Hypnos

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El conjuro que destilaba la escultura viviente que tenía enfrente encumbró los sentidos de Atenea; haciendo que todo su cuerpo se sacudiera por un remolino de energía gloriosa. Si bien, lo que ella sentía hacia él era algo más que lo creado por los dones sobrenaturales del semidiós del sexo, algo más de lo que sentían las sirvientas a las que tomaba cuando su irrefrenable deseo así lo disponía; ella le amaba. Pero el extraño respeto que Hypnos proyectaba hacia su hermana, impedía que esta manifestara con palabras, lo que sus ojos pronunciaban en alta voz. Por eso, aquella que se había convertido en la amante del futuro rey, solo podía acoger en su memoria aquellos momentos en que sus cuerpos se fusionaban; cuando el ensueño dilapidaba la duda y se atrevía a tentar, sin pudor ni mesura, las prodigiosas líneas de ese cuerpo, mientras él la colmaba con toda clase de placeres imposibles de soñar en otras manos.

Pero los encuentros se disipaban y él volvía a proceder como correspondía a su cargo. Después de todo, Hypnos iba a desposarse con Galatea, la primogénita, y ese hecho hendía los días de Atenea con el filo de la soledad que se aproximaba inalterable; dispuesta a arrebatarle a al hombre que idolatraba para concedérselo a otra. Ante tal hecho, Atenea solo podía acaparar cada perecedero instante de realidad junto a su hermano antes de que se convirtiera en rey; antes de que el sueño expirara a manos de la realidad, mientras oraba sucumbiendo a la incoherente esperanza de que los designios divinos no la separaran de sus caricias.

Con tales pensamientos navegando por su mente, Atenea expresó un suspiro, apenas perceptible.

El monarca se dispuso entre las piernas de su hermana. Y, sesgándose rendidamente sobre su busto nacáreo, alcanzó a deslizar sus ávidos labios por los sinuosos trazos que pincelaban los senos. Ante su boca, se descubrió una textura de satén, y en su olfato se engendró un aroma de canela, que repercutió, incólume, en su gusto, donde se fusionó el matiz afrutado del vino que Atenea había esparcido por su piel, con el toque dulcificado de la propia inhalación; formando así, una miscelánea deleitosa que navegó por su paladar, amenizando el placentero sazón mujeril que cataba con excelsitud.

-Apremias mi excitación –murmuró él, mientras introducía la forma protuberante del seno en la abertura de sus labios, colindando con su lengua el suave curso de la areola-.

Atenea sonrió y atisbó un gesto de extravío en el rostro de Hypnos, que seguía condensando la esencia de su seno diestro con total sumisión, palpando y estimulando con su mano el izquierdo, hasta que los suaves jadeos que emanaron de la boca de la princesa se propagaron por la sala, aflorando intermitentemente entre la cedida prisión que fundaban sus labios entornados.

Ella curvó su espalda hacia el monarca, buscando la presión que Hypnos ejerció cuando succionó su pezón pétreo. Y se entregó, con obediente sumisión, a la boca que desgranaba un trozo de satisfacción de cada centímetro de piel que lubricaba, extractando su sabor en el tibio hálito que irradiaba su mama, cual candente céfiro que encumbraba sus sentidos, ensalzándolos hasta límites insospechados.

Completamente concedida, entrecerró los ojos y recorrió la espalda del monarca con un pulso exaltado, reteniendo la ruda musculatura bajo sus yemas, distinguiendo, al instante, la fornida silueta de los hombros masculinos, que formaron un tenso arco bajo la concavidad de sus palmas. Ascendió, primorosamente, hasta su pelo, bordó el suave y umbrío trazo de los cabellos en el dúctil perfil de sus dedos y, enredando cada mechón en su forma, le obligó a permutar su acción, presionando la cabeza del monarca contra el busto.

Acto seguido, descendió su diestra, siguiendo la veta que concebían los pétreos abdominales y, sucediendo por el sendero de sus caderas, se internó en el linde de la tela que enlazaba la cintura masculina, hasta que alcanzó a advertir la forma de la virilidad, suave y desarrollada, de su amante. Acaparó el extenso pene y comenzó a masajearlo, exponiendo una tenue presión, apremiando la excitación en un movimiento ansioso hasta que percibió, bajo la concavidad de su palma, como el falo del príncipe se alzaba con premura, promovido por el vivaz vaivén con la que lo transitaba por completo, desde la base hasta el filo.

