CAPÍTULO I
Dominios burgundios de la Galia Cisalpina.
Ciudad de Augusta Praetoria Salassorum.
El suave sonido de un arpa invitaba a la brisa a colarse en la sala, refrescando el ambiente caldeado por la estación veraniega, un alivio del que también se aprovechaba Desgund, sentado cerca de la gran ventana. Llevaba rato preguntándose si seguir saboreando una copa de vino, no porque su calidad fuera cuestionable, pues había hecho un largo viaje desde tierras hispanas, en la cuenca del río Duero, y a esta cuenca se le conocía por la excelente condición de sus viñas. La verdadera razón era que el Gobernador de Augusta Praetoria, a quien llevaba aguardando bastante tiempo, se estaba retrasando, y no le agradaba la idea de que el exceso de bebida con el que entretenía su demora le terminara mareando más de la cuenta.
En cierto modo, acogió con agrado la llamada del Gobernador. Desgund administraba la seguridad de las fronteras burgundias que limitaban con las regiones germanas. La defensa se había reforzado considerablemente con su gestión, basada en una implicación máxima, una disciplina severa, y un sentido más que justo que equilibraba la balanza del trato a sus hombres y de la autoridad de la que éstos debían ser conscientes.
Sin embargo, Desgund albergaba desde hacía tiempo la idea de jubilarse. Se sentía más anciano que viejo, pero sobre todo, harto de luchar en batallas contra pueblos que unas veces eran amigos y otras mezclaban la sangre con el acero de sus espadas. Mientras tentaba sus labios con un último sorbo, se reafirmó en su deseado retiro, una vez concluidas las exigencias, de las que no sabía nada, por las que el Gobernador le había convocado a su presencia.
No necesitó beber más. Las puertas de la sala más grande y suntuosa del palacio de Augusta Praetoria comenzaron a abrirse.
El tipo que apareció era increíblemente alto y corpulento, aún siendo un rasgo característico de la estirpe burgundia, y los cabellos rubios que le llegaban casi a la cintura brillaban como si la cera de una vela derretida se hubiese esparcido encima de ellos. Llevaba los guantes colgados del cinturón del que también pendía una larga espada, y sus manos estaban enrojecidas. Desgund conocía sobradamente de su carácter violento y no le extrañaba que su impuntualidad se debiera a algún asunto con derramamiento de sangre y crueldad, en dosis más altas.
—Me complace verte, Desgund, mi leal general y amigo. Siéntate y sírveme otra copa para mí que estoy sediento, mientras me enjuago las manos de tanta porquería… ¡Mujeres!
El mismo tiempo le llevó a Desgund verter el amargo y embriagador jugo en una segunda copa bruñida en oro que al gobernador limpiarse sobre una bacinilla llena de agua, sostenida en alto por dos hermosas esclavas casi desnudas que habían aparecido de improviso por la puerta, para arrodillarse frente a su descomunal cuerpo. Luego se acomodó en un triclinium, frente a varios taburetes repletos de pan con aceite, almendras y gachas, junto a varias ánforas de vino, una predilección del gobernador más que evidente por la dieta romana.
Hizo una sonora mueca de satisfacción y vació la copa de un solo trago, derramando vino sobre la alfombra y el pantalón oscuro, para soltarla luego con un golpe fuerte y desmedido.
—Iré al grano, Desgund. Gundahario me ha encomendado la misión de reclutar tropas para acometer una situación inesperada.
Desgund asintió. Que Roma, gran imperio y vecino sureño, empezara a impacientarse ante los descarados movimientos de expansión del rey burgundio, —algo extraño tratándose de un pueblo federado—, era cuestión de tiempo. Tal vez, las advertencias que le sugerían cejar en su empeño se volvieron amenazas en toda regla, y finalmente Gundahario terminara reconociendo su desacierto, para rectificar y decantarse hacia una estrategia más defensiva, con la que prevenir un posible ataque exterior.
—Una vez formado el ejército —continuó—, será enviado a la frontera oeste. Quiero que tú te encargues personalmente del reclutamiento.
