La relación entre la retórica de Aristóteles y los Diálogos de Platón

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La relación entre la retórica de Aristóteles y los Diálogos de Platón

El método Aristotélico está presente en los diálogos de Platón, tanto en la estructura de éstos, como en el ejercicio de la dialéctica que caracteriza a los discursos (mayéutica), ya que en los diálogos, las discusiones no se cierran con premisas absolutas y verdaderas sino que siguen un juego de proposiciones entre los interlocutores que provoca que en cada participación se encuentre una propuesta nueva. Con ésta práctica de la dialéctica se puede encontrar en los diálogos un enriquecimiento educativo, ya que el maestro (en este caso Sócrates) utiliza la interrogación para llevar a su alumno (serían los interlocutores) a utilizar sus propios razonamientos para encontrar una respuesta (si la hay) bien fundamentada y posible.

En la Grecia Antigua, el arte de la palabra fue una poderosa herramienta en la política, la enseñanza y la vida diaria en general. Los Diálogos de Platón, y la obra de Aristóteles, hicieron importantes aportaciones en el campo. Sócrates, en los diálogos de Platón, la abordó principalmente con Gorgias o de la Retórica y Fedro o del Amor; en cuanto al ejercicio de la dialéctica el diálogo Teetetes o de la Ciencia presenta un excelente ejemplo del correcto uso del método que posteriormente realizaría Aristóteles en la Retórica y el Organón.

Aristóteles desarrolla un método de la retórica, dando como resultado un importante compendio para la aplicación de ésta. Un rasgo importante en la retórica previa a la propuesta aristotélica es que, a juicio de Aristóteles, la parte argumentativa había sido descuidada, y el discurso se enfocaba en producir emociones en los auditores, Aristóteles no rechaza las apelaciones a la emoción o a la piedad, al contrario, reconoce su función, sin embargo, insiste en que dichas apelaciones se sustenten en el discurso mismo, es decir que tengan una base argumentativa, y no sea simplemente la emoción por la emoción, hace hincapié en que debe haber un método y un argumento posible. Aristóteles hace una unión entre dialéctica y retórica, que está muy relacionada con el Fedro de Platón, donde Sócrates utiliza la palabra persuasión como parte de la definición de la oratoria, y Aristóteles coloca a la persuasión como una de las características propias de la retórica, considera que es “un vástago de la dialéctica y del estudio del carácter que puede llamarse propiamente política”, toma su forma de la primera y sus asuntos de la segunda.

En cuanto al uso adecuado de la retórica, a diferencia de Aristóteles, (que no aborda la retórica desde un punto de vista moral, sino que se enfoca a explorar y aplicar las cualidades de la retórica, y la relaciona con la lógica por su carácter argumentativo) en el diálogo Gorgias o de la Retórica, Sócrates desarrolla una extensa crítica del valor moral e intelectual de la retórica, concluyendo de manera poco favorable para ésta. En cambio en Fedro o de la Belleza, Sócrates trata el tema desde una perspectiva distinta, demostrativa; durante el diálogo, Sócrates ilustra a Fedro haciéndole ver cómo se aplica la retórica, y demostrándole lo engañosa que puede ser la palabra mal administrada, al mismo tiempo que ejemplifica el uso correcto del método oratorio, demostrando que la exposición correcta del discurso no se sostiene en la validez de las premisas.

Sobre la práctica de la dialéctica, Aristóteles en el libro III de los Tópicos, elabora un método para la correcta interrogación, y valora cuáles son las herramientas más apropiadas para el diálogo. En cuanto a Platón, la dialéctica está siempre presente en los diálogos; en el Teeteto o de la ciencia, Sócrates explica que el camino al conocimiento es a través del diálogo, y radica en la propia búsqueda de éste; ésta misma idea esta presente en Aristóteles en el libro VIII de los Tópicos principalmente, aunque lo repite en el libro I de la Retórica, y también en el I de los Tópicos, donde claramente dice que el ejercicio del diálogo enriquece al conocimiento, aquello en lo que no cabe duda o que no se presta al diálogo (certeza científica), no pertenece a la retórica ni a la dialéctica.

Libros I y III de la Retórica y su relación con los diálogos (Gorgias y Fedro).

