¿Puedes contarnos qué encontrará el lector a la hora de leer Tatüaje?
La historia de Tatüaje es muy dura, con una carga de violencia muy alta. No es una novela para disfrutar, es una novela para reflexionar y para “sufrir” y sumergirte en el mundo de los personajes. Pretende evocar sensaciones como el odio o la empatía, pero soy consciente de que no es una historia apta para todos los públicos.
¿Te has planteado algún tipo de autocensura a la hora de tratar un tema, como el de la maternidad, desde una perspectiva tan poco «políticamente correcta»?
Sí. La idea surgió hace muchos años y el proceso de creación desde ese momento hasta que la historia cobró vida fue muy largo. De hecho, cuando ya tenía la trama clara, unos meses después de empezar a escribir dejé a medias el relato porque me quedé embarazada y me resultaba muy violento tocar estos temas sabiendo que yo misma iba a ser madre. Cuando mi hijo fue creciendo me encontré de nuevo con el manuscrito y decidí terminarlo, pero en algunas escenas el grado de violencia lograba impactarme incluso a mí. Hoy mi hijo tiene once años y no pienso dejar que lea mi libro hasta que sea mayor de edad.
En una primera instancia, Tatüaje me hizo recordar obras como El quinto hijo, de la Doris Leasing o Tenemos que hablar de Kevin de Lionel Shriver, es decir: un relato descarnado y original, sin miedo ¿Buscabas ese impacto? ¿Cómo mantener el equilibrio para no apartarte de la historia y quedarte en simple artificio?
A pesar de la crudeza de la historia, en el fondo hay un punto de ironía que me sirvió un poco para mantener el hilo. Intenté utilizar un lenguaje lo más neutro y natural posible para hacer que tú como lector también sientas esa relación de amor-odio, que pases del impacto inicial a aceptar lo que va sucediendo como algo “normal”.
Puedes responder, sin caer en spoiler, por qué, la historia, está marcada por el olor de un Tatüaje?
Un tatuaje, sin diéresis, es algo que deja marca en tu vida desde el momento en que te lo haces, no puedes deshacerte de él así como así. Puedes borrarlo, pero en tu mente siempre quedará un rastro, un olor, una sensación más allá de tu piel. Esa sensación es la que tiene la protagonista en todo momento. En el hijo, el tatuaje no es más que ese dibujo que le identifica como miembro de un clan. Para su madre en cambio el tatüaje que se hizo voluntariamente pero al final no quedó como ella esperaba es una metáfora de la relación con su hijo, y la palabra tiene una sílaba más que la hace más lenta, más prolongada en el tiempo.
Por supuesto, Tatüaje está marcado por la complejidad de los personajes, una dualidad amor/odio muy difícil de tratar en relaciones de madre/hijo ¿Cómo has abordado esa complejidad? ¿Te costó?
En realidad no. La historia evolucionó desde que la concebí hasta que escribí la versión definitiva; de hecho, tuve que cambiar el final varias veces. Al principio iba a ser una historia de amor incestuoso sin más, pero me pareció demasiado light. Además, los personajes terminaron ganando terreno a la idea y fueron ellos los que acabaron marcando el ritmo y la trama. Es sorprendente cómo según vas trabajando los personajes sientes la necesidad de cambiar el rumbo de la historia y rehacerla.
Ya desde el prólogo trabajas con una fragmentación de la información, que se va sucediendo (descubriendo) de cara al lector a lo largo del libro, lo que da como resultado una narración en clave de thriller ¿Has buscado ese efecto, esa ocultación o fragmentación deliberada de la información?
Hasta cierto punto. Si te fijas, la trama es bastante lineal a pesar de ser tan compleja, de manera que el lector pueda quedar atrapado y con ganas de saber cómo va a terminar la historia pero a la vez es capaz de seguir el hilo de lo que va sucediendo. Sin embargo, los cambios de ritmo me fueron muy útiles para crear y marcar la tensión.
Otra de las cosas que llamó profundamente la atención a quien aquí escribe, es la forma en que logras normalizar los acontecimientos por medio de, por un lado, una narración «higiénica» (digamos: sin mayores artilugios psicológicos) y por otro lado, a través de la vida cotidiana de esa familia y su hijo «especial» donde, por otro lado, se suceden las cosas. Me da la sensación de que tenías muy clara la historia desde el principio ¿Es así? ¿Esa suerte de «distancia» de la narradora/protagonista para contar la historia es una conducencia o una causa de la narración?
Como decía antes, originalmente la historia era mucho más sencilla. Pero hacer que a pesar de la dureza de la narración el personaje cuente su historia en primera persona de una manera más o menos neutra me ayudó a mantener el tono irónico, sin que eso influya en la sensación que percibe el lector de la historia (pero sí de la protagonista).
Otro acierto, si me permites, es la utilización de la primera persona. Es imposible no meterse en la historia, no estar dentro de esa madre/esposa torturada ¿La utilización de la tercera persona, casi una misma voz con la narradora, te resultó más fácil para construir la historia? ¿Por otra parte, cómo se elige una voz a la hora de estructurar una novela como Tatüaje?
Para mí el narrador es siempre un personaje más. De hecho, lo primero que decido al escribir cada relato es el narrador y la focalización para darle más dimensión. En Tatüaje la historia tiene dos partes, y a pesar de que el narrador sea el mismo la focalización cambia de la madre a la hija, y eso hace que la segunda parte sea más compleja y tenga un ritmo propio. También el hecho de que en la primera parte el discurso se dirija a una segunda persona que el lector no identifica hasta el final contribuye a crear ese ambiente de confusión y sorpresa.
Para que tus lectores puedan conocerte mejor ¿Qué libros lees? ¿Quiénes son tus referentes?
Para ser sincera, no me gusta leer. Debido a mi formación y experiencia como crítica literaria, en vez de disfrutar los libros como lectora, los analizo en busca del más pequeño fallo. Sólo hay dos autores cuya obra me apasiona: Umberto Eco, gran maestro tanto a nivel literario como teórico, y Paulo Coelho, que tiene una sensibilidad y una elegancia envidiables. También he bebido mucho de los clásicos (Grecia y Roma). Pero para inspirarme utilizo y transformo las experiencias de mi propia vida y de la gente que me rodea.
¿Por lo demás, cómo fue el proceso creativo de Tatüaje hasta verlo publicado? ¿Trabajaste mucho en la corrección?
Nunca publicaría nada que no hubiera revisado al menos diez veces, y aun así en cada revisión tacho, corrijo, quito, pongo… Una sola novela para mí es un proyecto de meses o incluso años, y me cuesta mucho decidir el momento en que la obra está ya lista “del todo”. Pero sé dónde y por qué pongo hasta la última coma, hasta el punto de que los correctores de las editoriales me han llegado a corregir supuestos fallos que he tenido que defender después.
¿Cuál es el siguiente paso? ¿Tienes en mente nuevos proyectos?
En estos momentos, después de la reciente publicación de mi segunda novela, estoy revisando la tercera, una historia de ciencia-ficción que probablemente se publique a finales de año. Está terminada pero es quizás la obra más compleja que haya escrito y requiere una revisión minuciosa de la trama. También he empezado a escribir la cuarta, una novela coral que va a ser un bonito homenaje a mi gente y a mi familia.
¿Deseas agregar algo más?
Sólo dar las gracias por la oportunidad de darme a conocer, e invitar al público a leer entre líneas y disfrutar de las contradicciones de la vida. Porque lo desagradable también es arte si invita a reflexionar.






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