De lobo a cordero

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Súbitamente desperté embargado de un inenarrable pavor, como si un ser maligno hubiese materializado mis más profundas pesadillas, aún mis ojos se encontraban privados de visión; pero a medida que las pupilas se iban dilatando, comprendí que mi supuesta ceguera era propia de la inminente oscuridad que embargaba el espacio donde me encontraba. Decidí levantarme en busca del interruptor que aclararía el recinto, pasmado quedé, al no poder ponerme de pie por verme aprisionado en una caja diseñada acorde a mi cuerpo,- me han enterrado vivo- pensé. El terror empezó a acelerar mi corazón llevándolo al borde de la taquicardia, desesperado, vomité alaridos escalofriantes de auxilio y mis puños terminaron sangrantes después de golpear incesantemente el féretro. Pasado unos 10 minutos de extenuante intento de atención improductivo, suspiré aceptando mi escabrosa realidad y opté por resignarme.

A medida que aguardaba mi trágico final, empecé a pensar con mayor claridad. Debía ver la forma de comunicar mi situación sin que mis gritos consigan alejar por horror al velador del cementerio… Me dediqué a meditar en busca de la respuesta liberadora, hasta que una súbita baja de temperatura cautivó mi atención, comencé a abrazarme en busca de abrigo y mi asombro se manifestó al reconocerme desnudo, estos sucesos me desconcertaron un tanto al principio, pero luego comprendía mi suerte. No me encontraba en ningún nicho ni camposanto, más bien, el frío y mi desnudez son propios de la morgue… El pánico nuevamente se encargó de alterar mi resignado ser, sólo la palabra morgue era lo bastante espantosa, mi mente, empezó a divagar imágenes de horripilantes cuerpos sin vida, personajes desmembrados, destripados, calcinados y esos ahogados de tez amoratada; eran unos de tantos ejemplos de cadáveres que se podrían haber hospedado en este mismo espacio.

Repentinamente me abordó un pensamiento que me daba cierto alivio. Asumí que a su tiempo alguien debía venir a identificarme, me harían una autopsia o simplemente me llevarían a mi entierro. Sea cual fuese el motivo pronto debía ser liberado…

La noción del tiempo, sólo la veía reconocida a través de la intensificación de mi hambre y sed, los cuales, lentamente conseguían fatigarme; llegando a tal intensidad que únicamente podían indicar un destino… Mi muerte, por haber sido abandonado.

Me aguardaba un lento final, peor aún, por alguna rara razón, el aire no se extinguía, quedando como mi verdugo la tortuosa inanición. Rendido, mi mente empezó a reflexionar sobre mi vida y se encargó de bombardearme con retratos de sufridos rostros familiares, que adquirieron ese semblante gracias a mi malévolo actuar. Sin remordimiento alguno, comprendí que en mi vida sólo había cultivado maldad; en ese instante se escucha el chillido de bisagras oxidadas, que llevó a dibujarme una maliciosa sonrisa y dije:

– Ja, la suerte es para los lobos, que como yo, le chupan la sangre a los inocentes corderos.

Mi aspecto risueño se vio desfigurado en pavor al momento en que mis ojos liberados reconocieron un espeluznante ser de penetrante mirada satánica y oí una voz propia de las entrañas infernales que vociferó:

-¡Condenada ánima, ahora me perteneces!

¡POC! Retumbaron mis oídos después del violento azote de la puerta en mi cripta, quedando aprisionado eternamente.

“Había muerto y mi alma perpetuamente aprehendida comprobaba la certeza del frio infernal, que había descrito la imaginación dantesca”.

Comentarios

  1. Mabel

    29 enero, 2016

    ¡Excelente! Un abrazo Elfico y mi voto desde Andalucía

  2. EmmanuelPeret

    30 enero, 2016

    Muy buenas imágenes, mientras recorría las palabras, llegaban recuerdos de Allan Poe y de entierros inoportunos, escenas Tarantinescas de Kill Bill, la falta de aire que deja la espesa oscuridad y los pequeños lugares. Gracias.

    • Elfico

      2 febrero, 2016

      Gracias a ti Emmanuel, que bueno que lo hayas disfrutado y gracias por el elogio de comparar mi relato con los escritos del Maestro Allan Poe

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