En ese momento, la princesa valoró como los músculos Hypnos se tensaban, hasta emular la textura de férreos cúmulos de rocas, y distinguió como el aliento abandonaba la estremecida garganta del príncipe cuando jugó con el pulgar en el extremo de su glande.

-Cuando seas rey. ¿Encontrarás consuelo en mi cuerpo? –cuestionó vanidosa, aplicando una tenue presión al miembro -.

-No hay otro cuerpo que consuele mi deseo, que calme mi sed. No importa quién sea, o cuál sea mi deber, pues seguiré siendo preso de la avidez que une, irremediablemente, mi persona a tu excelsa figura -determinó él, mirándola un exiguo segundo antes de proseguir su quehacer, acariciando, con el filo de sus dientes, el contorno del pezón-.

Demoró ahí su estancia durante un perecedero segundo, sometiéndolo a la tenue presión de sus incisivos que lo sitiaron y, tirando de él con delicadeza, lo lamió con premura para pacificar la tibia molestia que transmutaba en placer y superponía gemidos, mientras su diestra se intercalaba entre las piernas ajenas y colindaba la silueta del regado sexo femíneo. Retuvo el clítoris entre su pulgar y su índice y, acogiéndolo entre ellos muy delicadamente, tiró con mansedumbre mientras lo retorcía, con excelsa sensibilidad, bajo sus yemas, advirtiendo como se endurecía.

Atenea disipó sus pupilas en el techo. Hypnos esbozó una sonrisa al apreciar como el cuerpo de su amante se estremecía con trémulos movimientos, arqueando la espalda, apurando gemidos que marcaban tímidas oscilaciones que ensalzaban los senos, haciéndolos crepitar dentro su boca, donde los pezones irrumpían, recios, contra su lengua, y posteriormente se deslizaban entre sus dientes, eludiendo la quimérica prisión que los retenía.

Ella se sintió completamente subyugada ese hombre que se ceñía a su cuerpo, incrementando la su fogosidad ante el contacto que colmó su tacto. Era como si la forma de ese gobernante desprendiera una energía etérea, la misma canalizaba toda su piel, ensalzando sus instintos; inundando su mente con las aguas de la lujuria; encumbrando la impaciencia que regaba su sexo, manifiesta en el flujo de fundida savia que lo impregnó.

El volátil aroma del sacro rocío cáustico inundó las fosas nasales de Hypnos, que aspiró el embriagador perfume con ansia, paralizando sus movimientos por unos segundos, apartando, con intensa delicadeza, su boca del pecho, al que despidió con un benévolo mordimiento, a la par que clavaba sus ojos en los ajenos; una mirada capaz de abstraer la mente de la joven, conducirla a parajes imposibles de soñar, y ensalzar la sensación preliminar que bañaba su ente, en un juego de poder y posesión.

Hypnos descendió sus labios por el valle del vientre mujeril y, mientras sus dedos colindaban el trazo de la vagina, captó el vino que había quedado en el pozo de su ombligo. Acto seguido, prosiguió su declive, labrando una senda de húmedos besos con el acíbar de su saliva, hasta que su cabeza volvió a instaurarse en el corazón de las piernas femíneas.

La bruma del delirio alteró el semblante lascivo del monarca cuando se abrió paso con los dedos, separando los pliegues de la sexualidad. Su aliento conformó una trémula exhalación que cesó sitiada en su garganta cuando atesoró la hipnótica visión de la vulva rutilante, plenamente bañada por los deliciosos jugos que manaban desde interior de la vagina. Se sintió subyugado a ese paraíso que le abría las puertas y se rindió a la esclavitud que le ligaba a ella.

Atenea no objetó su acción cuando él deslizó su lengua, labrando sendas entre los pliegues de su intimidad, atesorando las gotas que se propagan por sus incólumes murallas. Luego, el príncipe accedió a la entrada de su vagina, allanó la lengua y tentó la su forma, sin llegar a ahondar en exceso. Ella elevó la cadera y enlazó los cabellos del monarca, apretando la cabeza contra su pubis, instándolo a continuar su exploración.

