Corona de sables
I
Volví a ver la novela que escribí hace tanto en un mostrador de Sanborns por primera vez en 4 años, me detuve por un momento para revisar el precio, cincuenta pinches pesos.
Leí al reverso, “-La cruzada olvidada de la perdida Aztlán- La ópera prima del escritor mexicano Alejandro Giovanetti. En esta primera obra de Alejandro Giovanetti nominada al premio Hugo 2008 y aclamada por la crítica internacional, el autor relata una historia cautivadora de misterio y fantasía, ambientada en el submundo mágico de la ciudad de México en donde se libra la guerra entre los viejos dioses prehispánicos y los nuevos dioses llegados de Europa. Ricardo Maldonado, periodista español descubre junto a su equipo este mundo de misterio y brutalidad, acompañado de la escritora mexicana Lorena Mejía y su equipo periodístico, quedarán atrapados en una guerra santa, que se libra por dioses y se sufre por sufre la raza humana”.
Se equivocaron, mi apellido se escribe con doble n, Giovannetti.
En España me dijeron que mi obra estaba muy por encima de las grandes sagas anglosajonas del siglo XXI.
Fue la primera obra que publiqué, la escribí a paso de tortuga, empezó cuando tenía dieciocho años, describiendo la decadencia social del pueblo mexicano, a la cual ya me había acostumbrado, el odio y la rabia se había convertido en pasiva inconformidad, el final de mi angustia adolecente. La continué pocos años después, a los veintitrés años, descubrí un mundo fantástico de independencia y pobreza, de supervivencia, de amor y desamor sin barreras ni supervisión, un México hermoso, de fiestas y luces, de desapego y espontaneas aventuras, todo mientras sobrevivía mis años de estudiante. Terminé el libro a los 26 años, poco después de recibirme como licenciado en letras modernas, las aventuras se estaban terminando, dejé de sentirme iluminado por los estrobos en las fiestas, el amor y el desamor se volvieron largos periodos de éxtasis y aún más largas temporadas de soledad y resentimiento.
Cuando se publicó, creo que fueron esos los matices que hicieron resaltar al mundo creado por mí, el México de magia y misticismo, con sus explanadas de grandes luces y la jovial y abierta búsqueda del amor, los callejones oscuros, de violencia, sangre y sexo, donde todo se vende y todo se compra. Creí que este mundo nunca sería tomado enserio por el mundo literario, de alguna forma tenía razón.
Durante el primer año después de la publicación pocas noticias recibí de las ventas de mi libro, cada tres meses me llegaban unos cuantos pesos pero jamás esperé que se volviera algo espectacular. Me entrevistaron cuatro revistas literarias en México, recibí buenas críticas y de hecho una que otra alabanza de algunos críticos literarios. Yo siempre supe que escribir fantasía y ser hispanohablante no es el más seguro de los caminos. Las reseñas y alabanzas me hicieron feliz, me hacían soñar de noche y me hacían trabajar de día.
En el 2007 las ventas y las reseñas positives incrementaron muchísimo, pero no en México. En España el libro se vendió durante todo el verano como pan caliente. Una editorial española a mediados de Noviembre le pagó diez mil dólares a la editorial que me publicó en México por los derechos de publicación.
En Enero del 2008 viajé a España, me recibió en el aeropuerto de Madrid un hombre de traje, como de película de espías que me llevó en un mercedes reluciente al edificio en donde firmé el contrato final con la editorial.
Los primeros 6 meses del año tuve una o dos entrevistas a la semana, no solo con revistas literarias, en televisión, en la radio incluso pagamos por publicidad en internet a través de un ad de YouTube en la que se me describía como el escritor que traería un nuevo boom latinoamericano.
Me nominaron al premio Hugo a mediados de ese mismo año, no gané, pero conocí a grandes escritores de fantasía de nuestro tiempo. Neil Gaiman se acercó a mi después de los premios antes de subirse a la limo, a pesar de que mi inglés es bueno, me dio pena hablar mucho pues tengo marcado el acento latino, Neil Gaiman me dio la mano guardando distancia y me dijo de manera sobria y sincera – I Loved your book-. Para ese momento yo ni siquiera sabía que mi libro había sido traducido al Inglés, al francés, al portugués y al alemán.
Después de eso empezó la locura. Viajé por Europa, tuve entrevistas y firmas de libros relativamente grandes en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá, Ciudad de México, Los Ángeles, El Paso, Phoenix, Londres y Lisboa.
