Manosanta

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Casi todos los escritores que conozco aman su niñez; yo detesto la mía. He aprendido poco y mal a crearme a mí mismo, si crearse significa amoldarse a esta posada sin rutas que se llama vida. A veces he sabido actuar, pero el interés de la acción, salvo cuando se eleva a la historia, está en lo que hacemos, y no en lo que decimos.

André Malraux, Antimemorias (1967)

Manosanta

“Llegamos de noche. Fuimos directo a la comisaría. El sargento dormitaba en el escritorio. La tele hacía ruido a frito. Por ahí vino el comisario, puro y bigote, hombre de pelo en pecho,  musculosa, voz de autoridad y dijo que teníamos  que estar muy temprano- a las cinco de la mañana- porque después se llenaba y  no había más lugar.

– Oiga, el auto me lo deja por acá, eh-

– ¿por?, dijo mi viejo

– por el lugar, hombre, no ve: acá hay que respetar la tierra y al santo.”

A mi viejo le gustaba contar historias. Mi vieja cebaba mate  mientras él recordaba

“El pueblo, húmedo. La noche, ni un alma. Salimos para lo del santo. Caminando.  Árido el sendero repleto de piedras. Y de mosquitos. En el vía crucis nos pinchamos con los arbustos, una senda oscura y angosta, todo lleno de ramas.

Cuándo al fin llegamos una mujer gorda nos dio un número escrito en cartón de caja.  Había gente sentada, algunos humeaban el aliento frío.  Bueeeeenas, dijimos, y nos acomodamos en la fila. Un silencio como en la iglesia. Campo abierto, noche de invierno. Al rato nos soplábamos las manos a ver si todavía las teníamos. El rancho sucio, con  patos y gallinas sueltas, todo  lleno de guano. Teníamos el 27.

– Primera vez? –  dijo uno con bombacha de gaucho, mate en mano.

– Primera, dije.

– Ya va a ver. Acá  vienen de todos lados, es muy  milagroso. Yo vengo siempre.

Lo decía como si quisiera que yo me emocionara. Pensé que si volvía siempre  se veía que a él  no le había sido tan útil. Un perro flaco se rascó  la oreja y se acomodó un rollo en la tierra. Esperamos. Cada vez hacía más frío.

Todavía era de noche cuando la mujer-  que pase el veintisiete-  dijo. Y yo pasé.

– Espere ahí que ya lo atiende-  de malas, con ganas de seguir durmiendo.

Entré en un cuarto pelado. Había una silla. Me senté. Un bicho verde caminaba por el revoque caído, subía directo a la tela colgante. Bajó la araña, enorme, bien alimentada. Lo envolvió y chau, desapareció. Apenas entré, se escuchó un chasquido. Un ruido fuerte, como el  clak clak de una máquina. No lograba darme cuenta qué era. La bombilla de luz  colgaba de un cable. Ventilador no había.

Al rato, de entre una cortina de caña,  salió un tipo  rengo. Se le veía que había llorado. Saludo a alguien adentro, gracias, gracias maestro, se puso el sombrero.

– Ave maría- me saludó.   Ave – dije yo como si supiera.»

 

–          Sin pecado concebida-   dice mi vieja

–          ¿Vos  crees en esas pavadas? – le dijo mi viejo a los ojos.

–          Ella no contestó y le alcanzó un pastelito.  Mi viejo estiró la mano y continuó.

Seguía sonando el clak –  clak.

El rengo se fue, rengueando. No sé cuál sería el milagro.

Atrás apareció sanador,  chancleteando alpargatas, boina, poncho de lana, una cara de frio. Que pasara, dijo. Vi una mesa, la Virgen María, Pancho Sierra,  velas,  dos sillas. Me senté. Estábamos uno frente al otro.  Ninguno de los dos hablaba.

Nos miramos un rato.  Olía a cera caliente, lleno de velas,  parecía una capilla ardiente. Yo nada. El tipo tampoco.

Al rato se ve que se aburrió porque me habló, qué lo trae, dijo.

–          El intestino. Está  rebelde, le dije.

–           Desde cuándo.

–            Unos veinte años.

Ahí se puso serio, se llevó la mano a la frente como si pensara.

–          Es grave –  dijo.

Medio me asusté. Este sabe, dije.  Él tipo así  de repente, entró como en un trance y empezó a chasquear los dedos, fuerte. Ahí reconocí el ruido que había oído. Chasqueaba y hacía sonar el aire y cantaba como un lamento. Danzaba con los ojos cerrados, creí que se caía. Casi se chocaba contra las paredes. Y de repente, ahí nomás, empezó a dar vueltas en el aire.

Me espantaba.

Cuando terminó de girar, dijo que eran “cosas bajas” y, que  yo las tenía desde joven, pero ahora mucho más. Me espanté peor cuando agarró un muñeco de un estante y me lo puso en el pecho. Un muñeco negro, todo sucio y me lo sacudía encima como un plumero. De golpe se emprendió a fregarme el muñeco por la espalda mientras soplaba,  como si dijera algo. Ahora me contagia de algo, pensé, Me pasaba esa roña por la espalda. El tipo me separa las piernas mientras caminaba con ese espantajo,  mientras me bufaba alrededor. El chasquido ese, iba cada vez más rápido. Clck clack clack. Se ve que al rato se cansó de dar vueltas, e hizo  que caía agotado. Se sentó en una de esas sillas destartaladas. Por poco se va al suelo. Entornada la mirada, con un ojo me miraba.

–          ¿Qué tengo?- pregunté.

–          El intestino rebelde”-  dijo solemne.

Chocolate por la noticia. Ya se lo había dicho yo.

–          Ahora se me va al pueblo y compra pastillas Tuil. “

 

Eran unas pastillas que te vendían en la farmacia, más viejas que tu abuela, interrumpió mi mamá. Mi viejo no dijo nada y  siguió el relato.

 

–           Pero escuchemé, esas pastillas no existen más.

–          ¿No diga? Entonces mi amigo,  va y se me compra unas ciruelas. Las lava bien y las deja  en agua toda una noche. Después las come yse toma el jugo en ayunas”

–          Eso lo hago hace años.

–          ¿Y?

–           Nada.

–          Entonces, mi amigo: rece.

–          ¿Rezar?

–          Rezar

–          Yo no rezo.

–          Por eso no le funciona.

Y me había cobrado para decirme eso.

El brujo dijo unas palabras, me hizo unos pases más, y adiós. Si para cagar tengo que rezar, estamos bien jodidos, pensé.

–     En algo hay que creer-  dijo mi vieja.    

–     Vos sí que tuviste suerte conmigo-  dijo él.

–          Pero, y  el comisario ¿qué tenía que ver en la historia? – dije  yo, que también estaba en la mesa. 

–          Se repartían la ganancia. Al final del día, Iban a medias –

 

Comentarios

  1. Mabel

    23 mayo, 2015

    Muy buen Cuento. Un abrazo Enma y mi voto desde Andalucía

  2. Moebius

    25 mayo, 2015

    muy bueno, Philma, argentino de pura cepa…muy visual. Un saludo y mi voto.

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