-Ahonda más, quiero sentir tu lengua en mis entrañas –indicó ella-.

-Me perderé en tu interior, pero antes deja que venere el altar de tu piel.

Atenea notó el aliento entrecortado del príncipe en el interior de su vagina, cálido como un suspiro del desierto, y todo su cuerpo tembló ante la dulce tortura que le imponía. Hypnos la miró durante un exiguo segundo, amparando el ardor que fundía la princesa al palpar sus propios pechos con la mano libre, promulgando ansiosos movimientos que los hacían fluctuar con ferviente violencia.

Haciendo acopio de su entereza, el futuro rey se inclinó, disciplinado, entre las piernas, quedando subyugado ante la fuente de su anhelo. Atenea lo acunó entre ellas, exaltada, y su cuerpo se curvó hacia la boca que prometía calmar su deseo, meciendo su salpicado sexo contra los húmedos labios que lo acogieron en su plenitud, atesorando su feminidad desde el monte de venus hasta la terminación de la vagina.

Sumiso, el monarca navegó con su lengua llana por el canal del plácido río, y coronándolo posó la boca en el clítoris endurecido. Lo lamió prestamente, con un trazo volátil, y succionó con vehemencia. El cuerpo de su amante palpitó bajo sus labios, y su tonicidad dúctil transmutó en la tensión que prolifero toda la entidad mujeril. 

El dirigente elevó, tenuemente, su mirada y percibió como los labios de la princesa se separaban, liberando un gemido primoroso que manó de su garganta convulsa.

El amante esperó, casi exánime, inhalando profundamente la hechicera esencia femenina, hasta que la agitación cesó. Entonces, navegó con su lengua por toda la línea de ese sexo que le enloquecía, apreciando su textura serosa, degustando la savia que lo lubricaba, y este sacro flujo explotó en su gusto; una agrura embriagadora que se dulcificaba sus labios, regándolos con el néctar anhelado. Este ansiado bálsamo era el único que había saciado su sed, pues no consolaba a otras mujeres de este modo. Por ello la torturó, vengándose por someterlo a tal delirio; surcando con su inquieta lengua las paredes inundadas, mientras Atenea seguía jadeando vivazmente. Y percibió como las caderas femeninas se mecían ante su boca, frotándose precipitadamente contra sus labios, encumbrándolo en la demencia.

Atenea presionó su cabeza para impedir una retirada que él no estaba dispuesto a ofrecer. Completamente prestado al placer ajeno, el príncipe colindó la silueta de su vagina y esta se contrajo fugazmente cuando la mimó con su lengua. Este hecho lo inundó de excitación, la cual, aumentó la presión en su falo, que estaba completamente alzado y rígido. Sus cargados testículos clamaron con impaciencia, acusando un fugaz pinchazo que se instaló en su escroto y se extendió por su extenso pene. Esa miscelánea de placer y dolor le hizo gemir ahogadamente, y su aliento ronco se internó, pacíficamente, en las entrañas de la joven, anegándolas con el candente deseo que proliferó por su abdomen, tensándolo.

El cuerpo de Atenea se estremeció y se arqueó, inquieto ante el dulce tormento que imponía la boca del monarca.

-Por los Dioses –juró ella-. Bebe ya…

-Se paciente –instó él, evadido por su bálsamo, catando con delirio cada, atormentándola con su juego, mientras se deshacía del lino que lindaba su cintura-.

La tela descendió sumisa por sus caderas, y Atenea expresó una mueca ávida al ver el extenso falo de Hypnos.

-Me impacienta tu tardanza. Quiero tu lengua dentro, ahora –ordenó evadida, encumbrando sus pezones entre sus propias manos, tirando de ellos nerviosamente, hasta que su forma alzada y enrojecida se deslizó sobre sus yemas, coronando sus puntas que se erigieron cuales lanzas mientras la retorcía-.

