Una tarde cualquiera

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Eran ya pasadas de las seis y me urgía llegar a mi casa, había quedado de cenar con mi pareja y odiaba llegar tarde, parecía que todo se confabulaba para hacerme perder mi cita; cosa que me era insoportable ya que siempre me preciaba de mi puntualidad y respeto a mis compromisos, intentaba leer pero un chico que estaba de pie rosaba con sus piernas mi libro;
haciéndome perder la concentración, obligándome a mirarle sus fuertes y atractivos muslos que resaltaban a través de la tela de los estrechos jeans que lucia.

Quiero decirles que nunca me había puesto a pensar si los demás hombres ejercían alguna atracción en mi ya que hasta ese momento me consideraba normal y bastante fiel en ese sentido, mas sin embargo la cercanía de ese chico me perturbaba y el olor de su pene que por momentos se erectaba bajo los apretados jeans me estaban causando algo indefinible.

Molesta levanté la vista con el propósito de pedirle que se retirara un poco pero al ver su cara mi actitud cambió radicalmente al mirar sus ojos de un extraño tinte verdoso, sonrientes pero enérgicos.

Sus labios crueles se abrieron en una semisonrisa al musitar apenas sin que casi saliera sonido de sus labios -¡Ven! Y se dirigió a la puerta del vagón en que viajábamos.

Como un autómata me levanté de mi asiento y lo seguí ¿Porque? Ni yo lo supe, caminamos por el andén de la estación del metro casi desierta a esas horas y pude admirar su cuerpo que se adelantaba por momentos obligándome a acelerar la marcha de mis piernas no quería perderlo de vista.

Al llegar a la calle de detuvo unos instantes a encender un cigarrillo, momentos que yo aproveché para observarlo mas detenidamente, seguro no llegaba aun a los veinte años, era alto mas del metro y ochenta delgado, su tez dorada, se notaba que hacia mucha vida al aire libre, todo su cuerpo despedía ese no se que del Macho Alfa el rey de la manada.

Después de asegurarse de que lo seguiría cruzo la avenida internándose entre los arboles del pequeño parque al otro lado, sin pensarlo lo seguí; la atracción era insoportable y sin embargo no me resistía a su influjo, mi corazón bombeaba desbocado retumbando en mis sienes.

Al fin se detuvo a la mitad del prado bajo un frondoso fresno que dejaba su silueta en la penumbra,
me acerque tímidamente, expectante, sabia lo que pasaría y aun asì no me resistía, llegué hasta El; me tomo de los hombros, mi estatura de uno setenta me hizo apurarme de puntillas para alcanzar sus labios con mi boca mientras sentía sus brazos aprisionando mi cuerpo.

Puso su mano Izquierda en mi hombro empujándome hacia abajo mientras su derecha forcejeaba con su cinturón y el botón de sus jeans y el sipper, traté de rebelarme pero una sonora bofetada me mostró quien era el amo y sin más caí de rodillas y ansiosa mente abrì mis labios.

Había encontrado al hombre de mi vida…

Comentarios

  1. Javier.García

    8 septiembre, 2015

    En una tarde cualquiera… Un día como ninguno. Muy bueno. Un saludo.

  2. Noemí Hernández Muñoz

    8 septiembre, 2015

    Excelente micro. Me ha encantado. Te doy mi voto y te sigo.
    Si te gustan los finales sorprendentes, te invito a leer mi microrrelato «Atrapado».
    ¡Nos leemos!

  3. Mabel

    8 septiembre, 2015

    Muy buen micro. Un abrazo Hayeza y mi voto desde Andalucía

  4. gonzalez

    22 septiembre, 2015

    Me gustó mucho lo que escribiste! Mi voto y saludos!

  5. JulSanc

    26 septiembre, 2015

    Que nariz tan aguda tiene esta chica. Un relato un poco alocado; sin embargo como lo difiniste, puede pasar una tarde cualquiera. Igual hay que tener cuidado. Muy bien narrado, saludos.

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