—¿Yo? ¿Al oeste? —Desgund dejó de beber, extrañado—. Las tierras galorromanas pertenecen al imperio, y hay otros generales mejor preparados para esa tarea. Además había aprovechado la visita para…
El gobernador le mandó callar firmemente con un gesto de su mano.
—Escucha con atención porque no volveré a repetirlo. Los francos sospechan que Gundahario quiere invadir esas tierras que mencionas. Aprovecharán la ocasión para sacar tajada, pues no son más que unos condenados salvajes que no entienden de alianzas pero viven del saqueo y la barbarie al ritmo de sus largas melenas rubias. El rey envió emisarios para negociar un intento de no agresión y devolvieron sus cabezas envueltas en pieles de cerdo como respuesta.
“No me mires con desconcierto, Desgund, porque no hay motivo alguno para preocuparse. Las regiones que Gundahario pretende invadir lindan con los dominios del imperio pero no deben obediencia a nadie. Aún así, el rey tiene previsto un encuentro con Aecio, magister militum del ejército imperial, no sólo para tranquilizar a Roma respecto de estas incursiones, sino también para recordarle que el reino burgundio sigue siendo un poderoso aliado. En el caso de que a los francos se les ocurra ponernos un dedo encima, se impondrá nuestra condición de federati(3) y el imperio saldrá a socorrernos”.
“Pero Gundahario vacila. No tiene claro si el grueso de nuestras fuerzas será suficiente, por esa razón es necesario el reclutamiento. Reforzará la frontera franco-burgundia y asegurará la expansión de nuestro reino. Las conquistas proporcionarán riquezas e infundirá respeto y temor. Desgund, eres el único en quien puedo confiar la orden del rey. Has demostrado valentía en el pasado, tienes una experiencia dilatada en la lucha, y los soldados te respetan. Construirás un fortín que llenarás con todos los guerreros y mercenarios que encuentres en toda la región de aquí hasta el Duria Major. Esmérate, Desgund, porque vamos a necesitar hasta el más miserable de los esclavos en el caso de que se produzca lo inevitable”.
PUBLICADO Y DISPONIBLE EN FORMATO DIGITAL





Patxi-Hinojosa
Trabajado concienzudamente, amigo Agaes, este relato nos sumerge de sopetón en el siglo V. Me está gustando, espero la continuación. Mi voto y un fuerte abrazo.
Agaes
Gracias, Patxi, disculpa no haberte podido responder antes, pero mis obligaciones no me permiten la libertad que me gustaría tener. Confío en que te siga gustando, feliz Navidad!!!!
Mabel
¡Me encanta! Muy buena historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Manoli.Vicente.Fernández
Hola Agaes. Tu texto es magnífico. Una prosa perfecta y cuidada, exquisita redacción y una forma de narrar que atrapa al lector hasta meterle de lleno en la historia. Territorio galo y romanos, no es un tema nuevo, pero tu documentación es buena y está muy bien llevado. Enhorabuena. Te sigo leyendo. Un saludo.
Agaes
Muchísimas gracias por dedicarme tu tiempo que, como poco, debe ser valiosísimo. En efecto, me he arriesgado mucho escogiendo un tema del que ya se ha hablado hasta la saciedad, por lo que espero que mi aportación se gane el disfrute de mis lectores y amigos. Muchísimas gracias de nuevo, por tu confianza, y feliz entrada de año!!!
Wolfdux
Temática y época que me apasiona. Gran relato y visto lo visto con varias continuaciones. En cuanto tenga un poco más de tiempo me pongo con el resto. Un abrazo.
Agaes
Antes que nada, decirte que me encanta verte por aquí. En efecto, se trata de una pequeña novela cuyos capítulos voy subiendo paulatinamente. Confío en que te guste, porque por mi parte yo me divierto mucho con tus relatos —sobre todo el último, “absenta”. Un fuerte abrazo!!!!!!
Iván.Aquino L.
Un trabajo muy bien realizado estimado Agaes. Me ha gustado. Te doy mi voto y seguiré revisando tus trabajos.