“La retórica es una antistrofa de la dialéctica, ya que ambas tratan de aquellas cuestiones que permiten tener conocimientos en cierto modo comunes a todos y que no pertenecen a ninguna ciencia determinada”. (ARISTÓTELES, 1994; p. 161).

Antes que nada hay que aclarar los puntos principales que, Aristóteles considera, son necesarios para la retórica, ésta es, al igual que la dialéctica, un saber de orden formal-lógico que no debe tratar de ninguna ciencia determinada, ya que los objetos de la contemplación no se prestan a la deliberación; otro punto importante es la del juicio moral, no como tema de deliberación, sino para acusar o eliminar un discurso como malo, por utilizar las herramientas necesarias para exponer el discurso. Aristóteles considera que dentro del discurso lo más importante es exponer el hecho dentro de su probabilidad, las circunstancias del hecho que no participan en su demostración, son irrelevantes, en este punto el diálogo de Gorgias y Aristóteles chocan en sus opiniones, ya que en este diálogo, centrado fundamentalmente en el valor de la retórica, encontramos que, a juicio de Sócrates, las palabras adulación y rutina encajan mejor con lo que la retórica practica. Comienza definiéndola, él explica que la retórica es una simple rutina, que adulando consigue ofuscar el buen juicio de la audiencia y convencerla de cualquier cosa, sin necesidad de que sea verdad, por lo tanto, Sócrates considera que la retórica es algo feo (que no es digno de virtud ni de elogio), puesto que la habilidad de convencimiento no radica en la verdad, sino que se basa en el virtuosismo del orador. Persuasión es lo que, según Sócrates, sucede en la rutina retórica, sostiene que no es necesario conocer cada uno de los recovecos de un tema para poder hablar bien de éste, lo cual convierte a la retórica en un medio para presentar, pero que por sí misma no tiene valor, ya que es solamente una parte de algo. Sócrates expone dos puntos principales en cuanto a la retórica que carece de verdad, cuando su función radica en persuadir, sin importar que tal adulación sea falsa o que el resultado de tal persuasión resultara injusto, Sócrates sostiene que carece de poder real, y ya que su raíz es falsa, su resultado será perjudicial para aquel que presente algo falso como verdadero, y por consiguiente no causa felicidad, ya que, como Sócrates deja en claro en su discusión con Polo, aquel que es injusto no puede ser feliz, el victimario siempre saldrá más perjudicado que la víctima. Sócrates indica el parentesco entre los sofistas y los retóricos, en cuanto a su moral floja, que se inclina a su mejor conveniencia, y también en base a que, tanto los sofistas como los retóricos, se apoyan en su buen manejo del lenguaje para convertir a la palabrería en algo aparentemente verdadero y complejo.

En el punto anterior Aristóteles no está de acuerdo ya que éste considera que la persuasión es parte de la demostración y está presente en toda línea de pensamiento de cualquier idea, ya que al tener una convicción, como la palabra lo indica, hay un auto-convencimiento de alguna cosa, es decir, nos estamos persuadiendo para creer algo.

“El método propio del arte es el que se refiere a las pruebas de persuasión y que la persuasión es una especia de demostración, puesto que nos persuadimos cuando pensamos que algo esta demostrado; como por otra parte la demostración retórica es el entinema y este es el más firme de las pruebas por persuasión; y el entinema es un silogismo y sobre el silogismo corresponde tratar a la dialéctica”. ( ARISTÓTELES, 1994; p. 167).

El argumento en el Gorgias no se podría aplicar a un diálogo con interlocutores de distintas posturas. Si no hubiera ningún tipo de persuasión en el discurso, se estarían simplemente numerando hechos, y el diálogo no podría llevarse a cabo. Aristóteles en el libro I de la Retórica supera estas objeciones (ARISTÓTELES, 1994; p.161).

En el diálogo de Fedro o del amor, se aborda nuevamente el tema de la retórica, pero se le verá con otra perspectiva, aquí el comparativo también estará enfocado a la persuasión. Sócrates y Fedro pasan toda una tarde ejemplificando la verdadera y la falsa retórica, respectivamente. En este diálogo Sócrates presenta el otro lado de la retórica, opuesto a aquél que se había expuesto en el Gorgias, aquella retórica de engaño. En este diálogo, el engaño no está deslindado de la retórica, pero se le presenta desde un ángulo distinto, el ángulo del tema en sí. Sócrates explica que las materias en las que más fácilmente podemos extraviarnos, aquellas que involucran cosas inciertas y dudosas, resultan ser en las que la retórica tiene mayor influencia, y puntualiza que debe hacerse una distinción entre las cosas sobre las que resulta imposible dudar y aquellas que, por el contrario, no están muy claras.

