¡Mis musas desaparecieron! Se fueron sin dejar rastro y quedé sin saber cómo enfrentar el desafío mensual del taller literario. Necesitaba meter tres puñeteras palabras en un relato y no se me ocurría nada interesante que escribir.
Pensar en ello aún me pone nervioso, debería empezar por el principio. Desaparecieron la noche de año nuevo. Estaba yo sentado en la barra del bar más piojento que podía existir, pensando qué escribir (¿A qué genio se le ocurre poner un taller literario antes de año nuevo?) cuando ellas aparecieron.
Eran bellas. Tanto que las vi un largo rato conversando entre ellas, me tenían loco, y no solo a mí, todos los alcohólicos que estaban esa noche las desnudaban con la mirada.
Luego ocurrió el milagro. Ambas se pusieron de pie y se acercaron a mi mesa, mientras me miraban a los ojos con una sonrisa enigmática y seductora. “Ésta es la mía”, pensé, si no podía obtener un cuento, por lo menos podría intentar hacer un trío, pero pronto esa idea se esfumó cuando se presentaron: “Somos musas desempleadas, no pudimos evitar escuchar tus lamentos. Nos diste tanta lástima que nos vamos a apiadar de ti y te inspiraremos en hacer una obra medianamente decente y sin cobro alguno”. Me sentí el hombre más afortunado del planeta, tanto que decidí invitarlas a una ronda de chupitos. Ahí fue mi error. Talía y Calíope habían sido anteriormente musas de Hemingway y Bukowski, por lo que eran igual de borrachas que sus antiguos socios. Fue imposible seguirles el ritmo: chupaban como orilla de playa y pronto me quedé sin dinero, vomitado e inconsciente en el bar.
A la mañana siguiente, desperté sintiendo como si un batallón desfilara por mi cabeza. “¿Dónde están mis musas?”, gritaba aún borracho. No había señales de ellas y les pregunté a todos los que quedaban en el pub. Sin obtener respuesta, vagué por todos los rincones del lugar, hasta que Don Jacinto —El viejito del aseo—, me dijo que la última vez que las vio, estaban borrachas bailando encima de las mesas. Luego se durmieron y un hombre que dijo ser el padre de ellas las subió a una camioneta con vidrios polarizados.
Fui de inmediato a la mesa en la se quedaron dormidas, y entre colillas de cigarro, vino barato, unas bragas usadas (que guardé con fines investigativos, no vayan a pensar mal) y vómito de indescriptible procedencia, un papel arrugado en el que decía “primera palabra. Malas frases” fue la única pista que descubrí para encontrarlas.
Entré en desesperación: mis musas fueron raptadas y sólo quedaban unos pocos días para entregar mi texto. Recorrí las calles durante días con la esperanza de hallar pistas que me condujeran a su paradero, pero sólo me topé con las frases cursis que el grupo “Acción poética” dejaba en las paredes. Ustedes saben, cosas tales como: “Estamos en el mundo para repetir el ciclo”, “En un poco de ti está todo”, “el puerto de las oportunidades a veces te ofrece un barco” y otras pelotudeces de ese estilo. Miré otra vez el papel que dejaron mis musas sin comprender la pista. ¿Qué significará “primera palabra” “malas frases”?.
De pronto pude ver todo más claro. ¿Cómo pude ser tan tonto? La respuesta estuvo frente a mis ojos todo el tiempo. El papel tenía la misma tipografía de las frases en las paredes. Las ordené y obtuve “ESTAMOS- EN- EL PUERTO”.
Al fin, los malditos pagarían por raptarlas. Cogí mi equipo de infiltración, mi teléfono y apuré el paso hacia el puerto. Un galpón tenía las luces encendidas pese al abandono que evidenciaba por fuera. Me escabullí en silencio y vi algo horrible por la ventana.
Ahí estaban mis musas, y no solo eso. Cinco se encontraban en una jaula, sedadas, mientras un batallón de mecanógrafos escribía los textos que ellas les dictaban, vigilados de cerca por un hombre enmascarado.
Irrumpí rompiendo la ventana, provocando una estampida de los escribanos. Sólo el hombre de la máscara fue a mi encuentro dispuesto a frenarme.
Fue una dura pelea, apenas podía esquivar sus golpes. Parecía un profesional. La pelea habría sido eterna si no fuera porque sacó un arma y me apuntó con ella.
—Se acabó el juego— me dijo—. No es nada personal, pero nadie debe saber de este negocio. Somos un grupo de hombres de respeto que le entregan inspiración a personas sin talento a cambio de un porcentaje mensual de las ganancias una vez que alcancen la fama. Ahora si es tan amable, prepárese a morir.
Vi pasar mi vida ante mis ojos, estaba resignado para afrontar mi destino…
Un balazo abatió al hombre enmascarado. No pude contener mi alegría al ver que un detective (hasta sombrero estilo Dick Tracy llevaba) ingresó al galpón con todo un equipo de fuerzas especiales para reducir a los delincuentes que no tardaron en rendirse.
Una vez que todo volvió a la calma, el jefe de la operación se dirigió hacia mí:
— Señor Valenzuela, soy Conrad Donovan, de la policía literaria. Gracias a usted pudimos desbaratar a esta banda dedicada al tráfico de inspiración. Como puede ver, al tener a las musas drogadas y en condiciones infrahumanas, lo único que podían producir eran libros de autoayuda y mala literatura.
Ellos fueron los culpables del éxito de “Pablo Cohecho” y de la aparición de las “cincuenta sombras de Frei”, también de la saga de vampiros que brillan con el sol, ¿A quién se le ocurre una estupidez así? Bram Stoker debe estar revolcándose en su tumba. También incursionaron en la música con “Ricardo Arjana”.
Sin embargo, el mayor daño fue hace varios años. Aún no podemos recuperar las mentes de aquellos que leyeron “Juventud extasiada”, ese libro causó un daño inmensurable. Creó a una generación de eyaculadores precoces y mujeres frígidas. Rehabilitarlos le ha costado al ministerio de salud cifras astronómicas. Es usted un héroe…
Días después de tan intensa aventura mis musas volvieron a casa aún afectadas por lo sucedido. Estaba feliz por verlas libres, pero mi mayor problema ahora era mi participación en literautas.
— Quedan doce horas para entregar el relato y no tengo nada— les dije.
— ¿Por qué no escribes la historia del secuestro?
Y al final, eso fue lo que hice.




Mabel
Muchas veces las musas desaparecen sin dejar rastro pero cuando menos te lo esperas, ahí están de nuevo. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
guardiña
¡ Un relato de lo más original y sorprendente que te ha quedado de inspiración! Creo que las musas hicieron bien su trabajo. Un saludo
Cristianp
Muy buen texto, con un toque de humor, ironía, culto y muy original. Mi voto y saludos.
Akerbeltz
Muy original (meta)relato, Menudencio. Muy en tu línea, espero que no dejes de deleitarnos 😉
Un fuerte abrazo!!