La verga de Teobaldo (Parida en verso)

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| 310 | 29 Comentarios

Queridos compañeros poetas , escritores. Me vais a perdonar y espero permitir  está gran parida en verso y que meta un poquito de cachondeo en el foro 😉
Gracias y un abrazo.

 

Teobaldo tenía una verga

Que no cabía en un fardo.

Tal era el peso del dardo,

Que no sabía qué hacer

Con semejante tabardo.

 

De estatura menguada,

Y  polla desmesurada,

El pobre nunca hallaba

La paz que tanto anhelaba.

 

Y la polla tampoco ayudaba:

Por fuerte que la enrollaba

La cabrona se soltaba,

Y allá iba el desgraciao,

A tragarse el empedrao.

Tal era el desequilibrio,

Tal el puto martirio.

 

«¡Verga al suelo! », aullaba.

Y el pueblo se presentaba

Y a gritos lo maldecía.

Y al poco aparecía

La grúa y la policía:

«¡Ámarratela con  gana,

Que van cinco ya esta semana!

Y es para el pueblo

Gran sacrificio

Tener a la grúa

A tu servicio».

Gritaban cansinos

Algunos vecinos.

 

« Que mi verga se suelte

Y me tire al suelo,

No es tanto culpa mía

Como de mi Consuelo.
Que ya le ruego yo

Que fuerte me la ate,

Pero ella tiene miedo

A que se me desbarate

Y que a fuerza de apretarla

Llegue ella a estrangularla.

Pues por sus gritos sabréis,

Que mi verga es más valiosa

Que la que vosotros tenéis».

 

Y mientras esto afirmaba,

la grúa lo levantaba

Y a  casa se lo llevaba.

 

« ¡Encima se pone chulo

Y presume de cachirulo!»,

Gritaba un joven garrulo.

 

« ¡¿No te jode?, la Consuelo!

Se mete ella el fiambre

Y nosotras muertas de hambre,

Pagando de nuestro sueldo

El gasto que tiene el pueblo

Llamando todos los días

A la grúa, a la policía

Y el cuerpo de los bomberos,

Que vale muchos dineros».

Gritaban cuatro solteras

Y algunas casamenteras.

 

«¡Digamos pues al alcalde,

Que la verga del Teobaldo

No debe salir de balde!»,

Chillaba desaforado

Un joven desgañitado.

 

Y consuelo, desesperada,

Dejó de estarse callada:

« A las mujeres os digo

Que animéis vuestro semblante.

Pues  no cabe en ningún higo

Un capullo semejante,

Ni por detrás ni por delante.

Envidiarme no debéis,

Pues lo que ninguna sabéis

Es que los gritos los doy

Por lo cagada que estoy

Cada vez que  mi marido

Me  pone la picha a tiro.

Cosa que solo sucede

Cuando ve un porno en la tele.

Por eso se los prohíbo,

Fijaos bien lo que os  digo.

Pues lo que para él es gusto,

Es para mi higo un susto.

Cada vez que se empalma,

La casa entera desarma.

Pues con los muebles se topa:

Que ya me tiró un armario

Todo  llenito de ropa.

Cuando la tranca se le estira,

Me quito  del punto de mira,

Que aquello es un periscopio

Que a izquierda y derecha gira

Buscando como un poseso

Donde meter el hueso.

Y el periscopio se para

Cuando conmigo se encara.

Y yo le grito violenta

Que no me meta la vara,

Que mi chumino revienta.

Entonces él se detiene,

Como un niño castigado

A quedarse sin helado.

Esto viendo, me derrito.

Y para no decepcionarle

Meto yo con cuidadito,

Y apartando to´l pelambre,

Solo la punta del pito.

De placer finjo los gritos.

Él me observa calladito

Tras los tres metros de pito.

Como acercarse no puede,

Hago yo cuanto quisiere

Sin que Teobaldo se entere.

Y así cree él que entra

Hasta tocar la placenta,

Y que yo de placer muero

Cuando en verdad ni me entero.

Pues bueno, ya lo sabéis,

A mi suerte no envidiéis.

Que orgasmos nunca he tenido

Con este puto marido».

 

Entonces se hizo un silencio

Y habló el viejo Inocencio.

Quien como dice su nombre,

Tenía fama en el pueblo

De inocente y de buen hombre:

«Nosotros te comprendemos

Y solución buscaremos.

Pero el gasto que tenemos

Hora es ya que lo cortemos».

 

Aprovechando el percal,

Pues estaba el buen alcalde

En campaña electoral,

Decidió sacar partido

Del asunto discutido:

«!Atención el personal!

Yo convoco desde ahora

Asamblea general.

