CAPITULO VIII
Feonis el Bravo
La Corte de Feonis destacaba por una cosa entre sus principales: el salón consistorial estaba ubicado debajo de un gran acuario, lo que hacía las delicias de los cortesanos, que no cesaban de ridiculizar semejante gusto arquitectónico.
-Voy a darte algunas indicaciones para que puedas salir vivo de esta Corte, Gotam –le dijo Abbaya en tono jocoserio-: si ves que me toco la barbilla, quiere decir que te has topado con un “hermano”, es decir, un patriota oxatoriano; si es en la frente, un noble argerna de Feonis, un ortodoxo imperial, aunque no todos son así, especialmente en esta corte, ya pronto lo averiguarás; si el pelo, un rico comerciante, como yo, que va y viene; si es la nuca, entonces se trata de un político, el más peligroso de todos los especímenes de esta pecera, pues no sólo va y viene sino que oye, habla y actúa, jejeje.
-Ja, ja… Entiendo.
-Sé que suena ridículo, Gotam, pero ten cuidado. Por etiqueta y protocolo, te ruego que les digas que sí a todas sus opiniones.
-Seré una especie de medallita de oro, Abbaya, no te preocupes.
-¿Me lo prometes, Gotam? Es necesario, pues espero un favor de Feonis en estos días.
-Te prometo que con todos ellos seré cortés y condescendiente, por mor de ti y tus negocios.
Abbaya posó su mano sobre un escáner que un empleado sostenía y le fueron abiertas las gigantescas puertas del salón consistorial. Abbaya hizo una genuflexión al poner un pie sobre la alfombra, en tanto que Gotam agachó simplemente la cabeza. La sala estaba llena y los presentes –nobles, comerciantes, políticos, congresistas y oposición- se hallaban amontonados y excitados como si estuvieran dentro de un bullicioso mercado. Uno de ellos se acercó a Abbaya y lo saludó con efusión.
-Mi querido Abbaya –dijo abriendo los brazos-, por fin te veo.
Abbaya se tocó la nuca.
-¿No me digas que este señor es el sabio Gotam? –dijo señalándolo.
-El mismo –dijo Abbaya lanzándole una mirada a Gotam.
-El placer es mío –dijo Gotam dándole la mano.
-Mi nombre es Osala –dijo éste cogiéndosela-. Finalmente tengo el placer de conocer a uno de los hombres más temerarios y exitosos de la Galaxia. A propósito, ¿qué lo trae por estos lares?
-No es para tanto –le respondió Gotam, sonriendo-. Una vieja amistad me ha traído aquí –y al decir esto palmoteó el hombro de Abbaya.
-Me preguntaba –siguió Osala con un deje de sorna-, si no tendrá algo que ver el anuncio de la próxima unificación que llevará a cabo el imperio con el cúmulo magallánico; ¿se ha animado al fin a celebrar las buenas nuevas con nosotros, eh?
Gotam cerró por instante los ojos; sintió agruras en el estomago.
-Pues creo que ya era hora que volviéramos a nuestro lugar de origen –dijo devolviéndole las palabras y el tono.
-¿Pero qué es lo que estoy escuchando? –preguntó sorprendido Osala-. ¿Qué quiere decir con eso?
-Es un decir nada más –dijo Gotam.
-Me gustaría que aclarara ese punto –pidió Osala dando un paso adelante.
-Me temo que será después de acabar la entrevista con Feonis –irrumpió Abbaya de presto-. Y con su permiso, congresista Osala, creo que un administrativo del Gobernador Feonis nos llama. Qué le vaya muy bien.
-Pero, pero… -dijo entrecortado Osala.
-El placer ha sido mío –exclamó Gotam alejándose.
-¡Abbaya, Abbaya! -se escuchó una voz cruzar la sala.
Era un señor de traje ajustado, hombreras y capa, a la usanza oxatoriana, el que se acercaba. Abbaya se tocó la frente. “Tranquilo”, le dijo a Gotam en una mímica,“no un noble, sino un administrativo”, es decir, un empleado de la corte.
-Te vi hablar con Osala –dijo con el semblante mal partido-. Es un ser despreciable. No sé cómo puedes codearte con tipos de esa calaña. Oh disculpa –se excusó enseguida al ver a Gotam salir de la espalda de Abbaya-. ¿Es tu amigo Gotam, del que tanto me has hablado? ¿Y dónde está el otro? ¿Cómo le llamas?
-Kenú –dijo Abbaya-. Este es mi querido amigo Gotam.
-Me siento honrado de conocerlo, señor –dijo el cortesano-. En cuanto usted necesite algo de la Corte, hágamelo saber de inmediato, que con gusto le atenderé y haré lo apropiado por resolver su asunto. ¿No es así, Abbaya?
