El autobús

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Sentada en un sofá azul se pregunta si la vida que lleva es realmente la que un día persiguió y se da cuenta de que la sordidez de la respuesta va aplastarle en el momento exacto en el que el timbre de la puerta suena. Paralizada baraja las posibilidades. Pero, ¿qué posibilidades? Solo vas a abrir y a saludar a quien sabes que espera impaciente. La misma escena, el mismo momento repetido una y mil veces en el último año. No hace daño, no duele. Preparará la cena, te contará su día, os besareis y a media noche, como la Cenicienta, se marchará. Te acostarás y quizás escribirás un mensaje de texto reflejando una felicidad más creada que sentida.

Pero, ¿y si hoy no abres? ¿Y si hoy permaneces en tu sofá escuchando el timbre de la puerta hasta que se haya ido? ¿Y si te vistes como te pida el cuerpo y te lanzas a la calle? ¿Y si buscas? ¿Y si buscas sensaciones? ¿Y si caminas hacia donde tus pies te lleven? ¿Y si coges el primer  autobús que marche a un destino incierto? Y, mejor aún, ¿y si llamas a la primera persona que cruce tu mente y huyes con ella? Sin pensar en cuánto tiempo estarás fuera. Sin darle tiempo a preparar una maleta. -¿Te vienes?- Dice tu voz en el auricular del destinatario. ¿Y si la respuesta es afirmativa? ¡Qué locura! ¿Y si lo esperas en la estación fumando un cigarrillo, con la cara lavada y la ropa menos sexy de tu armario? ¿Y si lo ves llegar justo antes de que el autobús salga? ¿Y si sin que hagan falta las palabras os besáis como si no existiera ni mañana ni ayer? ¿Y si subís juntos al vehículo? ¿Y si habláis de cosas sin importancia y reís solo porque el cuerpo os lo pide? ¿Y si comienza a llover? ¿Y si el mundo se os antoja tan frágil como las decenas de gotas que impactan contra la ventanilla? Las mismas que arropan a los sueños que despedís con cada kilómetro que avanzáis. Nada importa en este viaje, ni si quiera el sentir es obligatorio, no tiene que haber un por qué, ni saludo, ni despedida, ni felicidad, ni pena. Solo dos seres humanos que huyen de nada, que avanzan a ninguna parte. Entonces llega y la veis, la última parada. El autobús se detiene, y el timbre de tu puerta vuelve a sonar.

 Esta vez te levantas y abres a quien sabes que espera impaciente.

Comentarios

  1. Mabel

    23 marzo, 2015

    La espera es el peor de los momentos, Un abrazo y mi voto desde Andalucía

    • Anai

      26 abril, 2015

      La verdad es que sí… muchas gracias Mabel.

  2. gus-fito

    27 marzo, 2015

    gran suspenso: a partir de hoy te sigo,—
    un fuerte abrazo, y un proyectil de aplausos—

    • Anai

      26 abril, 2015

      Muchísimas gracias por esos aplausos. un abrazo

  3. Irina

    23 abril, 2015

    Ojalá lo hubiera hecho. Muchísimo ritmo que te hace seguir hasta el final. Muy bien estructurado. Romántico y amargo. Contraste genial. Las mujeres, que los hombres me perdonen, creo que escriben mejor. Me ha hecho sentir mucho y si pudiera te daría tres votos, aunque no te conozco mucho. Un abrazo.

    • Anai

      26 abril, 2015

      Muchísimas gracias Irina. Un abrazo!

  4. VIMON

    26 abril, 2015

    Muy buen micro, Anai. Saludos y mi voto.

    • Anai

      26 abril, 2015

      Me alegro mucho que te haya gustado. Un saludo

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