Incluso entonces jamás dejé de escribir, viví ese año de hotel en hotel, viajaba con mi editor y mi publicista, estaba soñando despierto, hubo mujeres, hubo lujo, pero entre todo el caos siempre seguí escribiendo, ciertamente no recuerdo como escribía antes de eso.
Salí de México como un escritor latinoamericano de fantasía con sólo un libro publicado, un año después en España fui coronado, brevemente sí, pero coronado como el príncipe del género fantástico de las letras ibéricas.
Pero mi novela de éxito fue más bien micro-relato.
Antes de terminar el año 2009, las ventas comenzaron a caer, nuevas y grandes sagas de fantasía seguían emergiendo de las letras inglesas, pero mi novela del México místico empezaba a ser olvidada. Los editores y ejecutivos me dijeron que era normal, entré más grande es la capacidad del mundo digital de retener, reproducir y distribuir información, más pequeña es la memoria del ciudadano común y eso incluye a los lectores.
Las regalías de mi primer libro dejaron de llegar cada mes y pasaron a llegar cada tres meses, con cantidades de dinero tan insignificantes que me hicieron recordar el primer año después de la publicación en México, cuando a mí5 y al mundo nos era irrelevante la cruzada olvidada del perdido Aztlán.
Mis editores de preocuparon muy poco al igual que yo, decidimos que si queríamos mantenernos relevantes sería necesario escribir mi segunda obra.
El nombre de mi segunda novela fue menos rebuscado “Corona de Sables”. Más de la mitad del libro ya lo había escrito en cuartos de hotel, no estaba recibiendo dinero de mi primera novela, pero había ahorrado lo suficiente para tomarme seis meses recluido en Barcelona para terminar el libro.
La historia fue una épica trágica, me basé mucho en la vida y cruzadas de Ricardo corazón de león para darle vida Guillermo Freud el príncipe guerrero de Soma, protagonista de la historia. En cuatro meses había terminado el libro así que tuvimos dos meses para promocionarlo en España y México antes de que éste saliera a la venta en el verano. Recuerdo con tristeza la primera reseña del libro que leí en internet.
“-Corona de Sables es sin duda, la trágica historia de cómo un escritor que creó en su primera obra un mundo de fantasía único y misterioso, tira por la ventana la autenticidad y astucia de su primer libro y adopta el tono comercial ya gastado de los libros de fantasía de la escuela de Tolkien, poco mordaz y no tan bien logrado como otras obras de la auténtica escuela del escritor inglés.”
En un intento de mi editor de quitar el ojo público de las malas críticas programamos una serie de entrevistas en España en las que traté de decir que mi obra no era más que un intento de mi parte de escribir un tipo de fantasía que yo admiraba y que no había escrito antes. En cada entrevista las preguntas estuvieron siempre orientadas hacia el hecho de que abandoné el mundo fantástico de México para tratar de imitar las grandes épicas procedentes de Europa.
La verdad es que yo no quería escribir para nadie más. Corona de Sables fue tan autentico para mí como lo había sido mi primer libro. No lo escribí para mantenerme relevante ni para hacer felices a las personas que compraron mi primer obra, lo escribí porque yo lo quería escribir, porque la historia estaba en mi cabeza y quería moverse a las letras. Como sea, el libro no vendió, mi contrato con la editorial había concluido, había gastado mucho dinero escribiendo Corona de Sables, mis hábitos de escritura se habían vuelto muy costosos y estaba endeudado hasta los ojos. Tenía deudas que pagar, así que no tuve tiempo de escribir una tercera obra.
Regresé a México poco después y conseguí un trabajo como guionista para televisión, poco realmente me afectó el fracaso, pues el éxito que tuve era completamente inesperado, por siempre me quedó el buen sabor de los vinos y las bellas mujeres de Europa, me quedé con los modales extravagantes de la figura pública que fui tan brevemente, pero a fin de cuentas fui un mexicano pobre toda mi vida y a la vida de escritor mal pagado yo me acostumbre mucho antes de tocar suelo en España. Y así tan rápido como me acostumbré a tomar vino francés, me volví a acostumbrar a los microbuses y a las horas pico de insurgentes, tan rápido como tomé el gusto por las mujeres tan bellas de Europa, me acostumbré a recibir pargos pequeños cada quince días y a llegar a fin de mes con el estómago lleno y la cartera vacía. Tan feliz como me sentía viajando por el mundo y firmando libros, me llegué a sentir cuando aceptaron mi primer guion. Te acostumbras rápido al dinero y la fama, pero una vez que te acostumbras a ser un mexicano en eterna lucha por subsistir, nunca se te olvida.





Mabel
Muy buena historia. Un abrazo Sergio y mi voto desde Andalucía