Este argumento se utiliza en el diálogo como una característica engañosa de la retórica, sin embargo Aristóteles considera que lo únicos temas que deben tratarse en la retórica y en la dialéctica, son precisamente ésos, los que se prestan a la duda, los que no están claros y por consiguiente dan cabida a la discusión, a la reflexión, al diálogo, como ya se ha repetido anteriormente, aquellos temas en los que la duda es imposible, no son objeto de la retórica y la dialéctica.

“El que se proponga abordar el arte oratorio, deberá haber hecho antes metódicamente esta distinción, y haber aprendido a distinguir, según sus carácteres diferentes, las cosas sobre las que fluctúa naturalmente la opinión del vulgo, y sobre las que la duda es imposible”. (PLATÓN, 2012: p. 319).

En el diálogo con Fedro el amor resulta uno de esos temas en los cuales la duda aparece, y Sócrates le hace ver, que el hecho de que ese tema fuera incierto, era lo que había facilitado que Fedro hablara con tanta ligereza del asunto, y en palabras de Sócrates “arrojara lo que le ha venido al espíritu”. La falta de certidumbre en un tema como el amor, explica Sócrates, hace que el asunto sea susceptible a malas interpretaciones y evidentemente a discursos ligeros, carentes de estructura. Sócrates expone que todo discurso, independientemente del tema, debe tener una estructura, compara al discurso con el cuerpo y dice que debe tener cabeza, pies, extremidades y medio, perfectamente proporcionados entre sí y en relación con su conjunto, aquél capaz de cumplir con esas características en su discurso y manipular al derecho y al revés las ideas de éste, sabe, según Sócrates, hablar bien y pensar bien, y les llama dialécticos, pero aquellos a los que llama hábiles parlantes, pero no precisamente hábiles pensadores, son los sofistas, claramente, aquellos que no saben hacer discursos. Pone de ejemplo el discurso con el que llegó Fedro, el discurso de Lisias, que carecía por completo de estructura, se contradecía, y básicamente era una masa de palabrería para convencer a los distraídos.

El punto anterior es menos estable en cuanto a las opiniones de los dos autores que se están tratando, ya que por un lado Sócrates le explica a Lisias que la falta de certidumbre en un tema tratado facilita la falta de estructura, pero un tema, en palabras de Aristóteles no tiene porqué depender de su certidumbre, ya que la retórica consiste en organizar y exponer lo adecuado o necesario en cada caso para convencer.

Dejando de lado la valoración de la retórica y los temas que ésta debería tratar, hay que hacer un enfoque en lo que Aristóteles considera el método apropiado de la retórica y cómo se puede encontrar su utilización en éste diálogo ya que hay una serie de discursos, de prueba y error en los dos interlocutores. Fedro en el discurso que lleva escrito, ejemplifica en palabras de Sócrates aquello que no debe hacerse, y al observar el Organón y la Retórica es claro que, en cuanto al método, Aristóteles y Sócrates están de acuerdo, y Sócrates por medio de dos discursos más le demuestra cómo se utiliza la retórica y cómo debe estructurarse un discurso, por un lado el método apropiado, que es toda la estructura que explica Aristóteles, principalmente en el libro I de la Retórica, y por otro lado, se encuentra también ejemplificado en Sócrates el tema de la correcta expresión que Aristóteles dedica al libro III.

Aristóteles mantiene a la retórica y a la lógica estrechamente vinculadas y divide los medios de persuadir en dos tipos: los ajenos y los propios; los primeros se basan únicamente en aquello que ya existe y sólo debe ser empleado, tal como los testimonios, pruebas, etcétera, y los segundos (los técnicos) son los que tienen que ser inventados por el orador.

El tema de la dialéctica y el aprendizaje en lo Tópicos libro VIII y Teetetes o de la Ciencia.

