Raquel es una protagonista necesaria o común en muchos de mis cortos. Sin embargo hoy día quiero dejar de lado la literatura perfumada con idealismos, metáforas e ilusiones de palabra para dedicarle una anécdota muy curiosa. Un día, caminando de la mano a una cuadra del famoso parque Kennedy de Miraflores, ella empezó a caminar en puntas y a ver a músicos callejeros preparando cada uno una canción tarareándola en voz baja. Sus labios tenían poca amplitud pero se movían rápidamente. Ella entonces se detiene y al presionarme la mano me pregunta: ¿si yo fuera una canción cuál sería? Sin dudas una pregunta así me dejó en jaque y para darme tiempo seguimos caminando y le dije: ¿por qué quieres que te encasille en una canción? – Pues las canciones son algo importantes para nosotros, y quería saber qué música reverbera en tu cabezota cuando me ves o recibes un mensaje mío. – Debe de ser alguna de una banda que me has mostrado. En este momento no te podría decir cual. Sus ojos se llenaron de tristeza y empezó a caminar firme y a verme de reojo con mucha dulzura. – ¿Tú con qué canción me identificas? – Es fácil, Canción para mi muerte de Sui Generis.
Me detuve cuanto antes y le pregunté: a ver, señorita. ¿En qué universo me identificas con esa canción? – Pues digamos que no te conocí en tu consciencia plena y olías a estupefacientes por todos lados. Sin olvidar el hecho que esa canción tiene una letra genial y escribes igual. – Oh bueno. Luego de ello hubo un silencio tan gélido que fracturaba toda unión entre nuestros cuerpos, salvo nuestras manos que no se despegaban por nada. El trafico limeño poco a poco se iba poblando de buses, de gritos, de aburridos, de ilusionadas, de exhaustos y de vida urbana. Raquel se comenzó a acercar a mis oídos y a notar lo que escuchaba, hizo un gemido de conocimiento y luego se quedó recostada en mis costillas derechas sin dejar de caminar. Su casa estaba a un par de calles y de la nada, luego de pasar su mano con uñas pintadas de rojo vino por sus cabellos castaños y ondulados me dijo: ¡anda, dime! Yo sé que me identificas por una canción, cada vez que me ves luego de horas o días o meses tu mente está fuera de si por unos minutos, los de una canción. Dime ¿cuál es? – Te lo diré hoy, pero las cosas tienen que pasar para que la canción salga. – Hoy no tendremos relaciones, jovencito. – Calma, que no tiene por qué suceder. Ella saltó y justo volteó a la derecha de la vereda pues ahí estaba la entrada de su casa.
Entramos sin notar mucho la amplitud de esa sala con piso de madera fina, sofás clásicos y una mesita de caoba al medio. Bajamos las escaleras y nos dirigimos a la sala de música que su padre conservaba. En realidad era el sótano pero como su madre nunca lo bautizó de depósito, Raquel y su padre lo usaron para seguir un sueño musical. El lugar tenía un piso alfombrado de color verde oscuro, con paredes revestidas de maderas con intersecciones profundas, como huecos verticales. Habían pósters y vinilos distribuidos por todo el lugar, amplificadores viejos, algunos enchufados. En la esquina más lejana de la puerta estaban las guitarras en la primera fila, el bajo y otros instrumentos de cuerda en la segunda fila, instrumentos de viento en la tercera fila y una batería en la otra esquina. Justamente pegada al centro de una de las paredes adyacentes a la puerta había un sofá marrón bastante amplio. Más allá que hubieran algunas colillas de cigarrillos y discos tirados, el lugar se prestaba al gusto. Raquel corrió a sacar un charango mientras yo me recostaba en el sofá, tiraba la cabeza para atrás y comenzaba a respirar profundo, para inundarme de ese polvo jubilado. Al terminar mi segundo respiro siento a Raquel acomodándose en mi pecho y a tocar un poco para calentar. Me dejaba encantar por su aroma y por la música que salía volando libre de sus dedos, dedos que luego sujetaron un cigarrillo que iba desplegando humo por toda la sala.
Yo comencé a suspirar y sentía una vibración en mí pecho, algo raro, como si la canción me estuviera pidiendo ser liberada por mi voz. En cambio la traté de retener con todas mis fuerzas, para finalmente salir victorioso.Segundos después siento que me ve, me da un beso tenuemente prolongado y empieza a tararear la canción. Mira al vacío, me sujeta el mentón y me dice: era Yendo de la cama al living, ¿verdad? – Wow, ¿cómo demonios lo supiste? – Elemental, mi queridísimo, me siento identificada con esa canción, y a decir verdad esto me recuerda mucho a cómo fue filmado, sin olvidar que cuando tocamos nos sentimos abatidos y deseosos como Charly y qu… No quise esperar mas, giré el cuerpo y la besé con la intensidad de nunca y el amor de siempre. El resto fueron papeles que volaron libres y grabaciones que aceptaron nuestro intervalo, para gozar nuestra música, volvernos notas, y dejar que muramos en una ínfima amplitud, marchita en los espectadores que las hacen nacer y reactivan este hermoso ciclo.
Canción: Yendo de la cama al living (Pubis Angelical/Yendo de la Cama al living) – Charly García
Pintura: Jeunes filles au piano (Museé d’Orsay; París, France. 1892) – Pierre-Auguste Renoir





Joaquín.Solari
Que bueno compañero, un placer leer este texto.
Además has citado a un grande de mi país como Charly.
Voto y un gran abrazo
Luis
Hermosísimo trabajo en prosa, Gusadro! Humildemente, intento captar la misma intensidad con mi poesía, para el lector. Muy bella descripción y narración de un episodio cotidiano que destaca por su luminosidad. Saludos y mi voto, sin condición!
Charlotte
Una historia muy hermosa, Gusadro. Me ha gustado mucho. Un abrazo
Juan.Nadie
Bonita historia, aunque leerlo todo en un único párrafo se hace incómodo.
Un saludo,
Mabel
¡Qué belleza! Un abrazo Gusadro y mi voto desde Andalucía
VIMON
Muy buen micro, Gusadro. Mi voto y un abrazo.
guardiña
¡ Muy buen texto. Al leerlo todo es poesía intensa y apetecible. Un abrazo.
Hades
un micro muy interesante, te dejo el voto número 10 y merecido
Julia.Ojidos
Excelente prosa querido Gusadro, un verdadero deleite para la lectura. Un fuerte abrazo y mi voto.
gonzalez
Excelente! Es un placer leerte! Mi voto y saludos!
Zeltia G.
Un relato muy visual, con un toque retro, con sones de las viejas glorias del rock argentino. Magnífico! Un saludo!
NsanchezAl
Quiero más… Saludos¡
Iván.Aquino L.
Muy bueno, me ha gustado la forma en que escribes. Un saludo con mi voto.