El mago y la máquina de sueños

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Allí en el barrio de los Marchel, a metros del basural de la metrópolis, también llegaba la navidad. Los niños criados en la filosofía de la calle imaginaban los juguetes con los cuales recreaban su futuro. Muchos de los grandes hijos de millonarios hubieran deseado vivir su libertad, ensuciarse con esos charcos turbios de barro, mientras pudieran capitanear los veleros de papel que gobernaban el pequeño océano o correr con total placidez por los rincones de la ciudad. La mayoría de sus padres se dedicaba a la recolección de cartones o plásticos, los cuales vendían por escasos centavos, que le permitían subsistir a contra corriente con los días, más de una vez debieron hacerlo a pan y agua como prisioneros de políticas mundanas.

Jasir, “el aviador” era uno de los niños aquellos, príncipe de la familia Marchel. Su apodo le había sido concedido porque siempre iba mucho más allá con sus sueños que el resto de los jovenzuelos. Así había imaginado el templo del escritor que sería en un futuro no tan lejano. Algo dentro de él, latía con la total seguridad de que en su largo viaje lo conseguiría. Sus padres venían de generaciones de gente indigente, por lo que siempre estaban recalcándole que no se dejara llevar por sus sueños y dispusiera sus piececitos sobre la tierra. A su escasa edad de 10 años, jamás había ingresado a una escuela, aunque el señor Bueno, bibliotecario, que vivía en un apartamento no muy lejano de la urbe, lo había instruido en el arte de la alfabetización después de haberlo conocido en un parque, mientras recogía limosnas que la gente le depositaba sobre su gorra, al deleitarse de una modesta función de malabares, la cual solía realizar con esferas de bolsa y papel. Con ese acostumbrado trabajo solía ayudar a sus padrastros a la lucha diaria. Sus padres adoptivos, quienes le habían salvado la vida al encontrarlo abandonado sobre uno de los bancos de la plaza Milagro, ya eran bastante ancianos, por lo que no podían realizar demasiados esfuerzos.

Jasir hubo madurado demasiado pronto debido a su delicada situación, de la cual jamás renegaba. Su corazón era tan fuerte como para barrer con cualquier limitación inoportuna.

Como a los ojos de Dios, nunca existieron ni ricos ni pobres, sino solo hijos de su mundo, la navidad también llegó un 25 de diciembre futuro, a inundar de colores su alma. Debajo del puente 37, se encontraba su dulce hogar, precariamente revestido. Allí se montaba un pino navideño algo averiado, decorado con guirnaldas de flores de papel a color y tarjetas que auguraban los más maravillosos deseos. Durante aquella noche, Jasir soñó que Santa Claus había sido dirigido a su hogar por la voluntad mágicamente poderosa del dedo índice de Dios. Bajaba en un tobogán de estelas, sobre un trineo repleto de regalos iluminados, que era trasladado por ciervos cabalgados por duendes verdes. Antes de la conclusión del sueño despertó, a eso de las 7 de la mañana. Se levantó presurosamente de su colchoneta y corrió hacia el árbol de navidad. Buscó su regalo por todas partes. El suponía que Santa había dejado su obsequio en algún lugar. Pero no encontró absolutamente nada. Su carita marchita era recorrida por unas gruesas y pesadas lágrimas de desazón y desigualdad, que hasta los ángeles del cielo lloraron al verlo cuando lo observaban de las vidrieras del cielo azul, invitados por Dios como testigos del hecho. Pero allí estaba, titilante como una bombilla de luz; anchos y largos sus ojos apreciaron sobre la séptima rama una tarjeta luminosamente dorada.  No era el regalo que esperaba recibir de Santa, pero de igual manera la tomó y leyó risueño.

“El mago de Dios, se complace en invitar a Jasir, a la función más espectacular de magia, jamás vista sobre la superficie terrestre. El lugar de la cita será hoy mismo en el parque conocido por su arte a las 7 y 30 en punto”. Repleto de felicidad Jasir corrió sin detenerse un solo instante lo más rápido que pudo hasta el parque. Sus padrastros, dormían sin enterarse de la situación. El niño no tardó en llegar. Fue el único tripulante sentado entre la tribuna. Cuando Jasir casi se dormía recostado entre sus brazos y rodillas, apareció el mago, enteramente vestido de blanco. Lo saludó con su galera y empezó la función. Palomas por doquier partieron de sus manos, pañuelos interminables de sus dedos, naipes insospechados sobre sus mangas, magias y deleites insospechables. Hasta que miró fijamente al niño y lo llamó.

-Para mi último acto necesitaré de tu participación.

Jasir bajó por los peldaños enormemente encantado.

-Cuando yo te diga meterás tu mano en la galera, cerrarás tus ojos, y pensarás en el regalo que más desees, no olvidarás decir que descienda la luz de Dios, abracadabra”, es importante que lo hagas con fe.

-Así lo haré- asintió el pequeño. Así que introdujo sus manos en la galera, cerró sus ojos y pensó profundamente, dijo las palabras descritas mientras el mago de Dios hacía tres golpeteos con su varita mágica, y luego sonrió de una manera nunca apreciada. Entre los dedos de sus manos, sobresalida, brillante como un diamante minero, se encontraba una novedosa máquina de escribir. Además el mago le entregó un sombrero con una pluma sujetada sobre uno de sus lados, que dijo le daría la inspiración eterna. Después de que Jasir se distrajera tipiando, el sujeto de blanco desapareció de manera insospechable dejando un rastro de plumas incandescentes flameando por el aire, junto a una nota destinada a estrellarse con la tierra. Ella decía: “Este es un valioso regalo de Dios para uno de sus hijos muy amado” firmaba Jesús. Al momento, Jasir regresó a su hogar y deslumbró con su mágica historia. Ese mismo día empezó a escribir la novela autobiográfica, la cual pulió durante largos días y noches de su vida, a la vez que sus formas de narrar maduraban con el correr del tiempo. Con el paso de los años el libro se transformó en una joya literaria, de la que vendió millones y millones de copias, convirtiéndose de tal manera en uno de los más ricos y reconocidos escritores de su época, un ejemplo de que los sueños, no solo son vanas ilusiones, sino brillantes semillas cuyos árboles proliferan a su tiempo. Tanta fue la fortuna que logró recaudar, que cada creación, cada acción gloriosa de su espíritu, cada ganancia, fue destinada para que miles y miles de otros niños carecidos, lograsen cumplir sus más altos sueños en la vida.

 

Comentarios

  1. Omiros

    4 abril, 2015

    Todos estamos: […] a pan y agua como prisioneros de políticas mundanas. Y como bien refleja usted aquí, de una u otra forma, la llave de esa cruda prisión siempre es un libro.
    Gracias.

    • Iluminado

      4 abril, 2015

      De alguna manera u otra la literatura siempre es un escape a las cárceles mundanas, gracias por pasarse por aquí. Un saludo cordial.

  2. guardiña

    4 abril, 2015

    ¡ Precioso relato! Mezclado de sueños, verdad, sensibilidad y realidad. Saludos.

    • Iluminado

      4 abril, 2015

      Te doy las gracias por tu amable comentario. Saludos para ti guardiña.

  3. Mabel

    4 abril, 2015

    Es una pena tanta pobreza como hay en el mundo, hay momentos que la desesperación llega hasta los más últimos extremos y perjudicando a los más débiles. Un abrazo Iluminado y mi voto desde Andalucía

    • Iluminado

      4 abril, 2015

      Es una gran pena que exista en este mundo contemporáneo una pobreza letal como es la mental. Muchos vicios, descontrol, intolerancia, y poco muy poco cerebro. Saludos.

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