¿Serías capaz de entregar tu vida por alguien? Yo sí.
Me llamo Nuria, tengo 36 años y la vida me regaló un hijo hace cuatro. Mario, con sus pequeñas manitas y sus ojos claros, es el eje fundamental de mi vida. Me llena de alegría cada mañana con su particular sonrisa. Pero le arrebataron la vida y por tanto también la mía, la mañana del cuatro de septiembre.
Era domingo, cumpleaños de Mario. Le había prometido llevarle al parque con sus amigos esa tarde y darle allí los regalos. Conducía observando a Mario, sentado en su silla y jugando con el policía de juguete que le regalé la noche anterior. Me transmitía vida. Le quería tanto que temía todo lo que le pudiera ocurrir.
Hacía un día maravilloso. Apenas había tráfico y yo conversaba con mi hijo. De repente todo ocurrió muy rápido. Un descapotable rojo se acercaba conduciendo a alta velocidad hacia nosotros, en dirección prohibida. Giré el volante lo más rápido que pude pero el coche perdió el control. Mario empezó a llorar y no supe reaccionar. Solté un grito ahogado al mismo tiempo que nuestro coche colisionó con el descapotable.
Estábamos girando en el aire. Sólo escuchaba los sollozos incesantes de mi hijo. Estiré el brazo para protegerle pero no llegué a tiempo. El coche cayó al suelo provocando un gran impacto. El airbag me protegió del golpe pero aún así me dolía la cabeza, tenía sangre en la cara y los brazos. No podía moverme y las piernas no respondían a mis indicaciones. Busqué a mi hijo en la nube de polvo. Se escuchaba su respiración entrecortada. Me desaté el cinturón y fui en su ayuda gritando y llorando.
Estaba en su silla, con la cara contra el cristal cubierto de sangre y lágrimas. Respiraba lentamente y tenía los ojos cerrados. Le puse contra mi pecho, intentando protegerle.
Varios minutos después escuché la llegada de la ambulancia. Algunos bomberos nos sacaron cuidadosamente del coche y pude ver el escenario del suceso. Nuestro coche volcado y completamente destrozado cerca del descapotable rojo. Agarraba a Mario con fuerza y un médico del SAMUR intentó quitármelo de los brazos.
-Necesitamos curarle señora- insistían. Pero no era capaz de soltarle. Sentí el frío de una aguja sobre mi brazo. Me pesaban los párpados y mi cuerpo no pudo soportar su peso.
Abrí los ojos. Estaba en el hospital. Había varios monitores a mi lado y estaba tumbada en una camilla. Me ardía la cabeza y apenas pude articular palabra. Necesité unos segundos para centrarme. El funesto accidente de coche que creí haber soñado, había sido realidad. Recordé el coche aproximarse hacia nosotros y el impacto contra el suelo. Escuchaba los llantos incesantes de Mario. Mi hijo. ¿Dónde estaba? Le busqué en la sala, pero tan solo había camas vacías. Grité en busca de alguna enfermera, sin éxito. A si que me levanté torpemente de la camilla. Mis piernas apenas soportaban mi peso por lo que tenía que agarrarme a las paredes para poder caminar. Un médico se sorprendió al verme y me instó a entrar en la habitación.
-Mi hijo… ¿dónde esta?- pregunté utilizando todas mis fuerzas para que me pudiese oír. El doctor hizo caso omiso de mi comentario y me llevó hasta la habitación.
Me tumbé en la cama, llorando. La vida de Mario estaba en peligro. Alguien entró en mi habitación. Le reconocí en seguida. Era nuestro médico particular, me había atendido en varias ocasiones. Intenté levantarme, pero el me retuvo.
-Nuria…- se adelantó- Mario no ha sobrevivido. Lo siento muchísimo. Hemos hecho todo lo posible, pero sus pulmones han perdido demasiado oxígeno. No sabes cuánto lo siento- se acercó y me abrazó efusivamente.
Me quedé sentada con la mirada perdida. No podía creer que la vida de mi hijo se hubiese esfumado. No quería creerlo. ¿Para qué necesitaba seguir viviendo si ya no le iba a volver a abrazar? Me tumbé en la cama y lloré hasta quedarme sin lágrimas. Esa noche cogí un boli y un papel y aún con los ojos húmedos escribí:
Querida muerte:
La vida de mi hijo le ha sido arrebatada sin derecho. Si él no está aquí la mía carece de sentido.
Te pido que me devuelvas a mi hijo y me lleves contigo. Su vida vale mucho más que la mía.
Terminé de escribirla y la dejé sobre la mesilla de noche. Cerré los ojos. Algo me punzó el pecho. Un dolor fuerte me comía por dentro.
Al mismo tiempo escuché una voz familiar en la habitación de al lado y la sorpresa de algunos médicos. Sujetándome el cuerpo salí de la habitación. Allí estaba Mario, mirándome con sus preciosos ojos claros. Le estreché entre mis brazos poco antes de morir.
Los médicos encontraron la carta pocos días después con una respuesta:
Ninguna vida vale más que otra, pero el amor y el valor de la tuya trajeron a tu hijo de vuelta.





Mabel
Es la fe tan grande que se tiene que nos hace soportar el dolor, un dolor que para una madre es lo peor que puede tener, no tengo palabras para este sentimiento tan fuerte. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida
Kentia
Muchisimas gracias por tu comentario Mabel
VIMON
Excelente relato, Kentia, y muy buena presentación en esta red. saludos, bienvenida y mi voto.
Paul Devouge
Me ha gustado Kentia, un saludo y mi voto, bienvenida!!
saludos
Kentia
Muchas gracias, espero aprender mucho y mejorar.
Iván.Aquino L.
Bienvenida Kentia a Falsaria, un abrazo y mi voto.
Buen texto.
Kentia
Muchas gracias Iván
Simona
Me ha gustado mucho, es un relato muy emocionante!
Felicidades!
Tienes mi voto.
Saludos.
Kentia
Muchisimas gracias Simona!!
María.Edith
Felicitaciones Kentia me gustó tu relato, esta muy bien hecho para ser tu primera publicación, !bravo!
Hay un buen narrador, se puede ver la secuencia de los hechos: auto descapotable, accidente, niño llorando, ambulancia, médicos, etc.
Y para terminar, vemos sin sorpresa como Nuria hace un trato con la muerte: su vida, por la de su hijo.
Saludos desde París!
Kentia
Muchísimas gracias por tus comentarios Maria!
Un abrazo
GermánLage
No me he equivocado. Nada más lrer el otro relato tuyo me vine a leer éste, y no me he equivocado. Acabo de descubrir a una gran escritora. Es magnífico. Te felicito, Kentia, y quedo ansioso a la espera de tu próxima publicación.
Un cordial saludo y mi voto.
Kentia
¡Muchísimas gracias por tu comentario y tu voto!
Estoy bastante desconectada de Falsaria, pero intentaré subir un nuevo relato pronto, gracias por tus palabras.
¡Un saludo!