Entrevistamos a José Vicente Alfaro con motivo de la publicación de ‘El último Anasazi’

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Hola José Vicente, luego de La esperanza del Tíbet (que hemos reseñado en estas páginas) y El llanto de la Isla de Pascua, toca el turno de El último anasazi, esta vez es un viaje apasionante por la América precolombina. ¿De qué se trata?

He querido contar el proceso de cómo una civilización que alcanzó un alto grado de desarrollo, en muy poco tiempo se vio abocada a su desaparición. Todo lo viviremos a través de una serie de personajes que se verán envueltos en mil y un problemas.

 

Cuéntanos, ¿Por qué escribir, esta vez, sobre los anasazi? O dicho de otro modo: ¿Qué te atrapó de esa extinta civilización?

Me sorprendió mucho que una cultura tan antigua hubiese sido capaz de adaptarse a un entorno tan hostil, y que al mismo tiempo llegara a construir ciudades de piedra con varias plantas de altura, entre otros muchos logros. La elección de esta civilización me permitía además transmitir la sabiduría y espiritualidad de los antiguos nativos americanos.

 

Una cosa que me ha sorprendido ha sido la forma en que estructuras la obra, no solo por su división en cuatro bloques, sino por intercalar dos historias que no solo son diferentes entre sí, sino que también se desarrollan en diferentes tiempos. Es un paralelismo interesante…

En efecto, la novela desarrolla dos líneas argumentales: una principal que tiene lugar en tiempo de los anasazi, y otra secundaria que sucede varios siglos después de su desaparición, y a través de la cual también tendremos la oportunidad de acercarnos a la cultura azteca. Y solo conforme el lector avance en la lectura descubrirá la conexión que existe entre las dos.

 

Aunque el título del libro es El último Anasazi, he podido apreciar que la historia de Xabel tenía menos peso a lo largo de toda la novela ¿Por qué?

Lo normal es atribuir a Xabel la condición de “último anasazi”, pero nada impide que también podamos otorgarle ese papel a Yuma, el protagonista de la trama principal. Cada uno, a su manera, cumple con dicha condición.

 

Habiendo leído otras novelas tuyas, como La esperanza del Tíbet, vuelvo a quedar atónito por la construcción del «hecho histórico», el talento para desarrollar la vida del iluminado Xabel en un contexto tan “movedizo” para un escritor como es el hecho de reconstruir un tiempo, un lugar y una psicología absolutamente desconocida ¿Cómo te organizas? ¿Primera es la trama y luego el contexto histórico?, ¿van juntos?

La trama surge en mi cabeza al mismo tiempo que efectúo el proceso de documentación. Y una vez que ya dispongo de todos los elementos, planifico meticulosamente la historia y los personajes que la van a poblar, sin perder nunca de vista el contexto histórico donde transcurre la acción.

 

¿Cuál fue realmente el hecho determinante que dio lugar a la caída del pueblo anasazi en la ciudad Chaco? ¿El egoísmo del monarca quizás?

En realidad confluyeron un conjunto de factores, entre los cuales las malas decisiones de sus gobernantes fue sin duda uno más.

 

A lo largo de todo el libro se analizan temas cruciales como la sequía, la hambruna o la superpoblación ¿Qué opinas sobre ello? ¿Crees que algunos acontecimientos de esa época podrían darse, a escala, en la actualidad en un contexto de superpoblación?

A lo largo de la historia otras civilizaciones ya pasaron por episodios similares, y nada impide que casos de este tipo se vuelvan a repetir.

 

Personalmente, me gustaría destacar el concepto de madre naturaleza. En los últimos capítulos, el pueblo anasazi se ve presionado por la deforestación… ¿Hay una lectura sobre la forma en que los seres humanos somos capaces de inmolarnos, por poder, desidia o estupidez?

Se podría realizar perfectamente un paralelismo con el momento por el que atraviesa actualmente la humanidad en relación al cambio climático, y la poca decisión que muestran los gobiernos para tomar medidas que persigan remediarlo.

 

¿Qué buscas transmitir con esta historia?

Lo que siempre busco con todas mis historias: procurarle al lector una lectura entretenida, al tiempo que aprende algo acerca de otra cultura o civilización.

 

Independientemente de la historia ―que atrapa desde el principio―, hay, como en tus anteriores novelas, un trabajo documental bestial que me parece aún más complejo que en, por ejemplo, La esperanza del Tíbet acaso porque casi nada queda de los anasazi ¿Cuál es el secreto?

Es cierto que esta ha sido la novela que más dificultades he tenido para encontrar información, específicamente en castellano. Por el contrario, en inglés existe una amplia bibliografía sobre el tema. Hay que buscar en todas partes.

 

Asistimos, con agrado, a la evolución de un gran escritor. Visto en perspectiva El último Anasazi tiene más pausa y una prosa más elaborada ¿Cuál es tu techo? ¿Cómo vives esa evolución?

Espero que lo que voy aprendiendo con cada nueva novela me sirva para crecer como escritor, y poder volcar lo aprendido en mis futuros trabajos. Siempre intento ofrecer lo mejor de mí.