Vete, Consuelo, a tu hogar

Y átale el miembro al marido.

De tal forma que al jodido

No se le pueda soltar.

Llévate ayuda si quieres,

Que si otra vez se le suelta

Te juro que no habrá vuelta

Y lo tendréis que pagar.

Se acabó la discusión,

Que a conflicto tan costoso

Hay que buscar solución».

 

A la hora convocada

Se sentaba todo el pueblo

En la sala ovalada.

El alcalde y concejales

Presidían la tribuna

Gritando todos a una

Como allá en Fuenteovejuna.

Por fin, se  hizo el silencio,

Y mirando al Inocencio,

Habló pausado el alcalde

Del pueblo de Puerto Ugalde:

 

«Como Inocencio ha indicado,

El pueblo está preocupado,

Y hay que buscar solución

A tan grave  problemón.

No puede ser, Teobaldo,

Que por tener tan gran cardo

El pueblo entero se arruine

Cada vez que se te ocurre

Salir solo o ir al cine.

Si la picha se te escurre,

No es problema de este pueblo,

Que el tema ya nos aburre

Y yo con las cuentas tiemblo.

Que llamar a los bomberos,

Al cuerpo de policía,

Y a la grúa, cada día

Nuestras arcas nos vacía.

Y o subimos los arbitrios

Y sacamos beneficios,

O quedamos en miseria:
Ya no tendremos ni feria”.

 

Y el pueblo, lleno de  hastío,

Estalló en un griterío:

 

«La feria no nos la quita,

Que el pueblo la necesita.

¡Si nos sube los arbitrios,

Perderá las elecciones!

No nos pida sacrificios

Ni nos toque los cojones».

 

«Silencio, ¡pueblo rabioso!

Que no hay cosa más fea

Que quien así chantajea.

Ni honor más  deshonroso

Que ser hombre piojoso.

Subir arbitrios no oso,

Que no me dejáis ni hablar.

Que sería peligroso

Dejaros sin el reposo

De la fiestas del Pilar.

Y no os las pienso quitar.

Pero aquí hay un problemón

Que requiere solución:
Dolores y Teobaldo,

De los gastos y perjuicios

Que el apéndice ocasione

Deberéis haceros cargo

Cuando  éste se desplome.

Pero, ¿estáis en condiciones

De asumir el sacrificio?ۚ».

 

«Pobres somos, mi señor.

Y el gasto que ocasionamos

Nos causa mucho dolor.

Si nos cargan con los costes,

No sabremos ya qué hacer.

Pues pagarlos no podemos,

Y en la calle moriremos

Faltando a nuestro deber.

No nos quiten  pues la casa,

Que es nuestro único haber».

Lloriqueó la Consuelo

Bajando la vista al suelo.

 

Y entonces habló  el alcalde

Para la pena acallarle:

 

 

«Hace tiempo que cabilo

Buscando una solución.

Y la encontré el otro día

Visitando a don Camilo

En la clínica de  Hebrón.

Al ver al urólogo entrar,

Se me ocurrió una pregunta

Que no se hizo esperar.

La respuesta fue tan buena,

Que es la justa solución

A este nuestro dilema.

Solo un pequeño problema:

Para acabar el suplicio,

Tendremos todos que hacer

Un último sacrificio.

Dinero ya no nos queda,

Por lo que pido al que pueda

Voluntaria donación,

Para pagar de Teobaldo

Los gastos de operación».

 

El pueblo entero rugía.

Tras estas declaraciones,

Se montó una algarabía

De tres pares de cojones.

Teobaldo se levantó,

Y el pueblo entero calló.

No se sabe si por respeto

O por miedo a que le saliera

La manguera fuera del peto.

 

«¿Qué operación es esa

Que el pueblo ha de pagar?

No les mienta, que estoy sano

Y no me pienso operar».

 

«¡Que te calles, Teobaldo!
Que tu picha es una ruina.

Harás lo que se te mande,

O te planto en una esquina

Y me vuelvo con mi madre».

Gritó harta la Consuelo

Tirando a Teo del pelo.

 

El culpable se sentó

Y el alcalde prosiguió:

«La operación consiste

En acortar tanto ristre.

Después de una semana

Haciendo reposo en cama,

Tu pene será tan normal

Como el de cualquier chaval.

Ya no tendremos que atarlo

Ni mandar a retirarlo.

¿Qué te parece, Teobaldo?».

Teobaldo volvió a levantarse

Y el pueblo entero a callarse.

 

«¿Que qué me parece, alcalde?
Que si me sale de  balde,

Quisiera, si no le importa,

Hacer realidad un sueño.

