HOY, BARRIO RAWSON
El silencio es inmenso, mucho más grande que el triángulo que forman estas calles, un triángulo al que llaman Barrio Rawson o “el de las casas baratas”. En el centro de esa figura geométrica, una isla verde forma la plazoleta Carlos de la Púa; allí un hombre, con una boina que deja entrever las canas, fuma su último cigarrillo sentado en un banco. Con la pierna izquierda cruzando la derecha y una mano sobre la rodilla, piensa que alguna vez, hace ya demasiado tiempo, otro hombre estuvo sentado en su lugar.
Entonces alza la vista y contempla el edificio que se impone sobre General José Gervasio Artigas al 3200. Puede que antes haya sido blanco, pero el tiempo dejó su marca y ahora, bajo las muchas ventanas, manchas grises lo pintan. Es domingo y hace demasiado frío como para que alguien más merodee por ahí, pero para este hombre contemplar la casa en la que alguna vez vivió Julio Cortázar es casi un ritual.
En el lugar flota algo parecido a la nostalgia, mezclada con soledad y esperanza, y probablemente se debe a que la esencia del escritor no se ha perdido. Parece que un último jazz debe ser tocado, que un último verso debe ser escrito, que una última boca debe ser venerada. Es que esas eran las cosas que rondaban el alma de Julio Cortázar cuando habitaba con su madre y su hermana en esa zona de la Capital.
“Las ciudades son como las mujeres, esas ciudades de las que te enamoras y son el amor de tu vida, y no soy excesivamente monógamo porque pienso que se pueden tener muchas ciudades que se aman al mismo tiempo”, le había dicho el escritor al periodista Joaquín Soler Serrano en una entrevista para la televisión española en 1976. Y Buenos Aires estaba en la lista de sus amantes, junto con París.
De tanto en tanto un gato atraviesa corriendo la calle o un pájaro entona una lastimera melodía y la calma se quiebra, pero por lo general así transcurren los días en este barrio: tranquilos. Salvo los sábados, claro, cuando un grupo de curiosos, turistas del mundo o de Buenos Aires, conducidos por un guía y un megáfono se acerca a husmear, a descubrir, una parte de Cortázar.
El Barrio Parque Guillermo Rawson nació como un proyecto de la Comisión Nacional de Casas Baratas, creada por ley a partir de una iniciativa del diputado Juan Félix Cafferata. En el terreno cercado por las calles Espinoza –ahora llamada Julio Cortázar-, Tinagosto y Zamudio se cimentaron hogares en forma de edificios y casonas. Desde entonces casi las mismas líneas familiares habitan ese precioso espacio, caracterizado por los cientos de árboles que armonizan con el espíritu de Agronomía.
Desde 1934, cada fin de semana y en época de vacaciones, Julio regresaba de Chivilcoy y Bolívar –donde daba clases a alumnos de secundaria- y se instalaba allí junto a María Herminia y Memé, las mujeres de su familia. Pero eso fue hasta 1951, cuando finalmente se mudó a París, su otro gran amor.
Y aunque esos mismos pies ya no recorrerán nunca jamás las angostas calles de Rawson, otros pares seguirán sus huellas a diario. Quizás las pasiones que se despierten en esos caminantes no sean las mismas, pero lo que es seguro es que ninguno podrá ignorar la belleza de ese espacio, ninguno será monógamo al enamorarse de esta parte de la ciudad. Porque así le ocurrió a Julio Cortázar y al hombre de la boina sentado en el banco de la plazoleta, que ahora da la pitada final a su cigarro, se acomoda el abrigo y se marcha en su bicicleta.




Mabel
Tiene que ser maravilloso. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Magui
Un sitio mágico. Besos
Cyrano de bergerac
Hola Magui dan ganas por pasearse por las calles
y plazas de tu relato, me ha gustado mucho.
Un saludo cordial y mi voto.
Magui
Es un lugar precioso para respirar el aire frío de invierno. Ojalá algún día puedas comprobarlo por ti mismo. Un beso
4hands
Muy buen ritmo. El personaje de la boina nos interpreta, y a la vez (cuando se marcha) nos deja el peso de mirar con ojos propios el misterio y el encanto del lugar.
Magui
Sí, encanto, eso es lo que tiene barrio Rawson. Un beso!
AVEs
Me encantó el relato. Ojalá algún día pueda ser parte de algún contingente de turistas de Buenos Aires para recorrer esas calles mágicas.
Magui
No pierdas la oportunidad, Adri. Es hermoso! Un beso y gracias por pasar