Retiro interior

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RETIRO INTERIOR
Alguien había acabado de tomarse un café. El vaso, vacío, reposaba sobre la mesa con unas cuantas manchas marrones, acaso los restos sangrantes de la bebida, que dejaba ahí su marca, espectro de la droga recién consumida. Aún no había reparado en él cuando lo alcanzó el aroma inconfundible del grano molido y lo arrancó de sus pensamientos. Alzó la cabeza para saber de dónde venía ese olor que desde niño lo seducía como el perfume de una mujer, y lo buscó con entusiasmo, despertada la nube de recuerdos que dormía en su interior. Se sintió un tanto desilusionado cuando encontró el continente vacío; lo miró como a un triste cadáver, una vida finada, el resto de una gloria acabada, y compadeció a ese vaso que yacía ahí abandonado en medio de tantos frascos consumidos, como se sentía él mismo. Quiso rendirle un último homenaje al valiente soldado caído y se lo acercó a la nariz para gozar más intensamente de aquella deliciosa fragancia, sin importarle que pudieran verlo.

Entonces se percató de la decoración de la pared blanca que tenía enfrente. Había varios cuadros con dibujos de distintos personajes que él conocía, todos ellos iconos del mundo del cine o de la política. Graffitis de los ’80, retratos de Silvestre Stalone, Marilyn Monroe, el Che Guevara, Bill Clinton, Martin Luter King o Kennedy decoraban ese pequeño bar que lucía con un aspecto tan bohemio y tan acogedor bajo tenues luces de color ocre, que daban un toque más íntimo y más romántico a las relaciones, a las conversaciones de dos voces susurrantes que se codiciaban en esa media penumbra y sembraban la semilla para un encuentro más cómplice con palabras secretas, un lenguaje criptado para dos. No hallaba su lugar rodeado de toda esa gente, sordo a los murmullos que lo envolvían.

En su día había sentido cierta simpatía por las personas que aparecían ahí reflejadas, testimonio duna fama que no les cerraría las puertas del sepulcro, por más que en vida se hubieran sentido inmortales, sabedores de que sus obras quedarían para la posteridad, y que ellos seguirían existiendo en los corazones de los demás. Ahora, sin embargo, las miraba con indiferencia, cuando no con desprecio, como resquicio de un pasado que le perseguía y le atormentaba; un pasado que quería enterrar, como enterrados estaban esos actores, para volver a nacer sin la losa de aquellos días que tantos males le habían acarreado, que tan hondamente habían marcado su camino.

Afuera soplaba un aire frío; las gotas de una lluvia ligera repiqueteaban contra el suelo y llegaban a sus oídos como una suave y relajante melodía. Siempre le había gustado el ruido de la lluvia; verla caer y mojar las calles, empañar los cristales, empapar las hojas de los árboles; escucharla por las noches sentado en su escritorio mientras escribía o leía un buen libro o tendido en la cama con la luz apagada mientras abrazaba el sueño; respirar ese olor a humedad.

Se dejó mecer por aquella música mientras volvía a bajar la cabeza y entornaba los párpados con la mirada perdida.

Ahí, en ese bar bohemio con esas luces tenues y románticas, en medio de tantos licores vencidos y de ese café fenecido, sumergido en su soledad meditativa, hallaba esa mezcla de dolor y placer que siempre trae consigo la nostalgia, por llevarle a la memoria sus recuerdos, sus deseos, meras fantasmagorías de aquello que tanto se ansía, consciente de que nunca podrá cumplir sus más fervientes anhelos, que no podrá asir esos espectros, huellas de un pasado muerto.

Autor: Javier García, Sánchez,
desde las tinieblas de mi soledad.

laspalabrashomericas.blogspot. com

Comentarios

  1. guardiña

    2 octubre, 2015

    ¡ Emotivo!! Con tus toques inconfundibles de poesía, nostalgia y la dureza que la vida conlleva y sus retos, Tu ADN, es puro sentimiento y pasión. Un abrazo.

    • escritorfrustrado

      3 octubre, 2015

      Muchas gracias, guardiña, corazón! me alegran mucho tus palabras! Te envío un gran abrazo!

  2. B€RTA

    2 octubre, 2015

    Reflexivo relato, descripciones con mucha fuerza, se puede sentir la melancolía, es tu sello inconfundible.
    Felicidades, me ha gustado muchísimo, te dejo mi voto irremediablemente!

    • escritorfrustrado

      3 octubre, 2015

      Muchas gracias, Mari, querida amiga, por tu comentario! Espero que pronto escribamos algo más juntos! Te envío un gran abrazo!

  3. VIMON

    3 octubre, 2015

    Muy buen relato. Saludos con mi voto.

  4. Mabel

    3 octubre, 2015

    ¡Me encanta! Un abrazo Javier y mi voto desde Andalucía

  5. Emafis

    4 octubre, 2015

    Me encanta como describes cada sensación, como cada párrafo es una reflexión en sí.Ya sabes que me encantas como escribes, pero te lo repito jeje, me alegro haberte ayudado con lo de la foto, quedó muy bien.Un abrazo cariñoso 🙂

    • escritorfrustrado

      10 octubre, 2015

      Muchísimas gracias, Emafis, querida amiga! Eres muy amable! La foto que escogiste es francamente buena! Un abrazo muy fuerte!

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