Ciclo del agua

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Usamos la cerveza como calmante

para algunos dolores innatos

como el latido de una caja roja

que se esconde en nuestro pecho

-si se esconde, por algo será-

Pero toda medicina tiene

efectos secundarios

como las ganas locas de ir al baño

y exprimir cada gota de tu verga

hasta que vuelva a su compostura.

 

Pero, al igual que la morfina,

la cerveza es adictiva

y le coges cariño a mear cada 10 minutos

y a olvidar partes de una noche

y al olor ácido de tu propia pota

cuando sale una parte por la nariz

y respiras hondo, y más hondo

hasta que el alcohol se cambie por aire fresco

y poder volver al principio de la cadena.

Levantarte de la taza del váter, beber agua del grifo,

pasarte la mano por la barbilla para no dejar

rastro del ritual que acabas de hacer

y salir a la calle, o al bar

o donde coño estés bebiendo

-el sitio es lo de menos-

Todo ese proceso es adictivo.

 

Y la adicción halla su límite en la decadencia

más inhumana y reprobable que exista en

el paladar de un borracho.

Todo preso que se precie

-aunque sea de una prisión de cristal-

acaba bailando con el sonido metálico

de sus cadenas

Y algunos llegan a beber mientras mean—

Como yo me enamoro mientras lloro…

 

Ésta es la decadencia más inhumana

del ciclo del agua.

Comentarios

  1. Mabel

    27 abril, 2015

    Muy buen poema. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Reaper El Chivo

    27 abril, 2015

    Muy difícil que alguien lea su poema don Arturo y no se sienta identificado en al menos una noche de su vida.
    Mi voto y un abrazo.

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