Dura es la vida

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A mi padre, el mejor ratón de todos

Dura es nuestra vida, no lo vayas a negar/ No lo niego/ Te creo/ ¿Quién te dijo que lo negaba?

Dura es, como sólo sabe serlo ella. Con sus dedos gruesos, con su piel de plomo.

Y es más dura cuando se le enfrenta, cuando uno alza el pecho, levanta la cabeza y decide no sonreírle a la tierra. Ahí es más dura.

Es tan dura la cabrona que cuando la retas juega contigo. Eres un títere. O mejor un ratón. Eres un ratón y ella un gato. Sabes que frente a ella vas a morir, y eso es triste.

Igual te vas encima de ella, te toma por el pelo, te saca las entrañas y vuelve a dejarte en la basura. Tus amigos ratones, tus hijos, te vuelven a sacar la basura. Hacen un trabajo extraordinario de taxidermia. Te rellenan con felpa, te ponen ojos nuevos y te vuelven a sacar al ruedo. Y tú, más tieso, sigues lanzando un escupitajo a los pies del gato.

El gato se ríe. Se dirige a ti y te acaricia con la pata. Quisieras llorar, pero ya ni lagrimales tienes. Sólo te quedan unos ojos de botón que miran al gato y que no piden compasión. A la mierda la compasión. El gato se extraña, pero hace lo suyo. Te agarra del cuello, te sacude y vuelve a dejarte en la basura. Hasta las moscas han entendido que el gato es un hijo de puta. Toda la comunidad te vuelve a armar. Tu hija pequeña trae un brazo recién remendado. Tú la abrazas y sales a morirte otro día. El gato está dormido en el rincón, cómodo, cabrón.

El gato ya tiene los bigotes ensangrentados. Rojos. Hilos rojos. Ya se jodió a miles ¿tú qué vas a hacer contra él? Igual lo retas. Le vuelves a escupir en las patas y le dices que venga. Esta vez entre los dos hay una dinámica, un baile pactado con el resultado obvio, él siempre gana.

Por eso, esta última vez que te levantas, te ves en un charco de tu hoyo de ratón y observas que, pese a ser remendado una y otra vez, estás envejeciendo. Tu pelo está más gris. Por eso te lo vuelves a pintar, hasta que la felpa también se vuelve negra con la tinta. Sales del agujero y vuelves a ver al gato. Te vale verga, vas otra vez por él. ¿Por qué? Porque si el gato no se entretiene mata a los demás. Carajo, sabes que para eso hay que tener cojones. Todos lo saben.

Esta vez, la vida te da tregua. No entiendes por qué. Por coraje le pegas y le pegas, la muerdes con los pocos dientes que te quedan. Pero ella no hace nada, te sonríe. Esa sonrisa que has visto toda la vida, la máscara inmutable. El director de la obra. El señor feudal. El boss del videojuego. Tú le reclamas, le chillas. Pataleas tanto que las costuras se te deshacen. El gato se acerca. Te toma con los dientes y te lleva a quién sabe dónde. Con forme avanza, se te sale la felpa. Ves caer las bolas blancas a tus pies. Miras arriba y ves el hocico del gato y sus bigotes que se mueven con el viento. Delante de ti, cuando ya estás hecho un trapo, alcanzas a distinguir la boca de la chimenea encendida. El hijo de puta quiere acabar de una vez contigo. Le pegas, o crees pegarle con tus manitas de trapo, hasta que ya no tienes fuerza. Ya no queda felpa. Ya no queda energía. Entonces, el gato se detiene, agacha la parte delantera de su cuerpo, te hace tocar el piso sin soltarte, alza su parte trasera y sale corriendo hacia el fuego. Los dos entran, sin dolor, fundidos, hermanados.

Tú hija te dice adiós papá, se aleja de la cama de hospital y sale a la sala de espera. Le da la mala noticia a la familia.

 

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Comentarios

  1. claudia.serra

    24 julio, 2015

    Tepos, esto es hermosísimo. Te daría 100 votos por un texto así. Porque es tierna filosofía. Un juego dinámico maravillosamente descrito entre esas dos contrapartes alegóricas. Y es claro que, en tren de homenaje, has debido tomar partido por ese valiente. Bravo por él, bravo por vos que encontraste el tono para tu héroe quimérico. Mi voto entusiasta y mis saludos.

  2. Mabel

    24 julio, 2015

    ¡Me encanta! Un abrazo Tepos y mi voto desde Andalucía

  3. Eva.Franco

    25 julio, 2015

    Definitivamente, es un texto que lleva un gran mensaje, para leer una y otra vez.
    Una vida que debemos enfrentar con valentía más allá de lo vivido, o lo que esperamos vivir
    Lo dicho, es un cuento que mueve el alma…
    Mi voto y un empujó a ese ratoncito a portada

  4. Crónicas.de.una.española.en.Viena

    28 julio, 2015

    Bravo, bravo, bravo! Un relato espectacular, de los que merece ser releído y eso mismo voy a hacer.
    Mi más sincera enhorabuena. Te sigo y mi voto por descontado.
    Un saludo desde Viena

  5. Gusadro

    2 agosto, 2015

    Muy buen texto, en verdad. Me has hecho recordar a mi abuelo quien siempre ha sido un pobre raton frente a la vida, pero sigue con vida y eso es lo importante. Saludos y mi voto.

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