El frío cala los huesos, hace que el vello de mi cuerpo se revele, se ponga en guardia. Tengo la sensación de no sentir nada, nada más que una boca húmeda que resbala por mi cuello. Resisto y esos labios vuelven a buscar los míos. No se quién es, ni cómo se llama, no puedo ver su rostro porque un trozo de seda fina cubre mis ojos.
Unas yemas suaves me acarician el contorno de la cara, navegan por mis pechos, mi vientre, y se hunden en mi interior. Una lengua repite la ruta marcada y vuelvo a tensarme, a intentar escapar. Entonces una voz cargada de sensualidad, una voz de mujer, me pide que me relaje, que me entregue… y como si me hubiese dado a beber un bálsamo, me dejo llevar.
Demanda una vez más mi boca y no se detiene, porque ya no ofrezco resistencia, dejo que su lengua explore cada centímetro de la desnudez que me viste. Cuando la parte frontal de mi cuerpo le parece insuficiente, ordena que dé la vuelta y respondo obedientemente, girando sobre el colchón de plumas. Me poso sobre las manos y las rodillas, mientras la misteriosa mujer me acomoda a su gusto, me prueba, me saborea, hasta que combustiono, siento desfallecer, en el momento en que por fin me lleva al éxtasis.
Quiero verla, necesito penetrar en sus ojos, saber quién es, así que me incorporo, aparto la venda y descubro un rostro difuso y un cabello ondulado, como fuego, que casi alcanza a quemar. Exijo su nombre, pero un par de manos fuertes me sorprenden, tomándome por las caderas y tirando hacia atrás. Inspiro profundo y reconozco el olor familiar de este hombre, que viene a reclamarme como suya. Alargo mi mano y araño su pecho, en señal de advertencia: no quiero que se enfrenten, quiero que compartan lo mejor de mí.
Ambos comprenden lo que deseo y casi de forma natural, instintiva, sus movimientos se coordinan para empujarme de nuevo al límite del placer. Ella busca refugio entre mis piernas, mientras que él me llena por completo. Ya nada queda del frío que me calaba los huesos, ni del silencio sólo roto por mi resistencia; lo que ahora escucho son unas malditas campanitas, chillonas, irritantes, que me gritan que salga de la cama…mierda, otra vez me quedé dormida, voy a llegar tarde al trabajo.





Patxi-Hinojosa
Yo creo que se había sobrepasado ese límite, amiga Magali, aunque solo (¿solo?) fuera en sueños. Me ha encantado este más que sensual relato. Mi voto y un fuerte abrazo.
Jorge.Fénix
Buena creación de una atmósfera de pleno erotismo. Por mi parte propondría alguna vuelta de tuerca, como que no fuera un sueño, o que al despetar se encuentre en el trabajo con compañeros con quienes habia soñado.
Sólo.D
Me gusta cómo la atmósfera va cambiando, añadiendo y mutando elementos, con una muy buena descripción.
Saludos!
Joaquín.Solari
Magnifico desenlace.
Erotismo, suspenso, y un toque de comicidad al final.
Me encantó.
Felicitaciones.
Cristianp
Excelente relato, pleno de erotismo y sexualidad. Estoy de acuerdo con Fenix, en quizás darle una vuelta de tuerca al final. Es decir, animarse a salir un poco del terreno de lo soñado y pasar al terreno de lo vivido. Mi voto y un abrazo.
VIMON
Erotismo pleno, Magali, muy buen micro.
Mabel
¡Excelente! En toda su plenitud. Un abrazo Magali y mi voto desde Andalucía
Magali.Barletta
Gracias compañeros por sus amables palabras y sugerencias, las aprecio mucho. Un gran abrazo.
Iván.Aquino L.
Votado, saludos.
Alberto
Increíble relato sobre ese sueño ambiguo y mojado. Saludos.
dajo
“que el vello de mi cuerpo se revele, se ponga en guardia”, me atrapó, después nade en tanta humedad, al final me divertí. Conmigo, lo lograste.
jon
Si he de ser sincero, querida Magali, lo que más ha llamado mi atención es la profesionalidad con que tratas las palabras, concisas, claras y exentas de otro significado que no sea aquel para el que las escogiste.
La trama de este micro apenas si podría ser una disculpa, lo expectacular es esa simbiosis de encadenadas palabras que circulan libres y cargadas de ensoñación.
Excelente trabajo.
Un abrazo.