-Puedes tener la certeza, Gotam, que nuestro apreciado amigo Umelov está aquí para ayudarnos. Le debo tanto. Vamos, amigo, qué me cuentas ahora, cómo va el movimiento en la Corte.
-Hay una solicitud de veto por parte de los patriotas oxatorianos que tiene a Feonis de mal genio.
-Pues te cuento, todo ha comenzado con una moción presentada previamente por Osala, en la que pide la implementación de un impuesto de hasta el 50% a todo aquellos que no demuestren que tienen ascendencia argerna, y pide como mínimo, si el agente quiere comerciar con un descuento del 25%, que sea un cuarterón; es decir, que si no provienes de una línea sanguínea argerna, no podrás ejercer más el comercio si no es tributando la mitad de tus ganancias.
-Pero cómo ha podido salir de su mente semejante mamarracho.
-Al parecer quiere congraciarse con Feonis, pues pretende la concesión de suministros cibernéticos al ejército. Es todo un idiota el tipejo éste. El congreso planetario ha pedido ya su remoción de la Corte y que sea suspendido por su partido, el de los Nobles.
-Ni qué decir.
-Lógicamente –siguió Umelov-, la reacción de los patriotas oxatorianos no se ha hecho esperar y pronto han impugnado tal adefesio, e incluso, han pedido el encarcelamiento de Osala en el acto. No hace poco, en las calles, quisieron lincharlo. Hubo incluso una que otra manifestación pública. Los nobles, por supuesto, han sacado en cara al pueblo que gracias a ellos la luz de civilización resplandece en Oxator.
-Siendo un octorón de lo más rastrero, este Osala se lo tiene bien merecido…
-No obstante, Osala no cabe de alegría al ver la reacción de la oposición y, como puedes verlo ahí, anda muy feliz gritando a los cuatro vientos que él es el único cuarterón en Oxator en quien Feonis puede confiar.
-¿Y qué ha dicho Feonis?
-Feonis se ríe nada más cuando lo recuerda, y como ha estado aburrido y arisco, el espectáculo le ha caído de perlas. Los últimos días ha gozado de un excelente humor, aunque a medias, como te he dicho.
-Ya veo –dijo Abbaya-, nuestros males lo divierten.
-Ya sabes cómo es esto de la política, Abbaya.
-Sin embargo –se cruzó de pronto Gotam-, aparte de que esto quede como una anécdota en la Corte, estoy seguro que Osala esconde una razón más poderosa, pues es posible que ya haya calculado lo de la concesión –sabe que no se la darán-, pero al menos pescará un cargo en la Corte que sirva de contención a los patriotas del Congreso. Y eso significa que será bien retribuido monetariamente por Feonis, cosa que, sinceramente, no le importa, pero si la cuota de poder dentro de la misma. Feonis tendrá que cuidarse en lo sucesivo. El tipo es listo y sabe manejar la inteligencia emocional de la población.
-Me describes un escenario que verdaderamente desearía que no sucediera, Gotam.
-Entiendo tu punto, Abbaya. La degeneración del espíritu universal es lo peor que podamos ver pasar ante nuestros ojos.
Umelov calló ante aquellas palabras de Gotam y quedó prendado del comentario. “¿Cómo podía este argerna ser tan certero en su visión?”. Enseguida, le dijo:
-Disculpe, Gotam, mi intempestiva posición al respecto. Veo que usted sostiene otro tipo de opiniones en relación al trato entre humanos y argernas.
-No lo creo –le respondió Gotam-, es simplemente sentido común.
De pronto, se acercó un urgido cortesano al grupo. Uno de ellos, le susurró en el oído a Abbaya.
-El gobernador Feonis quiere hablar con usted. Sígame.
-Por supuesto –respondió Abbaya en el acto-. Ven conmigo, Gotam.
Caminaron hacia una estrecha cámara ubicada en la parte izquierda del consistorio, lucía limpia y cubierta de ribetes rojos y azules, que sutilmente dejaban entrever formas redondeadas y carnavales.
Feonis los recibió parado. Éstos entraron tímidamente.
-Abbaya, tiempo sin verte, ¿cómo estás? Y no, hoy no hablaremos de importaciones ni trigo. ¿Usted es Gotam, el viejo Gotam, ¿no es así?
Abbaya sonrió tendiéndole la mano a Feonis; Gotam quedó en el centro, inmóvil.
-Estoy para servirle, gobernador Feonis –dijo Gotam, moviéndose suavemente, bajando la cabeza.
-Pues me serviría de mucho –le respondió Feonis tomando asiento en un sofá-. Vengan, siéntense. Finalmente tengo ante mí al hombre cuya dos palabras y una proposición han cambiado la faz del Imperio.
-¿Se refiere a mí, gobernador? Se equivoca. No soy más que un humilde habitante de este finito-infinito universo.
-Vamos, no sea modesto, Gotam. Y dígame, ¿cuál fue “su” solución al dilema?
