOS

      11 diciembre, 2014

      Me ha llegado el anterior comentario de Maqroll, que me parece de una gran honestidad intelectual. Puede ocurrir, a veces, que pasemos sin detenernos en los detalles que señala, o que no los indiquemos para no molestar al autor.
      Creo que tiene razón en todo y acierta en la manera de exponerlo.
      Afortunadamente, el autor lo acepta y agradece la aportación.
      Es todo un ejemplo de cómo actuar, por lo que felicito a los dos.

      • Imagen de perfil de Donovan.Rocester

        Donovan.Rocester

        11 diciembre, 2014

        Sin crítica constructiva, ¿cómo mejorar?

        Yo quiero ser profesional, como Maqroll … y pues acepto todas y cada una de las críticas constructivas que se me den :)

        Gracias por tus palabras, Javidios… :)

        Un abrazo desde Guayaquil.

  14. Imagen de perfil de Prendas_Delicadas

    Prendas_Delicadas

    11 diciembre, 2014

    Felicidades y requetefelicades por tu relato.
    ¿Qué decir a parte de todo lo ya escrito aquí por otras personas?
    Solo deseo animarte a que sigas escribiendo, que sigas alimentando páginas, líneas, sueños…
    los tuyos y los nuestros. Mi más sincera enhorabuena.

    Un abrazo delicado

  15. Imagen de perfil de VIMON

    VIMON

    31 diciembre, 2014

    Excelente relato, Donovan. Te felicito y te deseo lo mejor para el 2015. Un abrazo.

  16. Imagen de perfil de Rizaval

    Rizaval

    20 enero, 2015

    Fantástico relato. Me gustaron mucho los diálogos y lo ameno de la narración. Muy buen trabajo. Te invito a leer mi relato ”La decisión”.
    Saludos.

  17. Imagen de perfil de AVEs

    AVEs

    20 enero, 2015

    Alucinante y atrapante a la vez, me encantó!
    Muy interesantes las devoluciones, voy a tomar nota de ellas para aprender.
    Saludos y mi voto, por supuesto!

  18. Errante wey

    16 enero, 2016

    ¿Qué te puedo decir? La botella de licor con los antepasados adentro, la frase de familia, la partida de Poker, el detalle de los no ojos, espectacular. Felicidades.

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