Pan dejará de retozar en el musgo y alzará su sombreado culo si dejas de traerle esa cerveza al sofá, le apagas la tele y que refunfuñe las mil y una, que con voz gélidamente indiferente, comunicas tu marcha. Entonces será cuando suene la flauta. Porque entenderá que tus gritos no tienen nada de armónicos ni musicales. En ese momento el instrumento cantará súplicas, ronroneará perdones y silbará remordimientos. Será todo disculpas. Tendrás la flauta flácida en las manos. Podrás hacer con ella lo que te plazca, te la dará toda a ti, que en el fondo siempre has sido querida y apreciada, no, no, no una empleaducha a cambio del sustento y cuatro caricias malogradas.
Caricias que ahora podrías proporcionarle a esta flautita que se arremolina ante ti, dulce y poquita cosa. Mírala, ¿no ves qué indefensa?, ¿no ves lo mucho que te llorará si te marchas?
Sí, la flauta sonará. Y sonará incluso si acabas la maleta y cruzas la puerta con paso decidido. Porque cuando no estés Pan tocará el instrumento hasta que, en el meneo triste para consolarse, cante la lefa y se dé cuenta de que ese portazo, el que has pegado al negarte a ceder ante sus caprichos impertinentes y chantajes infantiles, iba en serio.
Lee más micros y poemas en mujerqueleeyescribe




Mabel
¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía