Son las seis de la tarde de víspera de difuntos,
Una luna creciente se refleja en el escaparate de la oficina de empleo,
Una luna a la que ni los chubascos ni el frío intimidan,
Luna sangrienta recortada tras el reflejo de mi figura.
Mi figura envidiable, alta y esbelta,
Pienso mientras la luna se refleja en mi pelo de cuervo,
Mientras su tenue brillo resalta las aristas de mi rostro,
Que se vuelve atractivo bajo la luz mortecina.
Un funcionario pretende trabajar a la sombra del diario deportivo,
Mamarrachos con la mirada perdida en sus cafés de máquina,
Perdedores aguantando colas de una hora en busca de limosna,
Sus esperanzas tan negras como los posos de sus cafés de mierda.
Odio compartir el mismo espacio que ellos,
Odio respirar el mismo aire que ellos,
Odio su indolencia y su desgana,
Ni siquiera me parecen humanos,
No los distingo, no veo sus caras,
Son un conglomerado sin identidad.
Su inmundicia cubre mi piel como una costra,
Saturando mis fosas nasales, privándome del oxígeno.
El sudor riega mi frente y me siento desvanecer.
Tengo que agarrar la escopeta debajo de mi abrigo,
Busco en ella un asidero, una tabla de salvación,
Su metal frío se antoja puro y limpio,
Un ancla frente al terror sin forma que me rodea.
La náusea me invade y el vómito asoma en mi garganta.
No puedo aguantarlo más, mis manos tiemblan con anticipación.
“No se me puede culpar de nada ya que no tengo libre voluntad,
La ley moral que habita en mi interior la escribió Dios en las estrellas”.
No me doy cuenta pero estoy gritando, incapaz de distinguir silueta alguna,
Tan sólo una masa salpicada de ojos que se abalanza sobre mí,
Ojos que escudriñan mi alma, que me acusan,
Que me obligan a recordar los pecados de mi infancia,
Los pecados de mis padres que yo tuve que pagar.
Tengo que defenderme, debo conservar mi pureza,
Sé quién soy, recuerdo mi nombre, conozco mi destino.
La escopeta es una extensión de mi persona,
El pincel con el que voy a desarrollar mi obra.
Fuegos de artificio y constelaciones de sangre y esquirlas,
El espacio muerto se empieza a llenar de color y belleza.
“Soy el heraldo de Shiva, el artista de Dios,
Mi destino precede al bautismo del tiempo,
Y de nada se me puede acusar ya que carezco de libertad”.
Imagen de Archivo: Ted Bundy, un tipo encantador.





Manger
Muy bueno, con ese estilo crudo que sueles utilizar, amigo Aker. Encantado de verte de nuevo por aquí. Un abrazo.
Akerbeltz
Gracias por el comentario Manger!! Efectivamente, he vuelto de las catacumbas del día a día, un placer volver a verte por aquí
Mabel
¡Excelente poema! Un abrazo Aker y mi voto desde Andalucía
Akerbeltz
Gracias Mabel, eres un sol!
VIMON
Parece escrito por el mismo Ted…Muy realista.
Akerbeltz
Un honor leer tu comentario Vimon, un gran saludo y un gustazo volver a verte por aquí.