Cuentos de Calma Chicha, presentan: Once segundos sin ella

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La primera vez que la vi, descargaba una infinidad de bultos de una antigua camioneta en la puerta de un rancho de paredes amarillas y puerta violeta. Me detuve a mirar sus piernas largas, exquisitamente torneadas, tratando de adivinar las redondeces ocultas bajo su short. Cuando vio que la observaba, me dijo:

—¿Qué tal sí me ayudás, y después seguís mirando?

—Estás en Cabo Polonio, no en el fin del mundo— contesté mirando su equipaje.

La tarde pasó volando mientras terminábamos de ordenar tantas cosas en tan poco lugar.

—Voy a preparar pasta con salsa de berberechos, y de postre, un racimo de uvas. ¿Venís?— le dije como anunciando que ya era hora de descansar.

Calculó lo poco que quedaba de luz con su mirada perdida en el océano, y asintió.

La noche era tibia, apacible, invitadora a charlas cómplices. La brisa jugaba con la llama de las velas que iluminaban su rostro y acentuaban su sonrisa creciente.

—Cada vez que llego me pasa lo mismo —confesó— Me cuesta sacarme la mochila, empezar a disfrutar este aire, mirar el cielo y ver más allá. Entender que es ahora. Ni ayer, ni mañana… pero hoy fue casi inmediato… no sé, tal vez haya sido la salsa…” Terminó, poniendo un cigarrillo entre sus labios.

—O el cocinero— Agregué riendo mientras se lo encendía.

Salimos a caminar por la playa tan solo guiados por los destellos del faro, sabiendo que nuestros pasos eran borrados por la espuma luminosa de las olas.

—Ese brillo viene de los huesos de los que murieron en los naufragios— expliqué con seriedad.

—¡Mentiroso!— contestó riendo y amagando un golpe. Corrí, pero muy pronto me dejé atrapar.

Cobijados en la arena, mis labios comenzaron a dibujarla como las manos de un ciego recorren un rostro, saboreando cada rincón sin apuro, con todo el tiempo que da la fugacidad del presente.

Deseaba verla. Necesitaba verla.

Ni siquiera pestañeaba esperando el rayo de luz que iluminaba su cuerpo por un segundo.

Uno de doce.

Solo uno de doce.

 

Para Gambis.

Comentarios

  1. Mabel

    30 marzo, 2015

    Excelente relato, Héctor. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Patxi-Hinojosa

    30 marzo, 2015

    Me ha encantado, amigo Héctor. Aparte de la exquisitez del texto, el detalle de esa luz giratoria del faro que tan bellamente insinúas, más que describes, en las tres últimas frases, dotan de una gran calidad a tu relato. Enhorabuena. Mi voto, por supuesto, y un fuerte abrazo.

    • HéctorF

      6 abril, 2015

      Muchas gracias, Patxi.
      Sí, casi perdido en la noche, ese faro es el verdadero protagonista.
      Un fuerte abrazo para vos.

    • HéctorF

      6 abril, 2015

      Me alegra que te haya parecido bueno, Ivan.
      Muchas gracias y un saludo.

  3. VIMON

    31 marzo, 2015

    Excelente micro, Héctor. Van mis saludos y mi voto.

    • HéctorF

      6 abril, 2015

      Me alegra que te haya gustado, Vimon.
      Gracias y saludos.

  4. Sue

    5 abril, 2015

    Gambitas se perdió algo… creo que no me gusta mucho Gambitas…

  5. Sue

    29 abril, 2015

    ¿Qué hace este relato sin subir a portada? ¡LO FLIPO!

    Jo, es que no puedo volver a votarte…

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