Chuquicamata, el adiós

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Me atormenta pensar en que jamás veré este lugar. Tantas cosas pasaron aquí que transformaron mi vida, que es inefable pensar en mí sin mi querido Chuquicamata.

Veo cómo mis padres, como adultos que son, están felices de dejar este lugar con el deseo y anhelo desesperado de librarse de las garras del comodato.

Debo ser muy inmadura al creer que la vida es vida en un campamento minero, pero no sé cómo voy a seguir respirando sin tener el sabor de mi identidad, esa que llevo pragmada en mi ser, la que se llama “Domeyco # 114 Las Normac, O’Higgins”.

Más que mal no me identifica ni mi nombre ni mi apellido, porque son sólo palabras, pero este lugar es mi pasado y presente. Bueno… sólo hasta hoy.

Acaba de llegar el monstruo naranja de mis desesperaciones, ese camión “Navas” que llega a despojarme de mi cuadrado pernoctador.

Beatus Ille el que puede nacer y morir en el lugar donde se siente un sustantivo propio y no uno abstracto. Dichoso aquel que puede mostrarles a sus hijos el hospital donde vio la luz, sin la necesidad de explicar que fue enterrado, por bandidos con dinero despoja vidas Chuquicamatinas.

Me quedo muda al pensar que mi estirpe ya no existe, ya que ningún ser será digno de decir “Yo soy Chuquicamatino”, pero así es la vida y parte de mi vida se queda aquí, ya que ese pedazo no pudo entrar en la mudanza.

Adiós te digo vida, para darle paso a la tragedia de saber que jamás podré transitar por tus bellos andares, sólo sé que nada vale hoy si perdí mi “yo”.

Te saludo con tristeza y con rabia, porque ese saludo se convierte en homenaje, y déjame decirte que jamás podré amar un lugar como te he amado a ti, con tus blancas montañas nortinas que sólo serán auxiliadoras de trabajadores que odian este lugar, y será pañuelo de lágrimas de jóvenes Chuquicamatinos que te adoran, y sueñan con alguna vez volver y recordar los días de dicha que volaron en tus laberintos vanidosos y llenos de catársicas sensaciones.

Adiós vida. Adiós a mí misma. Adiós Domeyco. ¡Adiós Chuqui querido!

 

Comentarios

  1. Karenina Mack

    10 septiembre, 2015

    Para que los que no son Chilenos entiendan:
    Chuquicamata era un campamento minero donde los trabajadores y sus familias vivían, y muchos nacimos en el hospital Roy H. Glover, enterrado el año 2003, el último Chuquicamatino nació el 19 de mayo de 2001.
    Entre el año 2004 y 2007 los que vivíamos en este campamento tuvimos que trasladarnos a Calama, ciudad a unos pocos kilómetros.
    Muchos amamos esta tierra y a pesar de que los trabajadores siguen trabajando el cobre en la mina, el campamento desaparece cada día.

  2. Mabel

    10 septiembre, 2015

    Impresionante historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  3. VIMON

    11 septiembre, 2015

    Muy buen micro. Saludos con mi voto.

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