Lo que hizo por vos no tuvo nombre. No lo tiene, todavía. Fue otoño y Rodrigo aún vivía. Recuerda. Yo dormía cuando él, por vos, despierto, abolió toda la merdolaga que en declive te arrastraba, suelta y pasajera, hacia el endeudamiento emocional que ya todos sabíamos poseías tú desde que como una especie de manera salvadora dijiste “que el universo se ocupe de mi”. Demasiado Augusto Fernández, demasiados y desmesurados pastiches, por de más de olorosos los sahumerios de la Tritek. Demasiado en ti. Y no fueron ni las galaxias ni las nubes ni Javier ni Luciano ni los hiperbóreos ni el sexy conductor del programa “Cuarto milenio” ni Tantanián ni las películas suecas ésas que veías las que se ocuparon de anular tu deterioro. Fue un simple putito del Abasto, menor de edad por entonces, sudado por genética, adicto a cualquier manera y algo mortificado por ser, según él, supe enterarme que decía, un viaducto desde el vamos y no la autopista que tú necesitas ahora, extinta ya la trinidad dramática, arruinada ya tu reposición sobre un pasado ensalzado de canciones de Andrés Calamaro y encendido el tronco sobre el que nunca reposó el putito aquel. Lo pisó un 307 azul martillado el martes, en Monserrat, a la vuelta del restorán peruano-chino al que íbamos con Rodrigo. Manejaba Kive. Le dio frente y lo vio morirse en la cara incrustada en el parabrisas. Kive iba en pedo. El putito, llevaba una foto tuya recortada de “ Ñ” en la billetera de jipi que tenía. Espero escuches este mensaje y espero verte el sábado en el Kónex.




Mabel
Me ha encantado el Cuento, un abrazo y mi voto desde Andalucía