Colibríes

Escrito por
| 206 | 12 Comentarios

I.- Prologo

     En el patio de una primavera caían los azahares del naranjo, llenando el éter con su fresco aroma de cítrico. Bajo el árbol, sentado un soñador con lápiz y papel,  a la espera de una imagen digna de sus esbozos. El poeta exhaló un suspiró tan profundo que acabó convertido en ráfaga de viento.

II.- Cinco personas un sábado por la tarde

     La señora entrada en años miró uno de esos talk shows en los que una presentadora vulgar exhibía el teledrama de un marido alcohólico y una mujer infiel. “Ya no hay valores, ni decencia; antes la gente respetaba y se daba a respetar” Vociferó la señora.

     El chofer de autobús urbano se fue a dormir tarareando el estribillo de una canción que escuchó aquella tarde al cumplir su última ruta; la trova iba más o menos así:

“por tanta noche, por el sol diario

en compañía y en solitario

alaaa… de colibrí, liviana y pura,

aaa…laaa de colibrí, para la cura…”

     El adolescente esa tarde estuvo a solas con cierta jovencita del colegio,  pretexto de tareas escolares. Pero por más que la deseaba, no se animó a insinuársele. Al final, frustrado, la miró marcharse de su casa, pensando que se le escapó un pajarillo de las manos.

     El veinteañero salió del trabajo esa tarde. Estaba harto ya de las llamadas telefónicas, del jefe avaro, de la música populachera del vecino.  ¡Puta gente! ¡Puta ciudad!

     La mujer de treinta años, divorciada y con dos hijos,  miró una película romántica aquella tarde. Desde entonces le dio por creer en las sorpresas de la vida y en el amor a la vuelta de la esquina.

III.- Colibríes

     Era un día domingo. Iban cinco personas en los asientos carcomidos de un autobús urbano, circulando a mediodía por las avenidas calurosas de una ciudad pequeña. En el asiento de enfrente  una señora gritaba a manera de charla con el chofer; hablaban de personas y lugares en común.  

     En los asientos traseros iban  un adolescente, un adulto joven y una mujer de treinta años. Mientras escuchaban la  plática banal que la señora  sostenía con el chofer, una ráfaga de aire se coló por las ventanillas, dejando entrar a un par de colibríes que volaban asustados de un lado a otro. Chocaban con el techo y los cristales, pasaban sobre las cabezas de los pasajeros quienes, boquiabiertos, contemplaban aquel inusual espectáculo.

     La señora dejó al chofer y se levantó para intentar capturar un ave.  Aterrados, aturdidos, los colibríes huían de su predador, solo para estrellarse con un muro de metal o cristal. Entonces el  adolescente se levantó del asiento y se unió a la cacería de aquellos dos pájaros que entraron en la dimensión desconocida de un autobús urbano.

     La mujer joven contemplaba el espectáculo y reía gracias a aquella sorpresa de las casualidades.

     El veinteañero rumiaba algo en su cabeza.

     El adolescente finalmente logró capturar a uno de los colibríes. La vieja entonces demandó que se lo entregará. El muchacho accedió.

     “Con lo que me gustan los pajaritos” Exclamó la señora. “Entonces déjalo que se vaya por donde llegó, vieja idiota” Pensaba el joven adulto.

     “Ahora que me acuerdo, tengo una pajarera en la casa. Ahí lo voy a tener pa´ darle comida”.

     El joven, harto de aquella ignorancia exaltada, se levantó del asiento.

–          Señora, mejor déjelo ir. Se le va a morir el pobre pájaro.

–         Pero por qué se me va a morir, si lo voy a cuidar, le voy a dar comida y agua.

–             Esos pájaros no son para estar encerrados. Lo mejor es que lo suelte por la ventana y que se vaya.

–               ¡Hombre! quiero darme el gusto de tener un pajarito de estos en mi casa y tu vienes a querérmelo quitar.

     El joven, al ver que sus palabras entraban en oídos necios, no tuvo más remedio que irse a sentar.  Intentar quitárselo sería un espectáculo grotesco en el que él quedaría como villano. Se quedó ahí, tragando saliva amarga.

