Tengo una piedra en el pecho
y cada vez que me acuesto,
hecho a lo lejos mi aliento
en busca de alivio
para mi desvelo
Tengo una piedra en el pecho,
y a nadie le digo de ello:
ni una palabra por temor,
al error; a que no sea cierto:
el cuervo que veo en mis sienes;
al susurro del que sospecho;
apenas audible se recuesta en mi lecho
donde cada noche me acuesto desecho.





Mabel
Muy buen poema. Un abrazo y mi voto desde Andalucía