El príncipe enunció un gemido áspero ante esa visión. La saliva cruzó su garganta de forma obstruida, manifestando su anhelo de tomarla en ese mismo instante. Atenea leyó la necesidad que encriptaban sus ojos, pero lo sometió asiendo su nuca e instándolo a inclinarse de nuevo, mientras su rostro expresaba una sonrisa altruista.

El acató su orden, completamente esclavo, y eso la inundó por una sensación que la hizo sentir que era totalmente suyo. Al instante, Hypnos acaparó el sexo femenino por completo, conquistándolo con sus labios, chupándolo ansiosamente, extrayendo la ambrosía que lo impregnaba, hasta fusionar la profusa saliva que calaba su boca, con el dulce y diáfano cauce del flujo femenino, cuyo sabor amparaba una pureza insólita. Rozó con su nariz el clítoris y ella encaramó su pelo con un leve tirón, mientras era presa de otra sacudida que alzaba su cadera y la hacía contorsionarse sin mesura.

Presuroso, Hypnos volvió a situarse en entrada de su vagina, afiló la lengua y penetró apaciblemente en su forma, captando al instante la textura sedosa del dúctil canal que lo amparó en su templanza. Ella elevó la pelvis, ensortijó los cabellos brunos, sujetándolos en el interior de su puño, y oprimió la cabeza de Hypnos contra su sexo, forzándolo a continuar su exploración; obligándolo a hundirse y perderse en sus pliegues.

El heredero acató resignado la orden, entornando los ojos extáticamente y prosiguiendo su quehacer. Atenea adhirió la nuca al ébano y se ofreció completamente él, encomendando el peso de las piernas sobre los robustos hombros de su hermano. Entonces, el monarca agarró sus glúteos con ambas manos, la elevó y penetró más hondamente en su interior, hundiendo arduamente su lengua en la intimidad femínea, hasta que esta ingresó con ruda potestad, como el cálido filo de una espada, en el dulce conducto. Y acunó las entrañas de la joven al engrosarla en la matriz del insólito olimpo, conduciéndola a la locura.

Las trémulas piernas femeninas se separaron con docilidad, mientras su cadera se alzaba de forma inconsciente e indómita, demandando, anhelante, la boca que bebía, enardecida, del río su intimidad.

-Sigue…

Hypnos gimió abruptamente, completamente manso a las palabras de su amante y, diligente, aumentó la potencia de sus embates.

Su lengua se clavaba, como una lanza, entre las aterciopeladas y convulsas paredes que degustaba con primor, a la par que tentaba y frotaba el pétreo clítoris con el pulgar, asediándolo con movimientos circulares que hacían sacudir, violentamente, el cuerpo de la princesa. Notó como la vagina se ceñía espasmódicamente y como el flujo se hacía más copioso, hasta que la ambrosía femenina empapó sus labios, internándose, como una apacible cascada, por el curso de su lengua, desembocando, plácidamente, en la caída que conformaba su boca, inundándola con el femíneo licor que degustó vorazmente, con delirante goce.

Hypnos prorrogó su acto, extrayendo la resina de su hermana, bebiendo cada gota hasta saciar su sed con la rutilante secreción que terminó resbalando, fundida en saliva, por su comisura derecha, mientras apreciaba como las flexibles piernas de Atenea se tensaban y lo asediaban violentamente; sitiando sus sienes con las rodillas, forjándose contra su espalda y contrayéndose contra sus hombros.

Él se deleitó con el estremecido contoneo que apresó el cuerpo que estimulaba, el cual, se sacudía sobre diván, incapaz de mantener una postura concreta, sin poder dominar los gemidos que regaron la sala, induciendo el eco que se propagó por los muros y surco, ineludiblemente, los oídos del monarca.

Ante la inercia ajena, Hypnos tuvo que contener a su idólatra, apresando con su palma el tenso abdomen, mientras su lengua seguía surcando hondamente la vagina, arrebatando la racionalidad de Atenea con su frenético ritmo; conduciéndola al edén que solo esa boca dominaba, hasta que la transportó al borde del éxtasis. Entonces, Atenea advirtió el perfil de esas manos vastas, fuertes y suaves, acariciando su cadera.