-Pienso que el indicado para responder esta pregunta tan personal es usted mismo, gobernador.
-¿Yo? –exclamó carcajeándose Feonis-. No, Gotam; mi vida es peor que la suya: la mía es insípida, repetitiva, caracterizada por una eterna frivolidad. El sol de Oxator se quedaría pequeño si fuera un almacén que pudiera contener mi estupidez y remordimiento.
“Pero, explíquese, Gotam, cuál es el camino verdadero: ¿la iluminación o la liberación? Y la más letal opción de la historia: ¿Cuál escogería?
“Ah, dos acepciones que, literalmente, han levantado más polvo que todas las botas robóticas juntas de los argernas. ¿Qué se imagino usted que pasaría en esta Galaxia al momento de escribirlas? Seguro que una revolución. “
-En realidad, nada.
-¿Nada?
-Gobernador –dijo Gotam-, me temo que sobreestima el influjo de esas significaciones que, siendo sincero, las escribí para mí mismo en un momento de desdoblamiento anímico. No son, ni han sido declaradas para promover la guerra ni nada que tenga que ver con el deterioro de cualquier ser viviente.
-Pero óigame, Gotam, ¿no se ha dado cuenta de cuántos mundos se han unido a la revuelta justificando su proceder en estas dos palabras?
-No he tenido el placer de mesurar sus alcances, gobernador.
-Media galaxia ha caído bajo el influjo del “camino de la liberación” por un lado y “el de la iluminación” por el otro. Acción y pasividad, ambas tan mortíferas como el no pensar.
“El emperador Zaart Relion mismo ha tenido que ponerse al frente de sus ejércitos para hacer ostentación de su fuerza ante los comandos de la supuesta Hermandad Galáctica y su temible ideario:Libertad es amar y hacer lo que se quiera, asumir todo lo bueno, esté donde esté y venga de donde venga, sin dejar de ser lo que se es. Incluso los argernas mismos se han unido a esta lucha.
“No hace poco un poderoso general de Oriente, Cytec, se rebeló en contra del Emperador, y se dice que llevaba consigo al instigador Darían, comandante supremo de la Hermandad. Lo último que se supo fue que ambos fueron destruidos; sin duda alguna, el reemplazo ya está listo. Y yo le pregunto, Gotam, ¿en verdad el imperio tiene necesidad de esto?
Gotam se mantuvo con una expresión humilde. Dijo:
-El imperio no, pero sus habitantes sí.
-Podría ejecutarlo ahora mismo por sus palabras –dijo Feonis poniéndose en pie-, y sin juicio alguno.
-Gobernador –irrumpió rápidamente Abbaya, levantándose y enrojecido-. Discúlpenos, por favor. Le pido que entienda la posición de mi amigo: su planeta fue arrasado por las fuerzas del Emperador, y un profundo resentimiento cunde en su alma.
-Es verdad –dijo Gotam, entrelazando las manos-; pero no es por mi planeta que hablo sino por la galaxia entera.
-Se atreve a cuestionar la gobernabilidad del Emperador –exclamó Feonis dando pasos a través de la sala-. Y precisamente usted, el que más daño le ha hecho al Imperio con sus teorías. ¿No ve acaso la amenaza que representa usted incluso para sí mismo?
-Gobernador –dijo Gotam casi sumiso-, si yo fuera una amenaza, como usted dice, hace mucho tiempo que el emperador me hubiera borrado de la faz galáctica. Más bien creo que le sirvo de arma.
Feonis guardó silencio y le lanzó una mirada escrutadora a Gotam. Luego comenzó a carcajearse, profunda y reveladoramente.
-Gotam, es usted más inteligente de lo que me suponía.
-Sus palabras me halagan, gobernador.
Feonis se acercó a Gotam, esta vez, en tono amigable. Lo tomó del antebrazo.
-Sabe, Gotam, Oxator se ubica cercanamente a Argernia, cuya corte imperial, siendo sinceros, ha cometido muchos errores para con la humanidad, digámoslo figurativamente así. Yo a usted lo entiendo, y pienso que, amén de las diferencias teóricas que existen entre nosotros, ambos tenemos un mismo fin.
Gotam sonrió para sí. Feonis empezaba a desnudarse.
-Yo mismo –siguió el gobernador-, he visto con qué crueldad el Imperio ha sometido planetas y establecido, soy honesto, castas gobernantes que poco o nada abonan a su gobernabilidad. Yo mismo –volvió a repetir-, he actuado de esa manera, he sido implacable para con mis enemigos, especialmente aquellos enemigos humanos. El imperio así me lo dictaba.
“Pero sabe, Gotam, no me quedé ahí, en el salvajismo visceral. Yo tengo algo más que fuerza, algo más que brutalidad y obediencia irracional, tengo inteligencia, Gotam, el deseo irrefrenable de mejorar las cosas, de perfeccionarlas.
“¡Y vea! –exclamó de pronto-, bajo mi administración, Oxator se ha vuelto rico y benefactor. Estrellas cercanas a mi sistema solar se han aunado bajo mi brazo en torno a la Confederación Oxatariana, reproduciendo e instituyendo mi forma de dirección en sus propios mundos.
“Yo no pienso como el emperador, Gotam, no. Yo no pienso como sus nobles y sus corporaciones, no. ¡Yo pienso por mí mismo, Gotam!
“Y pienso que muchos se acercarán a mí, confiaran en mi buen ejercicio del poder, Gotam, como muchos lo han hecho hasta ahora.”
Abbaya se echó para atrás cuando escuchó decir esto a Feonis y con la cara desencajada vio a los ojos tranquilos de Gotam. “¿Pero qué está pensando Feonis?”, se dijo estupefacto. “Su vista está puesta en la silla imperial”. Gotam guardaba un absoluto silencio. Finalmente dijo:
-Lo veo claramente. Sin embargo, hay algo que le hace falta, gobernador.
-Lo sé. Es por ello que lo he mandado a llamar, Gotam –le respondió.
-Siento decirle que no podré ayudarlo, gobernador. El suyo es un caso de falta de legitimidad histórica.
-Cuándo un bárbaro ha necesitado descender de reyes y dioses, querido Gotam –dijo firmemente Feonis-. Usted no sólo me ayudará, Gotam, sino que lo equiparé con lo necesario para que no le haga falta nada en la misión que usted mismo se ha embarcado ya. Le otorgaré una nave gravítica y los salvoconductos necesarios para que navegue por toda la Galaxia sin problemas.
-Aparte de lo que puedo vislumbrar, gobernador, ¿por qué hace esto?
-¿Le entregó Abbaya un libro que al parecer es intraducible y del que nadie da cuentas en esta era?
-Sí, muy cierto –dijo Gotam, entusiasmado-. ¿Cómo lo sabe?
-Yo se lo di –dijo el gobernador con autoridad-. Ahora entiende que lo que yo más necesito depende de lo que usted descubra sobre nosotros los argernas, Gotam.
“Míreme, -siguió-, no soy un mal gobernador; tengo planes fabulosos para los argernas y la humanidad, Gotam. Considero que antes que una invasión intergaláctica sea planeada, lo que la Vía Argerna en verdad requiere es orden, igualdad, progreso y justicia. Este tiempo, esta era, las circunstancias históricas lo exigen. Hoy por hoy, somos un imperio caníbal que se destruye a sí mismo por dentro, dirigido no por el emperador, no por un congreso cósmico, sino por corporaciones erigida del cerebro de sus lacayunos nobles; el caos gobierna por doquier. Zaart Relion lo sabe, sus administradores lo saben, su ejército lo sabe, pero no saben qué hacer por mor de sus pingues beneficios. Los humanos empiezan a sospechar que no son más que obreros de un engranaje imperial regido por argernas codiciosos e impunes. Ni el emperador ni los nobles ni nadie están dispuestos a sacrificar su cuota de poder por el bien de la Vía Argerna, pero yo sí, Gotam.”
-Es decir –dijo apaciblemente Gotam-, que usted me está pidiendo que viaje por toda la Galaxia hasta que pueda encontrar las claves que descifran el libro.
-Así es, Gotam.
-¿Con qué fin, gobernador?
-Bueno, ya lo dijo usted antes: legitimidad histórica. A propósito –añadió-, ¿hacia dónde se dirige usted?
-Ando en busca del planeta Trantor.
-¿Trantor? Jamás he escuchado algo al respecto. ¿Qué tipo de planeta es ése?
-Fue la primera capital del Imperio de la Vía Láctea, hace mucho miles de años atrás.
-¿Existió un imperio antes que el de nosotros?
-No sólo uno, sino que dos más: el imperio de la Fundación y el de Gaia.
-Increíble. Mándeme un informe al respecto, Gotam, por favor.
-Así lo haré, gobernador. Y gracias por su ayuda. Me es muy valiosa.
-Vayan en paz, amigos.
Y con esto, Feonis dio por terminada la ocasión. Los despachó junto a su secretario privado, quien resolvería cualquier solicitud de Gotam.
¿Qué era lo que había que hacer ahora?, se preguntó Gotam. “Es necesario que prosiga mi camino. Trantor es mi destino”.




Mabel
Muy buena Novela. Me has dejado intrigada. Un abrazo Valentino y mi voto desde Andalucía
Valentino
Gracias Mabel, tú siempre tan amable. Saludos y abrazos.
Iván.Aquino L.
Muy buen texto. Un saludo y mi voto.
Valentino
Gracias Ivan. Un saludo.