     El autobús dio un bote, el colibrí saltó de las manos de la mujer. Entonces el joven, aprovechando el momento,  se levantó de un salto y cogió al ave. Sin perder un instante lo soltó por la ventanilla. La señora, con sus ojos como cuchillos, clavó la mirada en el joven.

     –          Me cae mal ese muchacho.  Está viendo que es mío y me lo tira por la ventana. No tiene respeto, pero qué grosero.

     El joven sonreía  entre sí, con una satisfacción orgásmica.

     El segundo colibrí aún revoloteaba por el techo del autobús. Los dos jóvenes se abalanzaron por él. El mayor le tiraba de manotazos, mientras el adolescente intentaba atraparlo con una  gorra.

     Al segundo colibrí, muy a pesar de la señora,  el veinteañero logró atraparlo. Cuando se disponía a ponerlo en libertad, la otra mujer le habló.

     –          ¡Espera!, por favor déjame agarrarlo un poco, quiero tocarlo antes de que lo sueltes.

     El joven le entregó el ave a la mujer y esta, con mucho mimo comenzó a acariciarle la cabeza. Después lo entregó al joven, quien lo soltó por la ventanilla.

     Así, el chofer conoció a los colibríes de su trova; la vieja corroboró lo irrespetuosos que eran los jóvenes de ahora;  el veinteañero rememoraba su antigua sentencia: “¡Puta gente! ¡Puta ciudad!”; la mujer joven continuaba creyendo en los sucesos extraordinarios a la orden del día;  y, finalmente, al adolescente se le volvía a escapar un pajarillo.

IV.- Epilogo

     A las ramas del naranjo llegó un colibrí. Posado tristemente en una ramita, ignoraba las dulces flores del cítrico. Otro colibrí llegó a su encuentro, suspendido en el aire con su aleteo invisible, mirando de frente a su pareja.  Esta, al  verlo,  revoloteó de alegría. Juntos, así, en un frenético batir de alas y arrumacos, parecían una pareja de enamorados danzando entre las flores de mayo. Entonces el poeta comenzó  su obra.

Comentarios

  1. Juanma.Arcos.Urrutia

    31 agosto, 2015

    Felicidades por este precioso cuento-poema. Me ha gustado mucho y me ha recordado el olor a naranjo de mi infancia. Te doy mi voto y te sigo. Te recomiendo leer y votar, si quieres, mi relato Sed de sangre. No te dejará indiferente, al revés, lo disfrutarás. Espero tu voto y tu comentario. Saludos.

    • ElNómada

      1 septiembre, 2015

      Muchas gracias por tu comentario. Me daré una vuelta por tus relatos, seguro. Un abrazo.

  2. chelo

    1 septiembre, 2015

    Lindo cierre insinuado al inicio y recordado con maestria en el remate.
    Felicitaciones y mi voto.

  3. VIMON

    1 septiembre, 2015

    Excelente relato, Nestor. De o mejor que te he leído.

    • ElNómada

      1 septiembre, 2015

      Gracias por tu comentario Vimon. Te mando un gran saludo.

  4. Mabel

    1 septiembre, 2015

    ¡Qué belleza! Un abrazo Néstor y mi voto desde Andalucía

  5. Gusadro

    2 septiembre, 2015

    Una Bella sucesion de eventos reales y poeticos. Extrañaba falsaria como no tienes idea, Néstor. Saludos y mi voto.

  6. Noemí Hernández Muñoz

    2 septiembre, 2015

    Un precioso final para una excelente obra. Te doy mis felicitaciones.
    Te doy mi voto y te sigo.
    Si te gustan los finales inesperados, te invito a leer mis microrrelatos, en especial «Atrapado».
    ¡Seguimos leyéndonos!

  7. Tiscar

    2 septiembre, 2015

    Bien ! Esos colibríes alcanzaron su livertad . Felicita al joven en mi nombre .Y tu recibe mi primer voto y un saludo.

    PD . Te sigo leyendo.

  8. jon

    18 noviembre, 2015

    Buen trabajo. Enhorabuena. Un saludo.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas