En un mundo para vivir

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https://www.youtube.com/watch?v=4CVXQq230Hg

Son las seis y treinta y cinco de la mañana. Me tendría que haber despertado a y media, y aunque siempre lo pienso, también debo decir que siempre me pasa. Llevo tantos años haciéndolo, que ni tan siquiera necesito aquél viejo trasto de metal cuyo timbre me despertaba de joven. El tiempo pasa, y con él llega el cambio, la identidad; las personas cambian, todos cambiamos. Llegando al espejo del baño, temo mirarme y no poder reconocerme. Temo que la barba haya hecho mella en mí, que mi piel esté tan jodidamente curtida que parezcan pequeñas cáscaras de cacahuete. Temo por mis ojos también, mas mi vista está perdiendo facultades. Jamás imaginé cómo sería el hecho de quedarme ciego, pues el don de poder contemplar la majestuosidad del mundo, cosa que también comprenderéis cuando lleguéis a cierto punto de existencia, ha sido lo que siempre me ha dado vida, cosa por la cual ahora me siento derrotado, yaciendo mi rey arrinconado en el último recuadro del tablero. Tanto que he podido a hacer, y otras cosas que tanto he hecho, no han sido más que un recuerdo sobre el que tender las lágrimas. Ahora que sé que voy a acabar bajo la tierra que un día me dotó con la vida, iluminaré mi camino, sembrando en él todo cuanto halláis podido imaginar.

Comentarios

  1. VIMON

    25 septiembre, 2015

    Mas nunca prometiste que mayo sería eterno…Muy buena reflexión.

  2. Mabel

    26 septiembre, 2015

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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