Cuando insistieron en rasguñar mi ausencia me volví cómplice del derrumbe, el bermejo fluyendo de mis raíces hasta enmudecer las vísceras del absoluto fue letal en esta quietud. Transitando la deslumbrante esencia de la tierra volví añicos mis deseos, ya no fui nadie, poco a poco esfumé mi consciencia. La vida insultaba el horror de verme nacer y entre la hierba me olvidé, queriendo ser plomo entre la lluvia.
Y mientras dulcemente rogaba a entes fantasiosos que me partieran, las gotas elucubraron un descolorido manto de evaporación.
Fui sostenido por el viento, como una red invisible, en un suelo incierto, enardeciendo mis pómulos en la cuna del destino.
En esta perspectiva del mundo la mariposa ya no es bordó, no sabe elucidar aquello que la volvió escombros y vuela en silencio anhelando susurrar algo.
Sus alas azules hacen destilar mis latidos absurdos, porque allí lejos de mi condena hay un cielo zurcado por manantiales y ángeles arcaícos.
Cuando veo a estos insectos obtener el valor de sucumbir ante la inercia recuerdo cuando fui oruga, y la sabiduría del tacto al saberme insecto fue conmovedora.
Repartidas entre luces rojizas y un tiempo mecánico, mis cabellos se tornaron runas suaves y místicas con una pulcra seda proveniente de cadáveres ajenos.
Como si las piedras abnegaran mis huesos, en este aniquilar vivo entre la infalible brecha del polvo y el querer adyacente de mi vacío. Esto, inevitablemente colapsa una espiral cósmica, enmudece los huecos que anidó esta bella primavera en mi pecho y consume la libertad del verso en el suicidio del lenguaje.
Rápido un gigante comete un delito frente a mi ruina, reparte agujas de miseria para coser el oxígeno que nos resta.
De hecho sonrío, este amor es una mota insensible, un ebrio dolor que plasma la agonía, puedo aseverar que mi identidad es una completa amorfía.
¡Pero que desolado el reflejo del estiramiento! Monstruos prevalecen entre las ventanas rotas y se engendran anzuelos ansiando una desidia inmoral bajo el ciprés.
Díganle al fantasma que no sabe comer mis pecados y vomitar mis angustias oscilantes como bombas.
Curen de esta enfermedad el caótico naufragio del pesar y la pena de la nada, que vuestras manos expulsen la carencia de mis ojos marchitos. ¿Esta flor sabe olvidarse? Acaso no, la noche incompetente la llena de una pureza infinita.
Fermenten el hijo de esta escarcha y cédanlo a hipocampos hambrientos. Que mi sed es de carnalidad brutal hacia los higos de aquellas sombras.
Que no roben el tesoro, hasta donde el sendero alumbra extiendo mi cuerpo. Vaya estela que mi poema escarlata empuja. El brillo de la mugre está por allí, aquí dentro mis palabras son archipiélagos abstractos.
Y en la tibia arena, el galopar de una inocencia compartida, el reinado del amor con su obsceno poder, pudren mi visión.
Aquí, hijo del mar y de los seres, fui fusilado y de mi sangre no hay venero cuajado, solo colapsos que nunca pude asesinar.
Tras la oscura desesperación vi unas luciérnagas bajo las nubes anémicas brotando la eterna sentencia de mi jaula.
Repiqueteando un ruido mortal.
Añorando mí encierro poético.
Le cuestiono al verso podrido:
“¿Cómo puedo ser un tallo del lirio?
Si el lirio no sabe que existo.”
¿Como puedo ser poeta si nunca fui poesía?




Mabel
Muy bueno. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Lectie
¡Gracias Mabel! Te mando un saludo.