INTERTEXTUALIDAD
“Cuadros” (según la terminología de U. Eco): debido a la brevedad del espacio y a la condensación de la anécdota, el autor debe encontrar un tema conocido. Es común el uso de la intertextualidad y, en menor medida, de la metaliterariedad. Los textos breves incluyen en su codificación la intertextualidad con otros textos mayores, a menudo muy prestigiosos, para parodiarlos, invertirlos o recuperarlos desde otro sesgo semántico. En este sentido, Dolores Koch hace referencia a la “universalidad” del microrrelato.
La intertextualidad sería el hecho de evocar una historia conocida, permite la reducción de la fábula de tal manera que ciertos elementos narrativos son sustituidos por alguna referencia. Como las referencias revelan toda una estructura conocida, dan lugar a las elipsis y se consigue así textos breves en los que no hace falta que aparezca explícitamente nada más que las referencias y los nuevos elementos, sean estas nuevas informaciones, una nueva interpretación, etc. En la mayoría de los casos nace una reinterpretación de la historia evocada que muestra una actitud ironizadora o satirizadora, por lo cual estos textos muchas veces son criticados por ser puras gracias, juegos de ironía pero sin verdaderos valores literarios.
El microrrelato bebería de numerosas fuentes que nos llevan desde la literatura oral como las leyendas populares, hasta los clásicos literarios como mitos, para retomar el juego y el ingenio vanguardista, los textos periodísticos o textos publicitarios de los medios masivos de comunicación.
Violeta Rojo cree que la condensación de la anécdota larga se puede lograr con el uso de cuadros y de relaciones intertextuales, porque el autor no puede perder el tiempo dando explicaciones, situando al lector, ni describiendo personajes o tramas.
Como dice Fernando Valls, esta intertextualidad puede manifestarse en el uso de la sátira, la parodia de géneros y la recreación de modismos y tópicos de la cultura universal; y pone el ejemplo de “Amantes”, de Luis Mateo Díez, sobre la frase hecha “se llevan como el perro y el gato”.
David Lagmanovich (2005:26-27) distingue tres modelos estructurales del Microrrelato aunque como dice, puede haber más:
- Los Microrrelatos de reescritura de un tema clásico: es un procedimiento claramente relacionado con la parodia, como en el caso de José Arreola: “Teoría de Dulcinea” y de Kafka: “La verdad sobre Sancho Panza”.
- El discurso sustituido: se produce por la influencia de algunos escritores vanguardistas como Vicente Huidobro o César Vallejo, y consiste en romper con el lenguaje literario. El relato existe, se cuenta el cuento y el lector más o menos puede seguir la dirección general de la narración (Julio Cortázar, capítulo 68 de Rayuela).
- La escritura emblemática: cuando se propone una visión trascendente de la existencia humana (José Emilio Pacheco: “Jericó”, y “Atlas” de Cristina Peri Rossi).
Para Koch, el Microrrelato “requiere la participación activa del lector para completar su significado”. Para el escritor Juan José Arreola “la función del escritor debe ser poner en marcha el pensamiento ajeno a través de la palabra sugerente”. La misma Koch cuando habla de los Microrrelatos de Julio Torri dice que su “parquedad sugerente necesita de un lector activo que complete los significados o saque sus propias conclusiones, de un lector cómplice, como lo llamara Julio Cortázar más tarde”. Rangel Guerra al hablar de Monterroso se refiere a la actitud del narrador al momento de escribir sus textos, tomando en cuenta al lector, es decir, el acto de escribir lleva implícita la complicidad del lector, cuya reacción y respuesta en cierto modo es parte de la obra misma, en la medida en que la lectura del otro complementa e integra el proceso de intención creadora del autor.
Mientras tanto Saúl Sosnowski, también hablando de Augusto Monterroso, explica que su modo de escribir consiste en “enunciar brevemente, sugerir desde los múltiples espacios en blanco múltiples lecturas de lo apenas vislumbrado constituye el velo, el acicate ante la mirada que revela”.
Entonces, en los Microrrelatos el autor provoca el cuento, y el lector lo termina. Como diría Eco, son textos-mecano que permiten “construir a voluntad una multiplicidad de formas”. Pero esto no significa, en modo alguno, que el lector de un microrrelato puede construir las formas que quiera. El ejemplo del mecano es muy pertinente porque un mecano da una serie de herramientas con las que se pueden construir ciertas cosas; con un mecano se puede edificar una torre metálica, pero no un oso de peluche. Octavio Paz, al hablar del haiku se refiere a un ensayo de Donald Keene en el que éste habla de la participación del lector en el haiku; allí dice: “Al lector le toca escoger entre las diversas posibilidades que le ofrece el texto pero, y esto es esencial, su decisión no puede ser arbitraria”
Con el Microrrelato sucede exactamente esto, nos da una serie de elementos que nosotros podemos utilizar, interpretar de acuerdo a nuestro nivel cultural, a nuestra enciclopedia, incluso a nuestra creatividad, pero partimos de unos elementos que no podemos interpretar arbitrariamente.
El Microrrelato tiene dos niveles de lectura. Puede leerse sin establecer relaciones, viendo, o leyendo y pasando la página, o puede verse o leerse estableciendo relaciones intertextuales, aplicando la «enciclopedia» y sacando más información, o en todo caso una información más rica de la que puede obtenerse siguiendo la primera opción. Por supuesto, la segunda opción no es alcanzable sin contar con un lector que sepa establecer relaciones entre hechos. Esto es, que aplique su cultura.
A MANERA DE EJEMPLO DE ESTA CARACTERÍSTICA:
Queremos dejar un ejemplo de Microrrelato en el que aparece una clara intertextualidad con otro de los textos por excelencia de la literatura española:
“El precursor de Cervantes”
Marcos Denevi
Falsificaciones,1993
Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchelo, sastre, y de su mujer Francisca Nogales. Como hubiese leído numerosísimas novelas de estas de caballería, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar doña Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen, la tratasen de Su Grandeza y le besasen la mano. Se creía joven y hermosa, aunque tenía no menos de treinta años y las señales de la viruela en la cara. También inventó a un galán, al que dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacia lejanos reinos en busca de aventuras, lances y peligros, al modo de Amadís de Gaula y Tirante el Blanco. Se pasaba todo el día asomada a la ventana de su casa, esperando la vuelta de su enamorado. Un hidalgueño de los alrededores, que la amaba, pensó hacerse pasar por don Quijote. Vistió una vieja armadura, montón en un rocín y salió a los caminos a repetir las hazañas del imaginario caballero. Cuando, seguro del éxito de su ardid, volvió al Toboso, Aldonza Lorenzo había muerto de tercianas.
Bibliografía:
Fernández-Cuesta Valcarce, María Gracia. “El microrrelato: origen, características y evolución. Propuesta didáctica en el aula de L2. Aplicaciones prácticas en L1”. Universidad de Málaga. Facultad de filología. Curso 2010/2011. Memoria VI máster para la enseñanza del español como lengua extranjera. Abril 2012
La Hoz Funes, Ana
“El microrrelato en la clase de ele”. Aplicación didáctica. Memoria de Máster Universidad Pablo Olavide. Diciembre, 2102
Rojo, Violeta. “Breve manual para reconocer minicuentos”. El Cuento en Red, Núm. 22, 2010 en www.cuentoenred.xoc.uam.mx





Mabel
Muy interesante. Un abrazo Gabriel y mi voto desde Andalucía