Es como una maldición, una muy extraña. Pasa el tiempo y me doy cuenta de lo rutinario que se torna, de lo cíclico que es en mi vida. A veces me genera alegría y, otras veces, dolor. Es un espiral vicioso, mágico y perturbador al mismo tiempo.
Me aferro, me apego y disfruto. Feliz me siento de amar, de querer, de anhelar esa compañía, esa quietud y ese éxtasis que una pareja representa. Amargo y frustrado me veo cuando fracaso y todo acaba. Más eso es normal para todo hombre, toda mujer, toda persona. La felicidad sin tristeza no se aprecia y viceversa.
Me causa gracia el escribir, el plasmar esto en un momento como este. Pasa el tiempo, lentamente y con cautela, que me cierra una cicatriz profunda y me incita a saltar al abismo nuevamente. Un abismo que vislumbra una luz. Una luz de esperanza y de presunta posibilidad de triunfo. Más temo el doler y sobre todo el hacer doler, el adelantarme, en presionar y arruinarlo todo. Como la última vez. El cielo se había vuelto infierno.
Personas distintas con personalidades distintas. Una más afín que la otra, la segunda más interesante que la primera. El arriesgarse lo vale. Lo perdido puede recuperarse con más calor, más alegría.
Ayudar a esta persona, a la afligida que en las sombras quedó y busca un sustento, una chispa de vida. Quiero ser ese fuego, esa estrella que la guíe, que la cuide y recupere su sonrisa. Soy ese idiota advenedizo que se incrusta cual plaga a un perro, que se adhiere al volátil amor pasajero que a tantos tontos termina hiriendo. No pretendo ser un tonto. No otra vez.
Quiero triunfar, quiero ser y hacer feliz. Soy esa rutina que vive y muere día a día, mes a mes, año a año. De una a otra cual picaflor, cual mariposa intentado recolectar el dulce néctar del amor. Quiero querer, quiero ser querido y quiero hacer querer.
Una luz me apareció, otra chispa para mí. Ese destello me ayudo a salir de la noche, más éste se ha sumergido en la oscuridad. Mi deseo es sacarlo, reconfortarlo. Esa llama me ilumina cada vez más. Comienzo a desear, a soñar, a ser feliz y asustadizo del porvenir. Es una hermosa tortura especulativa. Ese posible amor, esa sensación de estar por tomar el fruto con la mano y no saber si se quebrará la rama antes de lograrlo. El sabor a lujuria, aventura y felicidad se entremezclan.
No sé en que terminara esta pronta historia. Deseo un final oportuno para ambos, por el bien de esa luz que quiere asomarse entre la opacidad. Más espero que si el fracaso acaece los lazos no se rompan ni se quiebren. Aguardo impaciente por darte mi ser, por ser tu felicidad. No volverás a enmudecer, no te veré llorar. Y si ha de declinar, aun así, cuenta conmigo de todos modos.




VIMON
Interesante concepción del renacimiento emocional. Saludos con mi voto.
Reaper El Chivo
Mis felicitaciones, amigo Rodrigo. Un texto muy profundo y bien redactado que a más de uno y más de dos hará sentirse reconfortados, o cuando menos viajar por unos segundos al pasado. Un saludo y mi voto.
Salud y suerte.
Mabel
¡Me encanta! Un abrazo Rodrigo y mi voto desde Andalucía