 

Por último, como un gran autor reconocido nacionalmente y con una gran trayectoria ¿Qué les diría (desde tu experiencia) a aquellos jóvenes que quieren abrirse hueco en este mundo literario?

En realidad, mis buenos resultados los he obtenido en el ámbito del formato ebook, pero el salto al papel sigue siendo mi asignatura pendiente. De cualquier manera, mi consejo en el terreno de la autopublicación es siempre el mismo: hay que cuidar mucho el producto final en todos sus aspectos, no solo en el fondo sino también en la forma.


Datos del Autor

    • Nombre: José Vicente Alfaro
    • Género del libro: Novela histórica
    • Nacionalidad: España
    • Bio (parcial): José Vicente Alfaro (Huelva, 1976), licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla, irrumpió exitosamente en el panorama literario español en el año 2013 con la publicación de «La esperanza del Tíbet», novela que en muy poco tiempo se convirtió en un fenómeno de ventas, y que ya suma más de 365 días en el Top 100 de Amazon y supera los 9.000 ejemplares vendidos. En el 2014 publicó su segunda novela, «El llanto de la Isla de Pascua», que inmediatamente alcanzó los records de venta de su predecesora, y pasó a encabezar las listas de los ebooks más vendidos de aquel año. Recientemente, en julio del año 2015 ha publicado su tercer título: «El último anasazi». Tras convertirse en uno de los autores independientes más leídos en lengua castellana, las novelas de José Vicente Alfaro están siendo traducidas a varios idiomas: alemán, francés, italiano y portugués, entre otros. Asimismo, su obra también será editada en formato de audiolibro. José Vicente Alfaro pretende a través de sus novelas contar una historia entretenida, ofreciendo al mismo tiempo al lector la oportunidad de trasladarse a un momento clave de otra civilización o cultura, probablemente desconocida para él.
    • Blog: http://www.josevicentealfaro.blogspot.com.es/p/contacto.html

 

Libro: El último Anasazi


Formato: Versión Kindle
Tamaño del archivo: 1124 KB
Longitud de impresión: 495
Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
Idioma: Español
ASIN: B010OXFM6O
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¿Cómo escribe José Vicente Alfaro?
PREFACIO
Un frío día de diciembre de 1888, un curtido ranchero estadounidense maldijo entre dientes cuando advirtió que unas cuantas reses de su ganado habían desaparecido, mientras las conducía a través de las mesetas de Colorado. Sin dudarlo, cabalgó en busca de los novillos, internándose a través de un auténtico laberinto de áridas llanuras y cañones abismales. En un momento determinado, el asombrado ranchero alcanzó a divisar desde el borde de un acantilado, en el lado opuesto del cañón y al abrigo de la pared de roca, las ruinas de una antigua ciudad construida en piedra.
El descubrimiento del ranchero animó a los arqueólogos a explorar la región y numerosos asentamientos indígenas fueron localizados, constituyendo la mejor prueba de la existencia de una avanzada civilización extinta en aquellas tierras. El pueblo anasazi se estableció y floreció en el sudoeste de los Estados Unidos, en la región conocida como «las Cuatro Esquinas», confluencia de los actuales estados de Colorado, Nuevo México, Utah y Arizona, erigiéndose como una de las civilizaciones precolombinas más importantes de América del Norte. El desértico paisaje, de inquietante y sobrecogedora belleza, se caracteriza por sus altas mesetas, cordilleras con perfiles de sierra, profundos cañones y macizos llanos conocidos como mesas. Los ríos son escasos y ninguno de ellos es navegable.
Los anasazi practicaban la agricultura, dominaban el arte de la cerámica y la tejeduría, poseían destacados conocimientos en astronomía, y dejaron grabados incontables dibujos y petroglifos en los acantilados del desierto. Su logro más importante, no obstante, lo efectuaron en el campo de la arquitectura, llegando a construir edificaciones de piedra de hasta cinco pisos de altura, las más elevadas de Norteamérica hasta que surgieron, a finales del siglo XIX, los primeros rascacielos forjados en acero. Pese a todo, la cultura anasazi nunca llegó a alcanzar el grado de expansión y desarrollo de otras civilizaciones coetáneas —mayas o toltecas— de la América Central. La historia de los anasazi continúa siendo un misterio hoy en día debido a la ausencia de fuentes escritas. Durante seiscientos años poblaron aquellas tierras hasta que en el siglo XII, encontrándose en el apogeo de su civilización, esta se vino abajo casi de repente, y sus habitantes abandonaron las ciudades y se vieron obligados a emigrar. Durante su última etapa, los anasazi se instalaron en las concavidades naturales de las paredes de los cañones, donde algunos de ellos sobrevivieron hasta su desaparición definitiva a comienzos del siglo XVI. Tras la conquista de México, los españoles organizaron una expedición al Norte encabezada por Francisco Vázquez de Coronado, con el fin de explorar los territorios anasazi en busca de una legendaria ciudad de oro —Cíbola— de la cual habían oído hablar. No obstante, tras dos años de infructuosa búsqueda, Coronado regresó arruinado y desprestigiado, reconociendo como propio el fracaso de la expedición. Los conquistadores españoles nunca encontraron la mítica ciudad, pese a los cuantiosos testimonios que avalaban su existencia.

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