Atrapado

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Atrapado

Por Gabriel Ramos

Noviembre 2015

      Corrió. Era lo único que podía hacer en aquel momento. Por más que había intentado evitarlos, parecía que ellos encontraban la forma de asustarle y cercarlo. Ni siquiera la oscuridad de la noche había servido para poder escabullirse y perderse. Se había dado cuenta que no había sido buena idea mezclarse entre la gente en las calles, porque frenaban su marcha, mientras ellos, los vándalos, riendo obscenamente, avanzaban y no les importaba repartir golpes y empujones a los demás.

Hacía varios minutos que había comenzado a jadear con rapidez y las fuerzas se le acababan conforme pasaba el tiempo. Si bien había sido perseguido en otras ocasiones, ahora era diferente porque no se trataba simplemente de espantarlo para alejarlo de un lugar o de lanzarle piedras, sino que querían algo más. ¡Esta vez lo querían a él!

Decidió entonces alejarse más y salir del caos humano y entrar por las calles laterales que daban hacia el campo de aquel pequeño pueblo. Por un momento el ruido y la algarabía se fueron perdiendo y pudo dejar de correr, mientras se refugiaba bajo uno de los autos abandonados en aquel lugar. Pero el descanso duró poco tiempo al escuchar los gritos salvajes que se refería a él, seguido de los pasos que se aproximaban con rapidez.

Esos tres, lograron acorralarlo en la esquina de aquella calle tan angosta. Las risas aumentaron y comenzaron los insultos y las patadas. El miedo lo llevó a la desesperación. Uno de ellos, el del rostro repleto de acné, trató de sujetarlo por el cuello, mientras el del pantalón verde sostenía una cuerda y el tercero, el pelirrojo tenía algo que parecía una navaja. Repentinamente le lanzó al primero una mordida fuerte y desesperada pero sobre todo, muy rápida. El muchacho soltó un grito agudo, entre infantil y animal, mientras que el que sostenía la cuerda retrocedió un poco. Pero el tercero no se acobardó y usó el arma… no con tino mortal, pero sí como para causarle un doloroso corte en una de sus patas traseras. Aulló casi sin darse cuenta, mientras que la adrenalina lo hizo correr de nuevo a gran velocidad.

No le quedó de otra más que dirigirse hacia al túnel. Sabía que era la mejor idea, sobre todo porque otros compañeros también llegaban a usarlo como refugio, pero en ese momento era el único camino disponible. En realidad se trataba de un enorme ducto de cerca de cien metros construido por los humanos en lo que había sido una barranca natural. En temporada de lluvias el ducto se llenaba de agua y era imposible estar ahí, pero en los primeros meses del año permanecía seco.

Descendió hacia la antigua barranca y pese al dolor, cruzó con agilidad los caminos de piedras y basura que llevaban al túnel.

Entró al ducto y corrió lo más que pudo. En ese momento, no podía creer que fuera tan largo, lo había recorrido tantas veces tan fácilmente, pero esta vez le parecía eterno y era imposible vislumbrar la luz de la salida.

Al llegar al final, descubrió a los tres delincuentes y ya no tenía fuerzas para pelear, tampoco para huir. Todo era inútil, el de la cuerda lo lazó por el cuello, mientras que el otro lo sometía contra el suelo y el graniento, se acercaba con la locura de su mirada corriendo a pasos agigantados y soltando algunos insultos obscenos. Miró con una mezcla de desesperación, miedo e inocencia a sus captores y ahora verdugos, cuando su mirada repentinamente se transformó en  asombro, vio como el del acné cayó en una trampa de animales y quedó atrapado mientras sentía cómo su pierna era abrazada con fuerza y a la vez que era retorcida y aullaba de dolor. Solo uno de ellos trató inútilmente de zafarlo, el otro, el pelirrojo corrió asustado, olvidándose por completo de sus compañeros.

Logró soltarse de sus captores, se internó nuevamente en el túnel y busco la salida hasta el amanecer. La mañana era tibia y prometedora. Salió de su interior, rascándose primero una oreja y después, se estiró con cuidado por sus heridas. Se revolcó donde había tierra suelta, se incorporó, dio tres vueltas para asegurarse que no existía ningún peligro y estornudó satisfecho. Se lamió la pata en donde lo habían herido. Avanzó en busca de su día. Se volvió brevemente hacia al túnel en donde alcanzó a ver a lo lejos al pelirrojo solo luchando aún por liberarse, movió la cola y se alejó del lugar.

Comentarios

  1. Zeltia G.

    20 noviembre, 2015

    Una historia muy actual, muy realista de tanto gamberro que anda por el mundo queriendo divertirse a costa de hacer sufrir a un pobre animalito, con un final que demuestra que nos siempre llevan las de ganar y el karma hace el resto. Me gustó el desenlace a modo de justicia poética que nos deja un buen sabor de boca. Un muy buen cuento, estupendamente narrado. Mi voto y enhorabuena! Saludos Gabriel!

    • Monitor

      20 noviembre, 2015

      Gracias Zeltia. Es una tarea de un Taller de Narrativa Breve, el tema era desarrollar un cuento sobre un «Perro Callejero». ¿Que me recomiendas que le modifique para que esté mejor?

      • Zeltia G.

        20 noviembre, 2015

        Hola Gabriel, pues qué decirte, no soy profesional en la materia. El relato me pareció muy bien llevado, cambiarle? No creo, si es un trabajo breve, alterar su estructura podría quitarle sentido. En mi humilde opinión, creo que estuvo muy bien llevado, con momentos de acción, de tensión y el factor sorpresa al final que da la oportunidad de salir por los pelos del mal trance. Si lo hubieran matado… capaz que te tiraba de las orejas! jejejeje Pero bien, alguien tuvo su merecido y al víctima escapó. Habrá quién prefiera los finales tremendos, sanguinarios y demás. A mi gusto: estupendo!

        • Monitor

          20 noviembre, 2015

          Ya lo escribí en primera persona, como que el perro hablara y me gustó más.

          • Zeltia G.

            20 noviembre, 2015

            Pues mira qué bien! Ahí está, el cambio de voz narrativa no se me había ocurrido! Pensaba en otras alternativas dentro del desarrollo del encuentro del can con los humanos. Pero contarlo desde el punto de vista del perro es una estupenda idea. Enhorabuena!

          • Monitor

            20 noviembre, 2015

            Gracias por tus palabras y tiempo

  2. jon

    20 noviembre, 2015

    Buenos días, Monitor.
    Buen trabajo. Radiografía escrita, locuaz y bien construída sobre la patética conducta de un animal a un perro.
    Un saludo.

  3. VIMON

    20 noviembre, 2015

    Muy buen relato, Gabriel. Va mi voto con un saludo.

  4. Mabel

    20 noviembre, 2015

    ¡Excelente! Un abrazo Gabriel y mi voto desde Andalucía

  5. Fisquero

    13 enero, 2017

    Amigo! En mi opinión ya te pueden dar la licenciatura en ese taller de escritura.

    Monitor, disculpa mi espontaneidad y confianza. ¡ pero hombre! Sí has escrito un relato estupendo, en el que con fluidez haces que quedemos enganhados desde el primer instante, y casi consigues que creamos que se trata de una cacería humana hasta la primera mitad.

    Saludos maestro, y mi voto

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