Siempre que he intentado hablar del amor, he perecido ante ese basto y prófugo pensamiento que se extiende por mi cabeza; y por mi corazón, quiero pensar también. Sin embargo, aún creyendo conocer qué significa ese sentimiento tan ambiguo, debo rectificarme y confesaros que jamás he besado a nadie, ni mucho menos haberle hecho el amor.
Pero más allá de mis deseos, debo decir que aunque sepa mucho, bien es cierto que no sé nada. Puedo saber cómo es el color azul, pero no cómo describirlo; y así tal y cómo me siento. Para hablaros acerca de mi situación, antes debo, sencillamente, fortificar mi persona construyendo cientos de baluartes a mi alrededor.
El primero de todos lo creó mi madre. Ella fue la estampa que hoy me ha hecho ser persona. Cuando nací dejé atrás un dicho que afirmaba que las mujeres son débiles, pero son las madres quienes, con su fuerza sobrenatural, pueden erigir imperios. Mi madre significó mucho para mí, aunque me duela reconocerlo.
Siempre fui una persona orgullosa, pero también radiqué en ser yo mismo, ¿quién iba a ser sino? No obstante, ¿cómo pude albergar tanto orgullo siendo yo partícipe de los tantos abusos escolares que recibí desde bien pequeño? Me insultaron, me pegaron… Incluso recuerdo cómo un niño llegó a clavarme unas tijeras en la mano por el mero hecho de robarme el desayuno. Aprendí mucho, más de lo que un niño debería. Asimilé que debía almorzar antes de salir de casa. Otros niños les hubieran dicho a sus madres que no tenían hambre por las mañanas, pero yo conseguí ingeniármelas para que, de una forma u otra, siempre saliese victorioso.
Sea en la situación que fuere, recibir malos tratos nunca fue excusa para no mostrar una sonrisa al mundo. Nunca tuve amigos, ni tampoco los necesité. Nadie los necesita, y ese es un error en el que muchos tendemos a caer. Como es obvio, tampoco tuve amigas; y eso es algo que realmente le afecta a uno mismo. El hecho de no tener a alguien del sexo opuesto para experimentar de joven a uno le hace mella.
Cuando pasaron los años y llegó el momento de decir adiós a mis padres para embarcarme hacia una nueva aventura, mi vida cambió para siempre. Todo el mundo te dice que la universidad es otra movida totalmente distinta a la que uno está acostumbrado, pero sin embargo, nadie te dice que es ahí cuando uno realmente empieza su vida.
Si hay algo de lo que siempre estaré orgulloso fue la forma en la que me adapté. Debo reconocer que tanto el primer año como el segundo me los pasé fumando cannabis mientras bebía cerveza. Y aún así, seguía siendo diferente del resto de los chicos. Ellos habían empezado a fumar a los 14, a beber a los 15 y ya salían los unos con los otros desde los 12. Pero todo recayó sobre mí como si fuese una avalancha. Fue una gran época, para qué mentirme a mí mismo. Aprendí a base de las drogas, y fue ahí cuando comprendí que había llegado el momento de decirme a mí mismo basta. Siéndome sincero, ese vicio resultó algo tan abrumador que decidí dejarlo para siempre.
Pero no todo es para siempre. Y con eso me refiero a los amigos que fui haciendo. Al ser los primeros que tenía, les mantuve tal aprecio que los quería más que a mi vida; y tras mis ojos brotaron lágrimas cuando falleció el primero, cuando me abandonó el segundo y cuando me traicionó el tercero. Comprendí que el mundo resulta duro, incluso llegué a pensar que yo no estaba hecho para él. Todo lo que la vida me estaba dando, me lo arrebataba la inmadurez.
Luego llegó el momento de la primera vez. Fue algo mágico. Me enamoré perdidamente de alguien que ya tenía novio, y aún así yo seguía negándome esa realidad. Su piel morena centelleaba mi vista cada vez que el Sol le brindaba sus rayos. Era realmente preciosa. Conectábamos como si fuésemos nosotros quienes hubiésemos diseñado las reglas de la física y la química. Sus ojos marrones se clavaban en los míos imaginando implosiones más allá de los astros. Realmente siempre estaré enamorado de ella, siempre formará parte de mi corazón aún sabiendo que jamás estaremos juntos. Pero debo reconocer que soñar siempre fue gratis, y qué mejor que ilusionarte.
Sin embargo, cuando uno se va haciendo mayor, lamentablemente aprendemos que las oportunidades son fugaces. Si no las tomamos a tiempo, corremos el riesgo de que desaparezcan para siempre. Y eso me pasó a mí. Cuando fui niño y todos se reían de mí incluso llegando a ponerme la mano encima, me hizo perder la confianza en mí mismo. Yo no significaba nada, mas pensaba que si moría tan sólo llegaría importarle a mi perrita Linda. Pero fue a su lado cuando comprendí que esa gente era mala, y yo era el bueno, o cómo querría imaginar.
Yo jamás tuve la valentía necesaria para decirle a la cara lo que sentía. Se me habrían atragantado las palabras, pero se lo hubiese dicho, de una forma u otra, y con suerte quizá, ella habría caído ante mí, y yo ante ella. Pero sé perfectamente que yo no era como los demás chicos. No sólo lo pensaba, sino que también lo meditaban las tres chicas de las cuales estoy profundamente enamorado.
Cuando pasó el tiempo y dejé de pensar en ella para no seguir clavándome puñaladas en el pecho, llegó ella. Tenía una mirada de esas que hacen que te gires para contemplarla. Un pelo, ¡madre mía que cabello! Ojalá hubiese sido más paciente, porque cuando le dije que me había enamorado de ella, se echó a reír para antes de cerrarme la puerta de su piso decirme que mejor lo olvidásemos. Ojalá supieses algún día que yo jamás podré olvidarte, porque formas parte de mí, quieras o no, aunque de ti tan sólo haya recibido un portazo en las narices.
Otra vez volví a sentirme sólo. Tres años después de mi llegada a la universidad seguía en primero, con muchos amigos, no lo voy a negar, pero más vacío que el propio universo. ¿Y acaso no está lleno el universo? Sí, pero al igual que yo, ¿de qué nos sirve tener tanto si conocemos tan poco? Meses después, conocí a una chica que llevaba tatuado Bon Bini, Bienvenida en papiamento, y me volví a enamorar. Sé que no tendré remedio, pero en la vida no existe un sólo amor, ni tampoco uno verdadero. A veces tiendo a pensar que pensamos demasiado y realmente amamos verdaderamente poco. Nuestra condición de amar está en desuso, o es que yo no he aprendido a querer.
Tendrán razón cuando afirman que soy diferente, sin embargo, también lo somos todos, a nuestra medida obviamente. Al final iba a ser una proeza lo que Lord Byron afirmó escribiéndolo con su pluma sobre el papel:
Existe placer en los bosques inexplorados,
Existe éxtasis en una costa solitaria,
Existe sociedad, donde nadie perturba,
En el océano profundo, y música en su rugido,
No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza,
De todas esas entrevistas, donde robé
Por todo lo que puedo ser, o todo lo que fui
Por mezclarme con el Universo,
y sentir Lo que nunca podré expresar,
ni tan siquiera a pleno concebir.
Unos ojos que dicen niegan a una boca que intenta. Os amaré, aunque me cueste la vida en ello.



Mabel
Muy bueno. Un abrazo y mi voto desde Andalucía