Aferrado

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Era un universo blanco que abarcaba cuanto veía. Decidí por fin hacerle frente al nuevo día, que por repetido, formaba un único borrón en mi mente. Levanté mi cabeza, me recosté en la silla y coloqué mis manos sobre ese níveo mantel.

En el café reinaba el bullicio, henchido de voces, pasos y el entrechocar de la vajilla. Pese a ello el lugar era agradable, bien mantenido y con mucha madera lustrada. El sol temprano se colaba entre las finas cortinas que intentaban contenerlo. Mirando afuera, en un precioso jardín siempre encuentro o imagino una nueva flor que me durará, sediento, hasta mañana.

Me ha visto. Desde la barra me guiña un ojo y me regala una sonrisa. Siento que el sol reflejado en sus dientes me ha encandilado y sin voluntad, dejo al corazón levantar las comisuras de mis labios. Con su figura incomparable y ese uniforme negro y blanco que debe haber sido confeccionado por Armani por lo bien que le sienta, se dirige hacia mí.

No camina…, navega entre las mesas. Tampoco. Cuando ya está cerca, advierto que flota en el aire —Buen día don Raúl— me saluda cantarina y comienza a servirme el desayuno. Temo que mi pasión se note, mi cara brilla, me traiciona y mientras ella danza a mi alrededor, creo ser un tomate.

—Gracias Camila— le susurro tímido, viendo que se aleja espléndida en un atardecer de mi ánimo. Las vituallas no saben a nada pero su perfume, que aun las impregnan, logra que no desperdicie ni una migaja. Estirando el tiempo con dos cafecitos, la despido inútilmente con la mano sin que me vea cuando cambia el personal.

Melancólico, me dirijo a la recepción como de costumbre, no tengo correspondencia ni llamadas, es como estar de incógnito, vacacionando. Le indico al conserje que almorzaré en mi habitación. No siendo el turno de Camila, no tiene ningún objeto codearme con esa multitud de huéspedes desconocidos.

Son casi las diez, si no me apuro la perderé. Corro por los pasillos hasta mi puerta, con agitación oigo a través de ella y aliviado la siento trajinar. Me calmo, trato de respirar normalmente, no quiero que note el atronador palpitar que sienten mis oídos. Impaciente, al rato entro, parezco tranquilo aunque la lava arde en mis venas.

¡Rocío! Exclama mi corazón declarando mis sentimientos también por ella. Terminada la limpieza está completando el tendido de mi cama y el arreglo de flores. Quizás no tan bella, pero siento que su abrazo me llenaría de cariño. Sé que en ese regazo puedo llorar mis penas o contarle feliz mis aventuras. Sé que sus manos acariciarán mis cabellos, cuando afligido e insomne, mire la luna en pos del sueño.

Pero mis labios timoratos no han pronunciado ni una palabra y ella, pensando que molesta, se despide presurosa —Perdón don Raúl, ya me voy…—. Frustrado por mi cortedad, el corazón triste y lamentando no haber correspondido como quisiera a mis amores, me recuesto para un breve dormitar.

Distingo el atardecer en el mosaico del techo que forman las rejas de la ventana. En esa penumbra descubro a mis compañeros de cuarto en dos hileras de camas. Tan grises como la habitación que se oscurece más por el contraste de algunas fotos en colores, pegadas desparejas en las paredes.

Con estruendo se abre la puerta, dos enfermeros del asilo empujando sillas de ruedas vocean: —La cena señores…, primero José y Alberto. A los demás les toca el segundo turno— vuelvo a dormitar oyendo acostumbrado cómo se alejan.

Me aferro al amor. Este lugar de locos no podrá conmigo. Será mañana, me propongo heroico: besaré valiente a Camila desparramando romántico su bandeja y abrazaré el regazo de Rocío para contarle gritando cuánto la quiero y la necesito.

 

Carlos Caro

Paraná, 30 de diciembre de 2013

Descargar: http://cort.as/D3pm

 

 

Comentarios

  1. Manger

    2 enero, 2015

    Buen relato, amigo Carlos. El amor no tiene por qué extinguirse con la edad ni con la locura. Un cordial saludo.

  2. VIMON

    2 enero, 2015

    Ah, la soledad… Nostálgico relato que se lleva mi voto. saludos.m

  3. Mabel

    2 enero, 2015

    A veces sentimos que estamos solos y nos aferramos a un sentimiento con la esperanza de volver a querer.
    El amor no pone condiciones, tampoco tiene edad. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  4. Carlos Caro

    2 enero, 2015

    Perdonen la falta de tiempo, les agradezco a todos sus opiniones. Besos y Abrazos

  5. Elisa

    4 enero, 2015

    Aferrarse al amor, no hay mejor deseo ni necesidad. Mi voto y un abrazo.

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