Voluntad

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¿Habré tenido una pesadilla? O no la recuerdo, o en lo profundo, prefiero no recordarla. Lo que fuera, ya ha pasado. Ahora estoy viviendo un fugaz instante, y lo siento como una pizca de eternidad. Es un instante feliz. La mujer que amo viste la misma sonrisa con la que me enamoró desde el primer momento. Solo eso. Acabamos de abrazarnos y besarnos parcialmente cubiertos por las sábanas. Ahora la miro como si fuera el centro de mi universo, y esta vez sin tocarla, como si temiera que al hacerlo se rompiera como una burbuja de jabón. Es tan importante para mí que daría mi vida por ella, y no es una exageración ni una metáfora. No sé si está bien o mal, si es sano o elogiable, pero así son mis sentimientos. Ha enriquecido mi vida una maravillosa mujer que no escribe, como yo, ni suele practicar el hábito de la lectura. Tal vez sea verdad que los opuestos se atraen. De eso hablamos cordialmente entre momentos de cariño.

-…pero si leyeras, ¿a ti qué clase de historia te gustaría leer?

-Me gustaría una historia donde todos fueran felices y vivieran en paz.

Sonrío, no a modo de burla sino con ternura. La beso de nuevo a modo de respuesta.

Lo que ella no sabía es que ese podía ser el final de una historia, o el principio, pero no la historia en sí misma, pues donde no hay conflicto, cambios, riesgos, no hay historia. A ella le gusta la vida simple. Tal vez no haya hecho algo más audaz que teñirse el cabello como pelirroja, como lo lleva ahora. La admiro y la respeto, pero en mi propia mente no dejan de ocurrir cosas. He sido siempre muy observador y poco conformista, imaginativo, creativo.   A veces pienso que mi querida Lucía, con su polo opuesto, aporta equilibrio a mi vida.

La lluvia comienza otra vez. Ha caído a intervalos regulares. Me levanto para verla. Solo noto el impacto de unas cuantas gotas contra la ventana. Fuera no se ve ni a un metro por delante. No hay estrellas. No se escucha gente ni vehículos. Me sorprende un trueno tan fuerte que la casa entera parece temblar, los cristales de las ventanas, las puertas. Incluso dentro de mí algo se estremece. No ha sido por el susto, pero no me siento bien, ese mareo, esas imágenes de pesadilla, ese dolor en el abdomen….otra vez….me obliga a apoyarme por unos momentos en la pared. Ya ha pasado, tal vez Lucía ni lo haya notado.

-¿Qué haces? Vuelve a la cama. –me llama ella en tono sensual.

No tardo nada en regresar y abrazarla, verme reflejado en sus ojos brillantes de deseo, cubrirla de besos, acariciar sin prisa cada rincón de su cuerpo, anticipando donde sé que le gustará y cómo tocarla. Le susurro al oído: “yo no cojo, yo hago el amor, y con ternura”. Sonríe por la ocurrencia. Nos dejamos llevar por la pasión. Es otro maravilloso fragmento de eternidad en que hacemos el amor.

 

Al despertar estoy solo. No sé qué hora es, solo que aún es de noche, o al menos la tormenta ha cubierto el cielo. Salgo al pasillo, la llamo. El suave eco de mi voz se pierde en la penumbra. Escucho la música que proviene de la cocina. Los temas de salsa nos animan. Muchas veces hemos compartido las tareas de la casa con una sonrisa, siguiendo el ritmo y hasta bailando un poco. Apenas entro, el agradable aroma del café me envuelve y entra en mi cuerpo. La taza está sobre la mesa, con un corazón dibujado con espuma en la superficie. Es un detalle que siempre me ha gustado. Me siento y aspiro profundamente con los ojos cerrados. Al abrirlos, ella está sentada frente a mí. Luce un vestido corto, floreado, ligero, cómodo para los dias de calor. La cocina es grande y está bien equipada, pero la mesa es pequeña, redonda, de madera, nos gusta la naturaleza y la intimidad.

-Una vez me contaste un secreto.-me recuerda ella-Los aromas, los sabores, la música, permiten viajar en el tiempo.

– Es verdad, pueden evocar en un instante un recuerdo, junto con las emociones vinculadas al mismo. Por eso “el principito” decía que recordar era volver a pasar por el corazón. Pueden regresarnos la tristeza o la alegría de aquellos momentos pasados, o incluso… incluso podrían…

Un nuevo trueno estremece la casa. Por un instante temo que pueda derrumbarse ante tal fuerza. El mareo y el dolor son aún más intensos que antes. Procuro sujetarme de la mesa, pero igual siento que caigo.

 

Despierto en la cama. Mi mujer me mira con una mezcla de tristeza y resignación. No tanto por ella, sino por mí.

-Ya lo has comprendido, ¿verdad?

-Eso me temo-admito-Te había dicho hace tiempo, en ese mismo sitio, que la música y los aromas actúan sobre ciertas áreas del cerebro. Reviven recuerdos y emociones, incluso… podrían ayudar a reanimar a un paciente en coma.

-Exacto, tal vez le recordarían los motivos por los cuales vivir.

Toco el mismo sitio en mi abdomen donde me dolía. Esta vez hay sangre entre mis dedos. Recuerdo algunos instantes del accidente. Todo pasó muy rápido, pero en mi mente el tiempo se dilata, haciendo cada segundo interminable. El sonido de frenos, la cercanía del otro vehículo. La sensación de lo inminente, lo inevitable. Mi mirada encontrándose con la de Lucía, conscientes de que podemos perdernos para siempre. Los fragmentos de eternidad pasan ante mis ojos. “¿Cómo te llamas?”, “¿Qué tal si salimos?”, “¿Te casarías conmigo?”, “Hasta que la muerte los separe”.

Suenan nuevos truenos, no tan fuertes, pero también siento mi corazón agitado, y la desesperación.

-¿No eres real?

-Soy una representación de tu subconciente de la Lucía que conoces, la que vive en tu mente y en tu corazón.

-¿Qué le pasó a Lucía? ¿La he perdido?

-Me temo que eso parece. Escuchaste hablar a los médicos en el sitio del accidente. Lo siento.-agrega tomándome una mano.

-Era feliz aquí, pero nada de esto es real.

-Es un refugio creado por tu mente, una evasión. Pero el peligro es real. El dolor, los daños. Si despertaras y lucharas conscientemente, podrías superarlos.

-¿Y después qué? Eras mi mayor motivación para vivir y trabajar, para superarme. Mi alegría, mi apoyo, mi confidente.

– No dirás eso de que no puedes vivir sin mí. Porque es cursi, y porque ya vivías antes de conocerme.

-Podría, pero no sé cuál sería el nuevo sentido, si lo hubiera. ¿Qué me queda?

-Has leído muchas cosas, incluyendo la tragedia griega. ¿Qué es lo que hubiera dicho Medea? ¿Qué te queda?

-Quedo yo.

-Correcto. Ahora despierta, antes que sea tarde. Concéntrate en los detalles del accidente y en tus heridas, eso te alejará de esta ilusión y te ayudará a despertar. Sigue también la música, es real. La han puesto para ti.

– ¿Va a doler?

-Mucho, pero sé que eso no te detendría. No a ti.

-Te voy a extrañar. Me vas a hacer mucha falta.

-Un dia nos vamos a volver a encontrar, y seré real. Mientras tanto, más te vale que seas feliz en la medida de lo posible.

Su sonrisa primero, luego su cuerpo entero, fueron desvaneciéndose poco a poco como si de un fantasma se tratara. El lugar fue invadido progresivamente por luces, sonidos, murmullos, olores. Me sentí extraño, entre máquinas y tubos, con una pequeña luz dirigida hacia mis ojos. La imagen estaba aún fuera de foco, peor no era Lucía, era otra mujer, una doctora. Me preguntaba algo que no alcanzaba a entender.

-Quedo yo.-dije.

Creo que ella tampoco lo entendió. No importa. Más tarde tendría una historia que contarle, a ella o a quien quisiera escucharla.

Comentarios

  1. VIMON

    27 diciembre, 2015

    Excelente relato, Jorge. Te felicito y te dejo mi voto.

  2. Mabel

    27 diciembre, 2015

    Muy buen relato. Un abrazo Jorge y mi voto desde Andalucía

  3. Zeltia G.

    3 enero, 2016

    Tremendo relato, Jorge! La narrativa es impecable y logras entrar en el lector de manera que lo vive. Me ha conmovido y desde ya, me encantó! Te felicito! Mi voto y un abrazo.

  4. Jorge.Fénix

    3 enero, 2016

    Gracias Zeltia, cada nuevo comentario o critica constructiva siempre viene bien. Un abrazo desde Argentina.

  5. Labrida

    20 febrero, 2016

    Atrapador relato y de gran calidad. Felicidades Jorge.Fénix, un saludo.

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