¿Quién les dijo que quería crecer?

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– ¡Hey! ¡Tú!… ¿Quieres crecer?

– No, gracias.

Si me hicieran esa pregunta, yo respondería así: “No, gracias”. Lamentablemente nadie me lo preguntó. Sería genial que nos dieran a elegir si queremos ser grandes ¿no? Sin embargo, vamos cumpliendo años y crecer se vuelve inevitable.

Tasitas de té, barbies y muñecas de mi niñez no perfecta, de aquella niñez que en su entonces todo veía al revés. A ver… siendo pequeña quería ser grande y ahora que “grande” soy, pequeña deseo ser. ¡Qué ironía!

Dormir siesta hoy es algo fundamental y más aun en mi provincia, donde las siestas son “sagradas”, pero de niña detestaba dormir después de almuerzo. No lo entiendo. Entonces al no dormir, mi travesura era que mientras mi bisabuela dormía, yo cortaba trocitos de papel higiénico y los hacía un pequeño bollito y se los colocaba en sus pantuflas. Cuando se levantaba y calzaba sus pies, ella casi ni se daba cuenta. Pues así no se valía. No tenía chiste.

Jugar a la mamá y a la tía con mi hermana, un juego poco habitual que me hace pensar que éramos madres solteras porque no había “papás” ni “esposos”. Creo haber visitado a mis sobrinos todo un mes.

Detrás de una ventana con persianas, ahí se hallaban las famosas cabinas telefónicas. Era nuestra costumbre, nuestro gran juego de todos los domingos. ¡Y también había desfiles de moda!

La única responsabilidad era portarse bien y hacer las tareas. Ya todo ha cambiado y aunque odié muchas veces mi niñez, hoy les pregunto: ¿Quién les dijo que quería crecer?

 

FIN

Comentarios

  1. Mabel

    1 noviembre, 2014

    Siempre se recuerda un pasado feliz. Felicidades por este micro Rosi, un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Elisa

    1 noviembre, 2014

    Haz retratado mi niñez, Rosi, con sus siestas obligatorias y el deseo siempre de crecer. Me ha gustado mucho. Un abrazo y mi voto.

  3. Heraldo

    3 noviembre, 2014

    Que hermosa reflexión en mi caso si me preguntaron e inconsciente de mi yo si quise. A veces me hecho de menos.

  4. DavidRubio

    3 noviembre, 2014

    Lo más paradójico es que cuando tienes quince años, ansías los veinte. Cuando tienes los veinte, los treinta. Solo cuando no hay vuelta atrás, es cuando te das cuenta de lo feliz que fuiste. Bueno, el secreto está en aprovechar cada edad. Buen texto

  5. Patxi-Hinojosa

    4 noviembre, 2014

    Así es, amiga Rosii, como el tiempo demuestra su poder y tiranía: no permitiéndonos escaparnos a su control. Me ha parecido muy original tu relato. Mi voto y un fuerte abrazo.

  6. alca

    10 noviembre, 2014

    Que forma más bonita de recordar la niñez. Mi voto y un saludo afectuoso.

  7. Beto_Brom

    15 agosto, 2018

    Todos tenemos un poquito de niños, en un rincón del corazón.
    Gusté leerte, y por lo tanto va MI VOTO
    Abrazotes, amigaza

  8. Carlos Calleja

    20 septiembre, 2018

    Me ha gustado. Tienes razón… y me has recordado que a mí tampoco me gustaba dormir la siesta.
    Te pongo un corazón más.

    Un saludo,
    Carlos

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