El príncipe apartó levemente la cabeza y atisbó la enajenación en el gesto de la fémina cuando palpó, con una mezcla de delicadeza y experiencia, la intimidad regada. Atendió a acariciarla durante unos segundos, antes de ahondar en la vagina, explorándola profundamente con dos dedos, que movió en el tibio interior, sesgándolos mientras los introducía y los sacaba. Notó, bajo sus yemas, la textura lubricada y serosa que lo acogió en su hedonismo, distendiéndose dúctilmente a sus movimientos.

Al apreciar el canal completamente bañado, Hypnos introdujo un tercero, que se deslizó sin oposición, y la masturbó con premura, mientras retiraba el trazo de rocío que regaba los labios internos con un leve movimiento de su lengua, que luego volvió a dejar a merced del clítoris, el cual, sedujo con hábiles movimientos. Este acto arrancó jadeos de los temblorosos labios de la extasiada princesa, que parecía que fuera a desfallecer, presa del total descontrol; su vagina se estremecía, su cuerpo convulsionaba, su abdomen perfilaba una tensa línea, sus pechos se batían al compás de su respiración entrecortada, mientras su cuello se arqueaba contra el diván y sus pupilas se perdían en la estructura del techo.

El príncipe elevó los ojos para observarla, totalmente entregado, y percibió como la marea femenina se intercalaba entre sus dedos copiosamente, pues ella estaba plenariamente empapada. Invadió hondamente la vagina con los dedos, apostó la palma contra el clítoris, aplicando presión, y sesgó su trayectoria, designando estremecidos movimientos. Al instante, sintió como el cuerpo de su amante convulsaba raudamente, alcanzando la cumbre de su placer, mientras sus regios dedos se incrustaban en el cálido interior, profanando su textura y su forma con imbatibles embates que pretendían explorar los más profundos parajes de ese edén, hasta que la vagina constriñó metódicamente contra ellos y, sumiso, acaparó con su boca desnuda el apacible regadío que satisfizo su apetencia, colmando sus labios. Y escuchó como su idólatra gemía arduamente, retando su vagina contra los dedos, mientras se sumergía en las marismas de la enajenación que proliferó por su cuerpo, contorsionándolo sin mesura.

En ese momento, Atenea sintió que ese ser, creado con la materia de los Dioses, era totalmente suyo, y que lo sería por siempre…

Ahora, desde el balcón de su habitación, observaba pasear a la pareja real, con el único consuelo de sus recuerdos y una yerma promesa acompañándola en su soledad.

Comentarios

  1. Amelie

    15 diciembre, 2014

    Hola! Este también me ha gustado. Aunque me he liado un poco con el dialogo «introducido» en medio de la narración… Es igual, esta bonito. Te voto. Saludos!

  2. Kate

    15 diciembre, 2014

    Precioso. Ya tienes otro voto. ¡Existos!

  3. Espana

    15 diciembre, 2014

    La narración está perfecta, en el sentido de la descripción, el cuidado al detalle… Pero la extructura externa del texto es inexistente, es decir, que «no hay punto y aparte», espacio entre los dialogos… esas cosas. Supongo que es un «copia y pega» de un procesador de textos, tipo word o algo así… cosas que pasan, en realidad.
    Aun así, me ha gustado.
    Un cordial saludo.

  4. acrossthemirror

    15 diciembre, 2014

    Precioso relato. Cargado de sensualidad y de sexualidad, pero sin caer en lo obsceno.

  5. Mabel

    15 diciembre, 2014

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  6. Cyrano de bergerac

    16 diciembre, 2014

    Hola Ns el texto esta muy bien, pero escrito de esta manera
    se hace muy difícil leerlo y es una pena, porque mejor
    estructurado seria un magnifico trabajo.
    De todas formas te votare.
    Un saludo cordial y mi voto.

  7. elcondegotico

    16 diciembre, 2014

    La esencia que has querido darle al relato está genial. Pero se me ha hecho muy pesado leerlo así, todo de seguido.
    Espero que solo se trate de un error al subirlo, asi que, ¡más cuidado la próxima vez! (te lo digo a modo de consejo)
    Un saludo.

