Un juego cercano al amor

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Adónde me llevará, pensó él. Y mientras la seguía, manteniendo cierta distancia para no despertar sospechas, iba también sintiendo como si su corazón estuviese a punto de ser estrujado por la mano, gélida y violenta, de un matarife. A ratos, las viejas aceras le parecían ahora más estrechas, las luces públicas de pronto habían aumentado y brillaban más, y las personas que transitaban, por alguna razón, sin conocerle bien, volvían el rostro y le clavaban sus ojos. Como si tuviera algo en la cara, pensó él. En un momento dado, cuando ella viró por una esquina poco iluminada, estuvo a punto de perderla de vista; no obstante, a pesar de que nunca había visitado esa zona del barrio, supo husmear bien su rastro, como si flotara en el aire una especie de aroma. Entonces  vio que ella se detuvo, justo en frente de ese lugar, y él, temeroso, hizo lo propio, a unos cien metros de ella. El edificio era alto, con múltiples ventanas que reflejaban como espejos y tenía un letrero luminoso, rojo y verde fosforescente, que pendía desde la cornisa en forma vertical. Había llegado el instante de la certeza. Ella se volvió, echó un vistazo, luego, cautelosa, avanzó y entró allí. El corazón se le retorció a él, y un dolor leve, inusitado, brotó desde algún lugar. No sabía si esperar, seguirla o renunciar. Esto resultaba demasiado serio. Resolvió continuar, aunque en el fondo no sabía si lo hacía impulsado por el deseo o ciego de nervios. Al llegar a la entrada, se frenó, y en el vidrio reflejante de la puerta con marquesina, contempló, asombrado, su viva imagen de animal matrero dispuesto a morir por lo que consideraba sus instintos más bajos. Aquella puerta siempre está abierta, había oído de sus amigos. Él avanzó, empujó y desapareció allí.

—Adelante —dijo ella, al verlo entrar en la habitación semioscura—. Quítate todo.

Y mientras se desvestía, nervioso, cándido, él entrevió que ella, recostada en la cama, completamente desnuda y boca abajo, deslizó la mano por el vientre y, rápidamente, se acomodó algo entre las piernas.

M…, pensó.

 

Comentarios

  1. Mabel

    10 septiembre, 2015

    Muy bueno. Un abrazo Leo y mi voto desde Andalucía

  2. DhIn

    12 septiembre, 2015

    Jaja, siempre puede pasar. Buen relato. MI voto y te sigo.

  3. Jorge.Fénix

    15 septiembre, 2015

    Buena ambientación, paso a paso hacia un final original. Tiene lo adecuado de un buen micro en dosis de información, ritmo y resolución.

    • Leo Francisco Zendal

      17 septiembre, 2015

      Gracias por tan motivadoras palabras. Hace poco rescaté un cuento inédito que parecía ya perdido, espero puedas darle un vistazo y comentarme algo. Gracias por tu tiempo de todas maneras. Lo puedes encontrar en: leofranciscozendal.wordpress.com.
      Saludos desde Lima.

  4. guardiña

    7 octubre, 2015

    ¡ Un relato sorprendente y con toques poéticos. El final muy bueno, abierto a la imaginación del lector. un saludo.

    • Leo

      8 octubre, 2015

      Gracias por tu apreciación. Un saludo.

  5. Musa Peregrina

    8 octubre, 2015

    Leo Francisco Zendal… Me encantó de principio a final, buen cierre. Un abrazo. Mi voto. Linda noche.

  6. JulSanc

    18 octubre, 2015

    Inquietante al final, y la forma de llegar a él, ha sido muy bien enfilada, saludos!

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