Pizza y zumo

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Retorció su cuello. Oyó el crac de la columna, y respiró hondo cerca de su boca, intentando que el último aliento de aquel cadáver le llegara a los pulmones.

Empezó el ritual.

Los miembros, pronto esparcidos por todo el comedor lloraban sangre sobre los lugares más insospechados. El chupete de un bebé, incluso, mal dejado sobre un cojín, parecía pedir auxilio mientras se ahogaba entre muerte.

Había, a modo de macabra ironía, un cuadro de una familia sonriendo que coronaba la sala. Las caras que otrora hubieren parecido felices, ahora velaban sarcásticas la escena. El niño más joven, llevando corbata, incluso se permitía enseñar los dientes, en un gesto que ante tal masacre daba paso a un psicótico y nervioso pánico.

Las tripas en amasijo fueron dejadas sobre la mesa de cristal. En el centro de la mesa había unos nomeolvides muy bien cuidados en una maceta nacarada. Bajo ella, un trapillo. Probablemente tejido a mano por una adorable anciana que cada domingo preparaba comida para seis.

La alfombra ya había dejado de verse y todo olía a hierro.

Una atizador de chimenea con restos de cenizas fue usado con saña sobre el torso descarnado. El motivo de esto respondía ante la simple premisa de que el atizador estaba simplemente allí. Tiznado y negro. Apoyado. Observante.

Atizó una y otra vez con fuerza el torso cuando ya tenía fuera las tripas. Algo asomaba por allí, entre la hecatombe de babas, bilis y sangre. Lo punzó un poco, y tras varias tentativas, acabó por dilatar el pequeño agujerito con las manos. Pizza. Había pizza claramente. A medio digerir. Allí estaba. ¿Champiñones? Se metió un poco en la boca. No sabía a champiñón pero la textura no dejaba lugar a dudas.

Entrevió la columna allá al fondo, y virando el trozo de carne, la emprendió a golpes con ella, oyendo cada crac como una sinfonía melodiosa que la acompañaría días.

Estaba cansada. Robó un jarrón, y salió de la casa. Volvió a entrar. Tenía sed.

Unos minutos después paseaba por el solitario parque cercano sorbiendo de una pajita un zumo de piña. Tenía hambre. Pensó que le apetecía pizza, y después sintió un escalofrío ansioso por ver los titulares al día siguiente.

Al fin su arte saldría en el periódico. Quizá en primera plana.

Comentarios

  1. Patxi-Hinojosa

    27 abril, 2015

    Muy buen micro, amiga Arlix, con tu particular estilo y temática. Ha sido un placer volver a verte por aquí. Mi voto y un fuerte abrazo.

    • Arlix

      27 abril, 2015

      Hola Patxi! Tenía un poco de miedo a volver tras tanto tiempo y sentirme un poco ignorada, pero siempre estás ahí animando. ¡Muchas gracias colega!

    • Arlix

      27 abril, 2015

      Hola Viola, muchas gracias. A ver si leo algo tuyo pronto. Un saludo desde Baleares.

  2. VIMON

    27 abril, 2015

    Un relato gore muy bueno. Saludos con mi voto.

    • Arlix

      27 abril, 2015

      Gracias VIMON, estoy con un proyecto grande y no tengo mucho tiempo para pasar por aquí, pero he leído algunos micros recientes tuyos, y son excelentes, para variar.

  3. HéctorF

    28 abril, 2015

    Hacete de un tiempo y seguí escribiendo. Aquí, en tus blogs; en servilletas que guardes donde sea. Pero escribí.

  4. Mabel

    15 septiembre, 2015

    ¡Excelente! Un abrazo Arlix y mi voto desde Andalucía

  5. alejo

    18 septiembre, 2015

    Excelente relato. Tienes mi voto y un saludo.

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