  8. Nazareth Serrano

    16 diciembre, 2014

    Gracias por vuestros votos/comentarios. Perdonar el error en el formato. Originalmente, el texto tenía una extructura normal, pero al subirlo, supongo que no me di cuenta de que se había quedado así.
    Gracias de nuevo a tod@s.
    Saludos, ¡nos leemos!

  9. MAJEMACA

    16 diciembre, 2014

    Extraordinario relato, aunque como el resto de compañeros, te digo que me ha sido dificultosa la lectura en ese formato. Si no llega a engancharme, no lo habría terminado. Un saludo

  10. XABI

    16 diciembre, 2014

    Lástima el formato… Pero me ha gustado, así que mis felicitaciones y mi voto, Ns.

  11. Karol

    16 diciembre, 2014

    Excelente relato, Ns. Allá va mi voto. Un abrazo.

  12. guadiana

    16 diciembre, 2014

    Comparto opinión con el resto pero cierto que me ha gustado. Mi voto. Un saludo

  13. Lilith Subcubos

    17 diciembre, 2014

    Excelente relato, abundante en erotismo y sensualidad, sin caer en la cruda pornografía.
    Mi voto para este trabajo.

  14. Michael Arjona

    17 diciembre, 2014

    Me gusto mucho. La narración estuvo muy buena. Erotismo y sexualidad muy visual, a pesar de no caer en la vulgaridad a la hora de describir la escena. Te dejo mi voto.

  15. Txentxo

    17 diciembre, 2014

    Nazareth Serrano, ¿necesita hacer trampas para ganar?. Es tan buena que no lo necesita. Pero ¿Es por su egoísmo de ganar a toda costa? Por mi puedas quedar primera o mas arriba que los demás despreciando a los que de verdad leemos y si nos gusta votamos. Pero buscar los votos en tus amistades de tu blog no es lo más licito. Como te he dicho eres muy buena Pero allá tu.

    • Emily Von Drachenberg

      17 diciembre, 2014

      Hola Txentxo.
      Solo quería indicarte que yo no desprecio los escritos y los votos de los usuarios, es más, he votado a otros participantes de este concurso (que por cierto, tienen los mismos votos que yo, o incluso más) y he compartido en mis redes sociales sus enlaces, porque realmente me gustan sus realtos, cuentos…
      No he pretendido «despreciar» el trabajo de nadie, puesto que sería despreciar mi propio trabajo como escritora.
      Por otro lado, mi actividad en el «blog» no me ha ayudado a conseguir más votos, puesto que las personas que me han votado, te aseguro, que no eran «amigos», ni personas que conozca. Además, no creo que «haga trampas» al pedir a los lectores (a través de mi blog) que hechen un vistazo al relato y, si les gusta, solo si les gusta, me voten. Por ejemplo, he visto, en este mismo blog, como los usuarios dejan links a sus trabajos. Y, en otras webs donde subo escritos, encuentro a muchos usuarios que usan las redes sociales y sus blogs para dar a conocer sus obras y conseguir nuevos «votos», «puntos», «comentarios»… lo que sea. Es más, en todas las entradas hay «botones» para compartir en las redes sociales.
      Por ultimo, he leido las bases del concurso, y en ellas se indica que no importa cuantos votos se tengan, puesto que la editorial es la única que elige a sus ganadores y finalistas. No hay «trampas» ni forma de «ganar», al margen de la opinión de la editorial.
      Digo todo esto, porque quiero dejar claro que, repito, no desprecio el trabajo de ningun autor. Ni tampoco la opinión de los lectores.
      Un saludo.

      • Gerardo

        19 diciembre, 2014

        Tienes que tener cuidado con las faltas de ortografía. Echar un vistazo no se escribe con h. Y el texto sigue estando muy descuidado.

        • Emily Von Drachenberg

          19 diciembre, 2014

          Gracias GERARDO por el consejo. Intentaré revisarlo para que quede un poco mejor. Un saludo y gracias de nuevo 🙂

  16. Emily Von Drachenberg

    17 diciembre, 2014

    Gracias a tod@s los que me habeís dado vuestro apoyo a través de vuestros votos y comentarios. Y perdonar el error que tuve en el formato, creo que ya he podido subsanarlo.
    Mucha suerte a tod@s. ¡Nos leemos!

