EQUIPAJE
Tengo un equipaje. Es una bolsa de lona a cuadros, hermetizada con cremallera invisible y candadillo de combinación. No pesa gran cosa, entre quince a veinte kilos aprox., pero ni idea de lo que contiene. Pronto, antes de que caiga el crepúsculo, se irá de viaje.
De momento, soy el responsable. Al entrar y salir del cuarto, el equipaje atrae mi atención. Me aproximo, pongo mis manos sobre él y husmeo como un sabueso; nada, ningún indicio. Al haberme hecho cargo, aún con la intriga de por medio, siento un cariño singular, misterioso, y, a la vez, cierta pena, porque partirá sin mí.
Más tarde, al promediar las cuatro, debo abordar el autobús lapislázuli y llevarla a la terminal, que está del otro lado de la ciudad, hacia el norte. Un hombre, al que no conozco, estará allí. No tengo detalles de su aspecto; será alto, flaco, mediano, regordete, bajo, corpulento, no lo sé; puede que sea un gruñón, que tenga un rasgo animal, unas facsímiles de asesino, golfante o duende, puede ser; o a lo mejor y resulta ser un hombre calmado, sencillo, elocuente, de esos que hasta te dejan una propina. Quién sabe. De hecho, será él quien me aborde. Debo limitarme a llevar una ropa del común, y además, como distintivo, una gorra snapback negra cuya visera roja estará de lado, sobre el oído derecho. No habrá saludos ni palabras de por medio. He de entregársela y punto. Esa es la misión. Para eso estoy a cargo y para eso…
No tengo por qué pensar que llevaré algo indebido. Si bien nadie más lo sabe, esto me ayudará a mitigar algunas penurias, entre ellas, por ejemplo, sustentar a la bruja que me alquila una de las piezas con vista a la calle desde un tercer piso. Siempre he andado por las arterias de la ciudad y sé que todo estará bien. Para sentirme mejor, en esta sofocante hora de la tarde, decido regalarme un baño helado.
Al cabo, dejo las perlas de gotas en una descolorida toalla de rizo americano, me arropo con parsimonia, como un día cualquiera, miro el reloj y el equipaje, y a la vez me enfrento a mí mismo ante el espejo, me reacomodo el cinturón, me anudo los zapatos, sin descuidar el reloj-equipaje, estoy animado, presto para enfrentar a la luz incandescente del estío. Inesperadamente, en el tic tac menos pensado, algo quiebra el concierto del momento: estalla un ruido en la casa de enfrente.
Me asomo a la ventana. Se oyen disparos, coches con sirenas, hombres uniformados, gente alrededor; gritos, barullo, confusión. Vuelvo la mirada sobre el equipaje. Y pensar que sólo hace una hora que la recogí de allí.
© Leo Francisco Zendal





Noemí Hernández Muñoz
¡Estupendo micro! Me ha encantado el final. Es muy sorprendente. Te doy mi voto y te sigo.
Si te gustan los finales inesperados, te invito a leer mis microrrelatos “Atrapado” y “Olor a cobre”.
¡Nos leemos!
Leo Francisco Zendal
Gracias por tus comentarios; me alietan. He leído tus relatos, me gustaron. Tienen buenos giros al final. Mi voto desde Lima, Perú.
Mabel
¡Excelente! Un abrazo Leo y mi voto desde Andalucía
Leo Francisco Zendal
Mil gracias por los votos. No publico muy seguido, pero ya subiré algunos trabajos.
VIMON
Buen micro, Leo. Saludos con mi voto.
Leo Francisco Zendal
Gracias por la lectura. Me gusto su micro Fantasmas. Saludos.
Juanma.Arcos.Urrutia
Me ha gustado mucho. Espectacular trabajo. Te recomiendo que leas mis relatos ‘Sed de sangre’ y ‘El concierto maldito’, esperando encantado tu voto y tus comentarios. Saludos.
Leo Francisco Zendal
Saludos Juanma. Gracias por tus palabras. Leí tus relatos, les das buenos giros al final, sobre todo de El conciento maldito, la tensión es hasta que despertamos del sueño. Cuenta con mi voto.
Jorge.Fénix
Buen relato, me recuerda el misterioso maletín en Pulp Fiction. Una historia donde el clima cuenta más que el contenido, un interesante clima de principio a fin.
DhIn
Buen micro, compañero. Me gustó. Mi voto y un saludo
Leo Francisco Zendal
Gracias por tu apoyo.
guardiña
¡ Muy bueno! Un final apasionante e inesperado, con una vuelta de tuerca fantástica Felicidades. Un saludo
Leo Francisco Zendal
Aprecio tus palabras. Un abrazo y nos estamos comentando.
JulSanc
Tenía pendiente leerte, y ahora que lo hago me ha fascinado. Un texto limpio, suave, bien narrado y un final que te deja un poco pasmado. Muy bueno, saludos!
Manger
Buen micro, compañero. Un cordial saludo.