De Jaime
Aún recuerdo las noches así. La lluvia sacudiendo el huerto y el incontenible aullido de los perros que sabían de tu ausencia. Con la lámpara Coleman sobre la mesa. Con un ojo puesto en el casillero de armas y el otro en la puerta por el constante apagón. La llamada inquietante del teléfono. Otra vez tú diciendo que no llegarías a dormir, otra vez yo, soltando lágrimas. Esperando la mañana y reconciliar el sentimiento que agobiaba.
De ese recuerdo, muy pasado, solo queda un día de lluvia, desolado y sin llamada ardiente y la justa presencia de Jaime, nuestro vecino, que con sus botas enlodadas y linterna en mano, siempre asistía a la oscura media noche a consolar mi llanto, y que ahora, como siempre ocurrió, acomodo su impermeable en el perchero, antes de acostarnos a dormir.




Luis
Buen texto, amigo Edgardo, un placer visionar la imagen junto a tus letras tan sugestivas, un saludo y mi voto!
Edgardo
Gracias, Luis. Bienvenido.
gonzalez
Me gustó mucho! Me encantó la imagen que subiste! Mi voto y saludos!
Edgardo
Gracias, Gonzalez. Abrazo