  17. Rodrigo Valera

    18 diciembre, 2014

    es un relato muy bueno, pero te falla muco el estilo, por lo tanto, no tienes mi voto, Dificultas mucho la lectyra.

    • Emily Von Drachenberg

      18 diciembre, 2014

      Hola HADES-KALOKAGATHOS

      Siento que no te haya gustado. Tendre muy en cuenta tu opinión para mejorar mi forma de escribir. Gracias por dejar aquí tu comentario y ayudarme a mejorar.

      Un saludo

  18. Luisafe

    18 diciembre, 2014

    Escritura excesivamente densa. Te sobran líneas y te faltan tildes. Pero yo creo que este cuento ya lo había leído antes en este mismo sitio con otro título y otro autor. Lo presentas, lo retiras, lo vuelves a presentar…. ¡Qué raro es todo esto!

    • Emily Von Drachenberg

      18 diciembre, 2014

      Hola Luisate

      Gracias por darme tu opinión acerca del relato. La consideró mucho para poder hacer un mejor trabajo la próxima vez. Y en cuanto al autor, es verdad que he cambiado mi apodo. Perdona si te he «liado» por eso.

      Un saludo.

  19. Lorena Rioseco Palacios

    19 diciembre, 2014

    Excelente cierre, felicitaciones !!

    ¨Ahora, desde el balcón de su habitación, observaba pasear a la pareja real, con el único consuelo de sus recuerdos y una yerma promesa, acompañándola en su soledad.¨

  20. Mika

    19 diciembre, 2014

    Wow! Que bello relato. Felicidades, me hiciste sentir lo que expresa tu personaje.

  21. ManuRamirez

    20 diciembre, 2014

    Estupendo relato. Detallista, visual, explícito. Con un final perfectamente condensando. Te dejo mi voto. Saludos

  22. Zafira Roma

    21 diciembre, 2014

    Excitante cuento, cargado de sensualidad y erotismo en estado puro. Mis felicitaciones.

  23. Mormo

    21 diciembre, 2014

    Muy buen relato, detallado, con una historia bien definida, y una dosis clara de erotismo.

  24. Peter Maxwell

    22 diciembre, 2014

    Enhorabuena por tu trabajo. Has creado un relato cuidado, pulcro y con una atención impecable a los detalles de la escena erótica. Y el final me ha encantado.

  25. Eric Ramirez

    23 diciembre, 2014

    ¡Espléndido relato!. Me ha encantado. Mi voto y un cordial saludo

  26. MIguel Fuentes

    24 diciembre, 2014

    Fantástico micro erótico. Has sabido introducir la historia, enganchar al lector, ofrecerle una escena de erotismo en estado puro y cerrar con un final muy bien definido en una sola línea. Felicidades.

  27. Ramon Ecomba

    24 diciembre, 2014

    Maravilloso trabajo. Me ha gustado mucho. Te entrego mi voto. Felices fiestas a tod@s

  28. Komo mai

    25 diciembre, 2014

    Realmente excitante. Enhorabuena por tu trabajo. Saludos

  29. Emily Von Drachenberg

    1 enero, 2015

    Muchas gracias a tod@s por vuestros votos y comentarios. ¡Os deseo un feliz año 1015 y mucha suerte!
    Un saludo 🙂

  30. Iván.Aquino L.

    8 enero, 2015

    Sigue por ese camino y no bajes la guardia que las criticas a veces son muy duras y devoradoras, tu texto esta muy bueno, que sin duda es uno de los mejores. Mucha suerte con el concurso. Y te envio un gran saludo y una abrazo. Muchas felicidades. Mi voto.

  31. Nazareth Serrano

    7 febrero, 2015

    Muchas gracias Ivan Aquino. Tus palabras me motivan mucho a continuar. Que tengas un maravilloso día

  32. Walter Alan

    25 agosto, 2016

    Buen trabajo, la verdad es bastante bueno. Apoyos y mi voto
    Un saludo FUERTE!

  33. Fiz Portugal

    20 abril, 2017

    Los sentimientos están bien descritos y la actitudes muy bien reflejadas. Me gusta, saludos cordiales.

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