Los caminos del destino

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TÍTULO: El tiempo entre costuras.

AUTORA: María Dueñas.

AÑO: 2009.

EDITORIAL: Círculo de Lectores.

PÁGINAS: 306.

 

De bastante poco nos sirve imaginar o desear nuestro futuro. Raro es aquel que logra lo que un día quiso, tal y como lo quiso. Y no se trata -nada más lejos de mi intención afirmación semejante- de dar a la voluntad las de perder contra el hado, sino la de poner de manifiesto el contumaz hecho de que si es verdad que de nosotros depende el modo de transitar por los caminos, no es menos cierto que la suerte te conduce por sendas bien distintas a las que habías imaginado que ibas a escoger. Muestra de ello es Sira Quiroga. “Una máquina de escribir reventó mi destino” (p. 11) es la incitante frase con la que, en boca de su protagonista y narradora Sira, María Dueñas, Doctora en Filología Inglesa y autora de varios trabajos académicos, abre su primera novela.

Sira no se figuraba otro futuro que seguir el oficio de su madre –el de modista- y casarse con su novio. Sin embargo la pretensión de éste -un buen chico, con visión de futuro-, que desea que su novia aprenda mecanografía y oposite, provoca el encuentro de la muchacha con Ramiro Arribas, vendedor de Hispanos-Ollivetis, embaucador y seductor que arrastrará a Sira a una pasión irrefrenable cuyo final será devastador y de consecuencias impredecibles. De pronto Sira se encontrará en Tetuán -capital del Protectorado marroquí- sola, desamparada, en malas condiciones de salud y con graves problemas de dinero a sus espaldas.

Y para mayor desconsuelo ha estallado la Guerra Civil Española, un conflicto perverso del que, si bien los habitantes del Protectorado de Marruecos no lo sufren físicamente, se duelen por igual todos, implicados sentimental e intelectualmente. Prueba de ello es lo que a diario se vive en la mesa de la pensión de Candelaria –donde se aloja un tiempo Sira- a la hora de la comida y la cena: “Y entonces pareció haberse declarado abierta la veda. Los tres hombres en un flanco y las tres mujeres en el otro alzaron sus seis voces de manera casi simultánea en un gallinero en el que nadie escuchaba a nadie y todos se desgañitaban soltando por la boca improperios y atrocidades” (pp. 96-97). Nos trae Dueñas con esta lejanía cercana de la guerra recuerdos de aquellos “juegos de niños” que tan elocuentemente narraba en su Primera memoria la insigne escritora Ana María Matute.

En Tetuán Sira comienza a tomar las riendas de su vida, a pesar del pertinaz miedo, miedo que dicen que sólo es propio de ser vencido una y otra vez por los valientes. Y así, siguiendo la corriente de la existencia, con la ayuda y el coraje de Candelaria, y por medio ilegales, consigue abrir un taller de alta costura en la zona nueva de la ciudad. “Los principios morales y la intachabilidad de la conducta habían quedado para otro tipo de seres, no para un par de infelices con el alma desportillada como éramos nosotras por aquellos días” (p.117), no tendrá más remedio que reconocer Sira pese a sus reservas. Éste y otro taller que abrirá en el Madrid más acomodado y opulento de la posguerra –el segundo ya por otras razones añadidas a la cuestión monetaria- serán la llave que permitirán a la protagonista establecer relaciones con gente de la relevancia de la espía inglesa Rosalinda Fox; del primer Ministro de Exteriores de la Dictadura, el singular Juan Luis Beigbeder; del influyente e implacable Ramón Serrano Suñer, ministro de Gobernación e Interior, que poco después (1941) usurpó a Beigbeder la cartera de Exteriores a base de infamias y malas artes; y del agregado naval inglés Alan Hilgarth, jefe del espionaje británico, servicio al que –dentro del Especial Operations Executive: “una nueva organización dentro del Servicio Secreto recién creada por Churchill, destinada a asuntos relacionados con la guerra y al margen de los operativos de siempre” (p.362)- se unirá una Sira alentada por un inculcado sentimiento de compromiso con su país.

Porque ésta es una novela de ficción cuyas coordenadas espacio-temporales focalizan la atención del lector en un momento extremamente delicado de la historia de España. Los primeros años de la posguerra no son únicamente tiempos de hambre, represión y miseria, sino que además tuvieron bien presente y cercana la amenaza de la Segunda Guerra Mundial. Había que pagar a Hitler la ayuda militar prestada a Franco en nuestra contienda y el funesto destino de España dependía de la lucha interna entre el poderío prepotente de Serrano Suñer, que ambicionaba la participación en la guerra europea pese a todo coste, y la apuesta por una alianza con los ingleses de un Beigbeder avasallado y ninguneado. Por entonces Madrid ya se había convertido en un avispero de alemanes, tanto miembros del Eje como Aliados; lugares emblemáticos como el hotel Ritz, el Hotel Palace o el salón de té Embassy tenían a éstos por selectos clientes, y Sira se moverá en estos ambientes al acecho de información.

Novela de ficción o novela histórica (discúlpenme tanta reiteración a sabiendas) El tiempo entre costuras cuenta con el ritmo ágil y febril propio de las historias de aventuras, que deja al lector sin un minuto de respiro. A este mérito es muy de agradecer que se sume una prosa que amén de ser correcta intenta y logra zafarse del exceso de simpleza expresiva del que adolecen otros libros con los que comparte similares características. Aún más, llama poderosamente la atención, al término de la novela, el juego de confusión entre narradora y autora al dar ésta la posibilidad de que el lector elija entre diferentes “finales” de las peripecias vitales de los personajes inventados: un escarceo con la literatura en mayúsculas. En fin, por estos medios Dueñas dirige nuestra atención a unas personalidades históricas –el Ministro Beigbeder es en mi opinión otro valor importantísimo del libro- y una posguerra desconocida y apasionante, digna de merecer el interés de todo curioso. Del mismo modo que atrae el afecto y la simpatía de los que, al igual que Sira, en ocasiones nos hemos sentido arrastrados por la vida y, en los pocos momentos de lucidez, entendemos que sea cual sea el camino, las riendas solo son nuestras.

Comentarios

  1. Profile photo of Mabel

    Mabel

    22 diciembre, 2014

    Me encanta, muy buena historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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