No me creo náh y te lo digo tóh!

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La manía esta que tenemos de creernos sólo lo que vemos no nos viene ya de siempre. Hubo períodos en la Historia en lo que la gente era mucho más ingenua; se creían bromas tan estupendas como la de que las mujeres podían quedarse embarazadas por las orejas. Pero en el siglo XIX aparecieron tres aguafiestas que echaron abajo con este festival del humor. Son conocidos actualmente como “los filósofos de la sospecha”.

Uno de ellos fue Karl Marx, un joven barbudo e idealista que no veía con buenos ojos eso de que los obreros trabajaran dieciséis horas al día. Pese a que Marx vivió casi toda su vida gracias al dinero que le prestaban sus amigos, el buenazo de Marx valoraba mucho eso de trabajar con las manos, así que su apoyo (y su empatía) para con la clase trabajadora fueron totales. Aquello de lo que sospechó fue de las estructuras sociales europeas. Hacía no mucho que había habido un par de revoluciones en Francia y en el país ese de las vocales (EE.UU). Se había liado una movida enorme, y en esas revoluciones mucha gente dijo muchas cosas sobre ciertos derechos que luego se vieron obligados a cumplir. Se había considerado un avance tremendo, se veía en ellos un paso para una mayor justicia. Marx, que no leía la prensa sensacionalista, se sentó con paciencia a analizar todo lo que se había dicho, y descubrió que, lejos de ser una cosa super justa y mazo respetable, aquellos derechos no eran más que una justificación moral del sistema burgués y del capitalismo (sistemas que se alimentaban esencialmente de una mano de obra mal pagada y en condiciones poco guays). Y así fue como todo el aparente progreso social y político de Occidente se había ido a tomar viento por los comentarios de un graciosete.

Otro conocido filósofo de la sospecha fue Friedrich Nietzsche, que para los adolescentes es algo así como “el puto amo de la filosofía, tronco”. Nietzsche trataba de cargarse todas las teorías con las que se encontraba por el simple motivo de que no había sido él quien las había formulado. La Europa de su tiempo le daba así como cierta grimilla, y le asqueaba el ver a los hombres tan afeminados con el royo ese de la compasión por aquí y la bondad por allá (Nietzsche era un chico malo). Así que se puso a darle al coco preguntándose de dónde podría venir aquello, y concluyó que la mayor enfermedad de la Humanidad era la cosa esa de la religión (especialmente la cristiana) con los valores esos de ayudar al prójimo. Como Nietzsche era un tío superrespetuoso con las creencias más íntimas de los demás, se limitó a argumentar que eso de creer en Dios era una cosa de débiles y de cobardes que no se atrevían a enfrentarse al mundo; que el cristianismo era una religión que fomentaba la moral de rebaño y que semejante patraña hacía mermar el poder y la fuerza creadora de la Humanidad (como veis era un tío comedido). Ya que él era un tío mazo listo y los demás eran tope tontos, quiso hacerles un favor y librarles de la religión para que se convirtiesen en personas más decentes, así que un buen día se levantó y, más chulo que un ocho, se le ocurrió decir que “Dios ha muerto”. Y ala, a otra cosa.

El último filósofo de la sospecha fue el pervertidillo de Sigmund Freud. Con su rentable descubrimiento del subconsciente, el tío se hizo de oro al enseñarnos que no somos dueños de nuestras acciones ni decisiones, sino que estas encubren un oscuro y profundo instinto que habita en el subconsciente, y que es éste quien en realidad nos hace actuar. El ejemplo más demoledor que tenía de la existencia del subconsciente eran los sueños, ya que el absurdo de éstos demuestra toda una serie de impulsos reprimidos en el día a día (la explicación vendría a ser: si sueño con cosas raras es porque pienso en cosas raras). La gran mayoría de estos impulsos ocultos consistían en meter el pene en algún lado. Genialidades de oro como estas o la idea de que todo varón anhela inconscientemente hacer manitas con su madre, le han garantizado un puesto destacado en la historia del pensamiento.

La importancia de estos tres autores reside en que fueron los primeros en fijarse con ojo crítico en la realidad que los rodeaba, es decir: analizaron lo que les era dado y encontraron una lectura distinta a la de su tiempo, una interpretación que no se había formulado con anterioridad (y es ahí donde reside su originalidad). Esta actitud de sospecha tuvo una inmensa influencia en el siglo XX, llegando, en algunos casos, casi al absurdo.

Hayáis aprendido algo o no, la próxima vez que un tío os diga que se pasa todo el día follando con tías super guapas, estáis en vuestro derecho de no creerle.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    27 abril, 2015

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Imagen de perfil de Urban.Bhär

    Urban.Bhär

    28 abril, 2015

    ¡Pero claro! Nietzsche era un tipo comedido. Y por sobre todo, tranquilo.

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    VIMON

    28 abril, 2015

    Excelente y divertido resumen de tres de las teorías filosóficas más influyentes, amigo Wolfgang. Te felicito y te dejo mi voto con un abrazo.

  4. Imagen de perfil de claudia.serra

    claudia.serra

    30 junio, 2015

    Gran resumen, así me gustan a mí. ¡A los bifes! Y hay que decir la verdad de estos tres tipos - que fueron grandiosos, cómo que no - pero que armaron mucho bardo - habráse visto con lo difícil que es la vida - . Y ese Freud, es el peor, ando por ahí arrastrando culpas por su exclusiva culpa. Gran compendio, Wolfgang. Mis saludos proletarios

  5. Imagen de perfil de Temor

    Temor

    19 julio, 2016

    Bueno, no sé qué decirte. Pero te entiendo a rabiar. Nietszche, o cómo demonios se escriba, siempre me gustó, pero nunca supe encontrarle su punto de gracia…ni a él, ni al resto de los filósofos. Eso de ponerse a pensar, qué grima! Un saludo y mi voto!

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