Ya que tengo que operarme,

En vez de acortarme eso

Quisiera yo aprovecharme

Y  hacerme un cambio de sexo”.

 

Consuelo se levantó

E iracunda exclamó:

 

«Teobaldo, ¡maldición!

¡Tenía que haber sabido

Que eres todo un maricón!».

 

El público murmuraba,

Una vieja se santiguaba.

El alcalde y un concejal

Ponían orden en el corral.

 

«¡Silencio en el Consistorio,

Que acabo con el jolgorio!

Si  largo toda la mierda

Que me contáis bajo cuerda,

Me cargo de un sopetón

Vuestra puta  reputación.

Teobaldo, ¿tú estás seguro

De que quieres renunciar

A tener un miembro duro?».

 

“Para mi sería un sueño,

Que he tenido de pequeño,

Ser de un chumino el dueño.

El problema es la Consuelo,

Que se queda sin marido,

Y sin poder  llevarle duelo.

Además, que  yo la quiero

Y si con ella no vivo

Yo de  penita me muero.

¿Qué dices tú, mi Consuelo?».

 

«¿Que qué digo yo?, tarambana…
Que si me juras amor

Yo me hago lesbiana.

Que de pene tengo hartazgo.

Pero tienes que jurarme

Que en la cama al acostarme

Llevaré yo el liderazgo».

 

«Por mi vida te lo juro,

Y ahora podremos  chingar

Aunque no lo tenga duro».

 

La pareja  se abrazó,

El pueblo, en pie, aplaudió,

y el alcalde sentenció:

 

«¡Vamos todos a brindar,

A beber y a festejar.
Bailemos toda la noche,

Celebremos con derroche,

Este bonito final.

Con esto el problema se salda

Y el pueblo se enorgullece

De dar la bienvenida

A la nueva Teobalda!».

 

FIN DE LA PARIDA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. Joaquín.Solari

    10 agosto, 2015

    Celia querida, me has hecho empezar el lunes, cagado de risa, es simplemente maravilloso.
    Te dejo mi voto un gran y cariñoso abrazo y que tengas una excelente semana.

  2. escritorfrustrado

    10 agosto, 2015

    jajaja!!! te aplaudo y me quito el sombrero! me hacía falta reír, amiga! te dejo mi voto y un gran abrazo!

  3. Julia.Ojidos

    10 agosto, 2015

    Tremendamente bueno, me ha encantado, cargado de buen humor y simpatía. Un fuerte abrazo y mi voto

  4. quino

    10 agosto, 2015

    No sé si me gusta más el despliegue de buen humor o el desparpajo con que manejas el diccionario. 😀 Un saludo y gracias por estas risas (nunca sobran!).

  5. AVM

    10 agosto, 2015

    Muy divertido, tiene la pariencia de un cantar, ja,ja. Aunque el tema sea poco convencional Un abrazo y mi voto

  6. Mabel

    10 agosto, 2015

    No puedo ni escribir de la risa que me ha dado. Otra cosa no se que decirte. Un abrazo Celia y mi voto desde Andalucía

  7. Manger

    11 agosto, 2015

    Sólo por lo que nos has hecho reir, amiga Crónicas, perdonada estás por esta «parida», como tú le llamas… Unas coplas erótico-jocosas de campeonato, tanto como el inefable «aparato» del amigo Teobaldo. Un abrazo.

  8. DhIn

    11 agosto, 2015

    Jajajaja, ay, compañera, morí de risa. «A mi suerte no envidiéis./Que orgasmos nunca he tenido/
    Con este puto marido».» Y ni hablar del final, muy divertido! MI voto y un gracias por las risas

  9. Moebius

    13 agosto, 2015

    jajajajajajajajajajaja, no se puede creer!!!!!!! me encantó es poco decir, Celia. Ya mismo lo comparto porque esto merece circulación. Me quito el sombrero ante tanta imaginación y desparpajo literario. Enhorabuena…un abrazo, voto y comparto.

  10. juan carlos

    13 agosto, 2015

    ¡¡que ocurrente….muy buena la historia y la solucion.- felicitaciones a la esritora

  11. Eva.Franco

    23 agosto, 2015

    Qué manera de cerrar lo noche, con un dolor de panza de tanto reír.
    Excelente trabajo 😀 😀 😀 😀 😀

    Un fuerte abrazo.

  12. gonzalez

    27 agosto, 2015

    JAJAJAJAJA, me encantó! Me hizo reír mucho! Mi voto y un saludo!

  13. El.Gólem

    4 abril, 2016

    Permíteme decirte que este poema es tan grande como el pene del propio protagonista.

    Me ha encantado, y ciertamente me ha arrancado más de una carcajada.

    Mi voto y un cordial saludo.

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