En los Tópicos, Aristóteles deja claro que el fin del tratado es encontrar un método para formar toda clase de silogismos sobre todo género de cuestiones que se presten a la dialéctica, y que logre, al sostener una discusión, mostrar el argumento por medio de proposiciones probables. En el libro VIII habla de las maneras de emplear el método, explica cómo hay que interrogar y el orden que lleva la exposición del discurso. La idea Aristotélica que más converge con lo que se ve en los Diálogos de Platón es que la interrogación es la herramienta más útil para la búsqueda y el enriquecimiento del diálogo; la discusión entre Sócrates y Teetetes muestra de manera clara esta herramienta, en este diálogo Sócrates se basa en los argumentos de Teetetes para que éste formule un nuevo razonamiento basándose en su argumento anterior y transformándolo en base a lo que Sócrates le haya preguntado (esto es la mayéutica). Es decir que en el diálogo se está desarrollando un sólo argumento basado en las refutaciones de Sócrates, esto puede compararse con el modelo argumentativo de Toulmin, en el cual una vez presentado el argumento y sus datos, se presentan las refutaciones, y en base a éstas refutaciones sale un nuevo argumento, más fuerte y que es el que debe ser utilizado.

En éste diálogo específicamente hay un juego maestro-alumno, muy claro, ya que Teetetes comienza diciendo que no tiene muy claro cuál es la respuesta correcta, y Sócrates le propone encontrar lo que no tiene claro, por medio de algo que sí conoce, Teetetes comienza con una propuesta, Sócrates no considera que ésta sea la correcta o final y lo que hace, en lugar de simplemente decirle cuál es la respuesta, es interrogar la propuesta del otro, y proponer nuevos conceptos para que Teetees los relacione con su argumento anterior y tenga que hacer nuevas definiciones; Sócrates de alguna manera, manipula el pensamiento del interlocutor para que éste se de cuenta por sí sólo de cuál es el mejor argumento, o la respuesta correcta. Sócrates en ningún momento dice que las cosas no son así, o que su interlocutor está mal, de hecho Sócrates nunca reconoce tener la verdad absoluta de nada, lo que hace es utilizar el propio razonamiento de su interlocutor e interroga y refuta las aseveraciones de éste, para construir un argumento fundamentado y posible.

En conclusión, por medio del uso correcto de la retorica se busca exponer un buen argumento, y el ejercicio del diálogo se da cuando llega la refutación de nuestro interlocutor, lo cual causará el enriquecimiento de ambas posturas. Para fines educativos el diálogo es una excelente herramienta para el aprendizaje ya que, como explica Sócrates en el Teeteto, el alumno forma parte de la construcción de las ideas y éste es el que descubre, por medio de su propia linea de pensamiento, la aserción “correcta” o probable, por lo tanto se puede considerar a los diálogos de Platón como un excelente ejemplo de la aplicación del método aristotélico de la dialéctica y la retórica en los Tópicos y en la Retórica.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Aristóteles. (2001). Tratados de Lógica (El Organón). México: Editorial Porrúa.

Aristóteles. (1994). Retórica. España: Editorial Gredos.

Parain, Brice. (1986). Historia de la Filosofía, Volumen II. México: Editorial Siglo XXI.

Platón. (2012). Diálogos, Núm. 13A. México: Editorial Porrúa. Platón. (2012). Diálogos, Núm. 13B. México: Editorial Porrúa.

Rodríguez Bello, Luisa Isabel. (2004, 21 de enero). El Modelo Argumentativo de Toulmin en la escritura de artículos de investigación educativa. Revista digital universitaria: UNAM. Volúmen 5, número 1.

Xirau, Ramón. (1989). Introducción a la Historia de la Filosofía. México: UNAM.

Comentarios

  1. Tinta.Negra

    30 junio, 2015

    Muy interesante; desde mi punto de vista, puede ser un excelente método para introducir a los niños a la filosofía. Felicidades por tu ensayo, y gracias por compartirlo.

  2. Mabel

    30 junio, 2015

    Muy buen texto. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  3. gus-fito

    12 julio, 2015

    gran texto……
    me agarraste con tu estilo
    vamos con el voto…

  4. Wolfgang

    12 julio, 2015

    Si subieses ahí algún trabajillo sobre Nietzsche y la voluntad de poder me salvabas la carrera.

  5. Claudio_3

    19 julio, 2016

    Un texto muy informátivo, es un placer leerlo. Este texto merece ser publicado. Saludos

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