Yeye Balam
Genial. Hoy que he tenido el tiempo de dar una lectura, me he dado un buen gusto. A seguir con los siguientes capítulos.
Agaes
Hola, Yeye, disculpa por no haberte respondido antes, pero desearía dar abasto para corresponder vuestras impresiones. Confío en tu disfrute personal y espero no defraudarte. Nos leemos!!!!
Merlin
Bueno, tengo que decir que me ha parecido muy pero muy interesante, este es el tipo de historia que me atrae, mas allá de que la época me puede bastante. Se nota que investigaste, y tiene un muy buen armado, buena estructura. Me enganchó para seguir con los siguientes capítulos, no te dejes estar, continuala contra viento y marea. Un abrazo.
Agaes
Hola, Merlin. Aprovecho un instante de respiro para dedicarte la atención que mereces, y que de debería haber hecho mucho antes… Deseo y espero seguir contando con tus impresiones y que sigas disfrutando, al menos, la mitad de como me divertido yo escribiéndola!!! nos leemos!!!!
J.Castelán
He encontrado cierto similitud con el estilo de Dumas, el cual es de mi profundo agrado. Me ha gustado mucho, sin mencionar que esta temática es de mis favoritas. Estaré leyendo los capítulos siguientes. Saludos amigo Agaes.
Agaes
Gracias, J., por unas palabras que desde luego no me merezco, pues considero que en estos momentos estoy recorriendo un camino que, si bien nunca sabes adónde te conducirá, de seguro te encuentras con viajeros fantásticos que te motivan a continuar y te ayudan a elegir los mejores senderos… Deseo que disfrutes de este relato que he escrito con mucha pasión y cariño… nos leemos!!!!
Aka
Acabo de “encontrarte” y ha sido una grata sorpresa. Seguiré con los siguientes capítulos.
Oscar
Agaes
Gracias, Oscar, por haberme “encontrado”, espero y deseo que disfrutes de este relato de oscuridad y caos lo mismo que yo disfruté escribiéndolo, gracias por tu confianza y un fuerte abrazo!!!!!
Helkion
Un arranque excelente para poner en antecedentes a los lectores sobre el marco histórico y espacial en el que se va a situar la novela que, a juzgar por lo leído, ha de contar necesariamente con una muy buena calidad narrativa.
El único instante en que me salí un poco de la lectura fue en la frase “El rey envió emisarios para negociar un intento de no agresión”. Creo que “pacto” o “acuerdo” hubieran encajado mejor que “intento”. Por lo demás, un espléndido primer capítulo.
Enhorabuena por el trabajo, la preparación y documentación previas a la labor puramente narrativa en una novela histórica me parecen dignas de admiración y aplauso.
Agaes
Gracias por el matiz, estimado Helkion… ¿Puedes creer que llegué incluso a dudarlo? Resulta que por aquel entonces el mundo era un auténtico juego de ajedrez, pero con más piezas que las que cabían en el tablero. Por lo tanto, “sobraban”, y los pactos y los acuerdos —como muy bien me sugieres— solo existían para romperlos. En mi más que cuestionable investigación, percibí un caso particular, el del pueblo franco: no daba tiempo a sellar nada porque las dos únicas opciones que dejaban eran, o un corte de cabeza a base de hachazos, o una rotura craneal asegurada por los certeros lanzamientos de sus hondas… me imagino que semejante muestra de salvajismo debía ser bien conocida por los pueblos vecinos, y el señor gobernador de Augusta Praetoria era uno de ellos, por lo que me sugirió que Gundahario, su rey, viendo cómo las gastaba aquella gente belicosa, no debía tener muy claro cómo poner en práctica su maniático avance imperialista hacia al Oeste. Escrito de otra forma: envió emisarios para no volverlos a ver más… Por esa razón, y tras darle muchísimas vueltas, empleé el término “negociar un intento” —que en sí es algo absurdo (risas)—, en lugar de pacto, acuerdo, trato… que hubiera sido mucho más lógico y correcto.
Un abrazo, maestro, y muchísimas gracias por tus sugerencias, un fuerte abrazo!!!