Manchas en la almohada

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Ni bien se despertó, sintió que su cara descansaba sobre un pequeño charco frío y pegajoso. Algo adormilado, levantó su cabeza de la almohada y vio que una mancha de forma irregular cubría gran parte de la funda. Era de color amarillento, parecido al de la leche condensada. La curiosidad hizo que acercara la yema de sus dedos para tocarla, no sin cierto recelo; quería saber qué era. Entonces, dibujó tres círculos con sus dedos sobre aquella mácula viscosa y luego se los llevó lentamente hacia la nariz. Olisqueó durante unos instantes, y enseguida lo supo: era semen. Pero, ¿cómo había podido llegar hasta allí?

No era la primera vez que tenía poluciones nocturnas; de hecho, las tenía desde que era adolescente y, más de una vez, su madre le hizo lavar las sábanas porque decía que ya estaba cansada de tanta guarrería. Pero, ¿manchar la almohada? No, eso era algo que escapaba a toda lógica, o al menos eso creía él. Así que se levantó, se aseó malamente y, tras salir del lavabo, apuró un café recalentado con una madalena en la kitchenette y se preparó para enfrentar el día.

Mientras iba en el ascensor —bajo la mirada atenta de las gemelitas del ático—, con la imagen de la mancha grabada en su retina y el olor del semen todavía impregnado en sus fosas nasales, se dio cuenta de que, afortunadamente, esa tarde tenía cita con su terapeuta. Sonrió aliviado, pero enseguida se dio cuenta de lo tonto de aquel atisbo de satisfacción, ya que, ¿qué le iba a decir aquella mujer? Ella seguramente nada, pero su inconsciente quizás si; y de hecho así fue.

A poco de llegar a la consulta, después de una ardua jornada de trabajo en el banco y ya acostado sobre el diván de su psicoanalista, recordó que la noche anterior había tenido un sueño erótico con el vecino del 4ºB, el nuevo. Ante semejante revelación —no tanto para la psicóloga si no más bien para él mismo, ya que el vecino no le gustaba en absoluto—, volvió a sonreir como antes, pero esta vez realmente aliviado. Aunque a medias, claro, porque todavía le quedaba por desvelar la otra mitad del misterio: ¿cómo había llegado su semen hasta la almohada?

Pues bien, eso no lo sabría sino hasta dos semanas más tarde, en una consulta con su neurólogo. Entre tanto, su almohada tuvo que soportar todo tipo de vejámenes: manchas de sangre, de caca, de comida, de café con leche, nuevamente de semen, ¡hasta de barro! Pero como decía, fue su neurólogo quien, tras un sinfín de preguntas y respuestas, dio en el clavo con la causa de su rareza. Al parecer, la noche que manchó la almohada con su semen, hbaía tenido un fuerte dolor de cabeza, precisamente del lado derecho. Al principio intentó calmarlo con todo tipo de terapeúticas: reiki, digitopuntura, paños de agua fría, pero nada; el dolor no solo continuaba si no que iba a peor. De modo que no lo dudó y se decidió a tomar las pastillas que tenía dentro de la mesilla de luz, y que su neurólogo le había indicado para estos casos en que sus jaquecas eran muy intensas. Buscó el blister, cogió dos comprimidos y se los tragó sin más.

A los quince minutos, estaba sumergido en un sueño tan profundo como un coma. Quizás por eso no sintió nada, ni el malestar previo a las puntadas, ni la rotura de los tejidos y la piel, ni la sensación de vacío que, de estar despierto, lo hubiera hecho desmayar, nada de nada. Pero el daño estaba hecho: aunque casi imperceptible, el agujero de su cráneo estaba ahí, en el costado derecho de su cabeza, a unos tres centímetros por encima de la oreja, y era tan real como las manchas de semen, de sangre, de comida, de caca, de café con leche y de barro que había dejado sobre su almohada.

Fernando Adrian Mitolo

Noviembre de 2014

Comentarios

  1. Mabel

    2 diciembre, 2014

    ¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

    • Moebius

      2 diciembre, 2014

      Muchas gracias Mabel, eres muy amable. Un saludo desde Canarias.

  2. Valdiv

    3 diciembre, 2014

    Muy bueno en verdad, el argumento me resulta muy atractivo. Saludos.

  3. 4hands

    7 diciembre, 2014

    desconcertante, lo tienes que leer porque parece que todo se va a aclarar. Muy bueno.

    • Moebius

      7 diciembre, 2014

      Muchas gracias…me alegro que la secuencia del texto te haya “obligado” a seguir leyendo. Un saludo.

  4. Gaby

    20 enero, 2015

    AhgAhg!!! Bien llevada la narración, tan así que sentí nauseas! Mi voto acompañado de un abrazo.

  5. Moebius

    20 enero, 2015

    Muchas gracias, Carmen y Gaby, por pasar y comentar! un abrazo para las dos.

  6. Irina

    21 enero, 2015

    Me parece un micro muy bueno. Sientes de todo: asco, risa, curiosidad, pena… y no he podido dejar de leer hasta el final, no sé si por el ritmo tan bien llevado, la curiosidad o no sé. Podría decir mucho, bien construido… pero nada que tú no sepas ya. Así que un abrazo.

  7. Moebius

    21 enero, 2015

    Muchas gracias, Irina, por tan amable comentario, de verdad. Me alegro que te haya transmitido todas esas cosas. Un saludo, compañera.

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